Me
faltan horas para jugar, para subirme a los árboles, hacer castillos de arena,
meter las manos en agua, apilar ramas y piedras, hacer rodar coches y volar
aviones, leer cuentos, inventar canciones, sumergirme en el universo de mi
bullicioso hijo.
Me
faltan horas para arrebujarme junto a mi compañero, para hacernos carantoñas,
susurrarnos tonterías, cenar sin prisas y con música, pasear bajo la luna
naranja de agosto, amarnos despacio y largo, rencontrar el hilo dorado que une
nuestras almas y liar nuevos sueños cómplices.
Me
faltan horas para sentarme a hacer nada, para leer moreneándome en la terraza, para
salir a cenar con las amigas, para volver a pintarme las uñas de los pies, para
darme un masaje (y otro más por puro vicio), para bailar hasta caer rendida, para
pasarme toda la mañana colgada al teléfono hablando con mi gente.
Me
falta tiempo para escribir en mi diario, para pensar, para entrar dentro de mí
y rencontrarme con esa nueva yo que está creciendo, para desenredar las
pasiones nuevas y entretejerlas con las rencontradas, para peinar las alas,
para tejer los sueños y echarlos a volar, para materializar los proyectos que
me hacen vibrar.
Secuelas
de haber encontrado la pasión por la vida. ¡Me falta tiempo para Vivir!
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| artista: Margarita Sikorskaia |
Aunque
no me engaño. No es tan solo cuestión de tiempo.
Sé
que ha llegado el momento de cerrar este espacio, de recogerme, de reposar lo
aprendido, de hablar y mirar para dentro en lugar de hacia fuera, de saborear con calma lo que resta del puerperio, de aclarar
ideas y sentimientos y tomar fuerzas para iniciar nuevos proyectos que vienen
rondándome y reclaman espacio y energía. Es mi momento de cerrar este círculo para poder avanzar en la espiral.
Lo
sé desde hace semanas y aun así me he resistido a despedirme.
Y
ahora que lo escribo soy consciente de las similitudes entre este hecho y la
etapa por la que mi hijo está pasando ahora mismo, alejándose de un espacio de
referencia en el que se siente comprendido, seguro y nutrido para explorar poco
a poco lo desconocido.
Sí,
me resulta curioso comprobar como la empatía va en doble dirección, como 19
meses después seguimos siendo una diada que nos movemos en el mismo sentido
aunque sea en diferentes planos.
¡Ya
me he vuelto a ir por las ramas! ainsss, como me cuesta desapegarme.
Siento
una mezcla de tristeza y alegría. Porque crianza
corporal para mí no es un tan solo un blog, es un espacio simbólico, un nido en el
que me he recostado mientras yo misma me hacía nido y el volar fuera, aun
siendo decisión propia, me ilusiona y apena al mismo tiempo. Cosas del crecer,
imagino.
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| artista: Chelín Sanjuan |
No
es necesario decir mucho más. En realidad con el título hubiera sido
suficiente. Y sin embargo este espacio no existe porque sea necesario, sino por
placer, y deseaba despedir este pedacito de mí con la misma ilusión y mimo con
la que lo abrí.
Incluso
con más mimo, porque llegue hasta aquí desnuda, sin saber muy bien por o para
que, guiada tan solo por la fragancia de la fraternidad y la franqueza que intuía
en la blogsphera maternal, y ahora me
voy envuelta en un capullo de seda de
sentires compartidos, arropada con
vuestras palabras, nutrida con vuestros comentarios, emocionada con vuestras
visitas, acompañada por nuevos vínculos.
Aquí,
en la red virtual, he encontrado durante todo este año una tribu real y junto a
vosotras he descubierto mi genuina manera de maternar. Formáis parte de las raíces
con las que ahora creo mis alas. Sois parte de mi familia ecológica.
Gracias
a todas las que os habéis cruzado en mi camino durante este tiempo. Y a todos. Ha
sido un descubrimiento y un placer conoceros.








