domingo, 31 de julio de 2011

premio a la mamá consciente

Envueltos en nuestro mejor fular
hoy estamos de celebración
nos ha entregado el


¡nuestro primer premio!
¡Gracias mil Ana!
Aunque no soy de premios tengo que reconocer que,
¡me hace muchiiiiisima ilusión!

Y ahora viene la parte de pasar vergüenza y contestar a las preguntillas…
vamos a ver…
¿Te consideras a ti misma una mami consciente?
Me gusta pensar que soy una mujer consciente que se ha convertido en mami.
¿Qué significado tiene para ti esta denominación?
Ser una mami consciente significa dejar a un lado todas las ideas preconcebidas que tenía sobre la maternidad e ir construyendo día a día junto con nené (y su papi, of course) una familia a nuestra medida.
Mamis conscientes somos todas las mamis blogueras, que investigamos, buscamos, compartimos…

Dejo por aquí el premio para otras mamis conscientes:

Todas las madres de http://blogelpartoesnuestro.com/ porque me abrieron el camino a una maternidad consciente.

Ileana de http://www.tenemostetas.com/ porque sus escritos me animaron a salir a la luz.

Violeta de http://criarencontravia.blogspot.com/ porque me esperanza y me conmueve su forma de vivir el mundo.

Carol de http://minervaysumundo.blogspot.com/ porque me encanta su sinceridad y su sencillez.

Lady Vaga de http://lavidadeladyvaga.blogspot.com/ porque me hace reír y llorar en un mismo párrafo.

A todas, abrazos maternantes!

sábado, 30 de julio de 2011

vía láctea

El primer lugar de mi cuerpo en el que sentí el embarazo fue en mis pechos. De la noche a la mañana se pusieron como manzanas tersas y jugosas… ¡y sensibles!
Por eso pensé que quizá no iba a amamantar a nené, ¡no podía ni ponerme el sujetador, mucho menos podría soportar que me chupetearan los pezones!
Bueno, por eso y porque desde los 18 años tengo quistes fibrosos en los dos pechos a los que de vez en cuando les da por doler cosa mala.

Como yo soy de “porsiacasos” y viendo la situación, no quise hacerme ilusiones para no llevarme luego una decepción y decidí dejarlo en suspense.
Eso sí, me leí el estupendo libro de Carlos González “Un regalo para toda la vida” e iba especialmente ilusionada a las clases de lactancia de preparación al parto.
Ahora que lo pienso, inconscientemente si tenía decidido amamantar porque en casa no entró ni un solo biberón y sí sujetadores de lactancia.

A los seis meses de embarazo comencé a tener calostro a tutti plen, ¡había días que tenía incluso que vaciarme los pechos!
Cada gotita me producía una inexplicable alegría, me hacía sentirme fértil, nutritiva.
De alguna manera viví la “revolución calostral” en mis propias carnes, maravillándome de la sabiduría de mi cuerpo y comencé a confiar en mi instinto, en mi naturaleza de mujer, de madre.

Cuando nené nació se enganchó de inmediato a mi pecho. Yo le dejé hacer, confíe en su saber, permití que él me enseñara el camino y lo hizo suave y dulcemente.
No he tenido ni un dolor, ni una grieta, ni una inflamación de esas que muchos consideran normales. Es más, es placentero sentir como sube la leche cuando el succiona.

Siento que su dulzura permitió mi ternura, consiguió que se deshicieran los nódulos de mis pechos, que se desataran los nudos de mi corazón que los habían causado tantos años atrás.

La lactancia es uno de los regalos que me ha hecho nené.
Siempre había tenido presente el fantasma del cáncer de mama y ahora sé que estoy sanada. No tengo base científica, simplemente lo sé.

jueves, 28 de julio de 2011

carga de género

Antes las comadres se reunían en la plaza del pueblo a hablar de sus cosas y como no cosas de madres eran los partos, la lactancia, la crianza de los hijos… ahora que vivimos en ciudades eso se ha perdido para la mayoría de nosotras. Ahora la plaza del pueblo está en internet, en los foros, en estos blogs. Y por aquí me he estado paseando yo estas últimas semanas, con mi maternidad recién estrenada, escuchando historias de otras madres que me ayudan a convertirme en madre.

Muchas de estas historias cuentan con dolor embarazos, partos, lactancias, crianzas… Con vuestras voces me he emocionado y también he llorado mucho de tristeza y de rabia.
Aunque estas historias no son la mía de alguna manera las siento como propias. Puede que la maternidad haya aumentado mi empatía, o puede que como dice mi compañero se trate de un dolor de género.

Sólo sé que me indigno con el maltrato a la que la mayoría de las mujeres nos vemos sometidas cuando se trata de la maternidad.
A no ser que acatemos la “normalidad” vigente, en lugar de poder disfrutar desde el inicio del proceso de una maternidad relajada y fluida, nos vemos sometidas a una violencia silenciosa e implacable que nos amenaza con dolores y enfermedades para nosotras y nuestras crías. Si decidimos desde nuestra corporalidad en lugar de con su razón (la del sistema preestablecido) tenemos que estar en guardia, defendiendo a cada paso del camino las decisiones tomadas, como si fuéramos niñas pequeñas y tontas que no sabemos lo que hacemos, que no tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra alma.

Sí, me revuelvo porque de alguna manera nos han convencido que no sabemos, que no podemos parir, amamantar, criar a nuestros hijos como nos salga de las entrañas, que es mejor que nos sometamos a la ciencia, a la razón, a la convención social. A la mayoría nos han convencido que estar embarazadas es como estar enfermas durante nueve meses, que parir duele, que el postparto es una depresión por la que hay que pasar rapidito y en silencio para que luego todo vuelva a ser como antes, y podamos volver a nuestra cómoda vida normal de perpetuas adolescentes descerebradas y consumistas.
Nos han convencido… a casi todas.
Yo me he librado por los pelos, porque he tenido la enorme suerte de contar con mujeres que me han abierto el camino a una maternidad consciente y plena.

Sí, probablemente me enciendo porque esta carga de género, arrastrada durante años me toca en lo más hondo.
Somos MUJERES, sentimos desde el corazón, sabemos desde el instinto y podemos desde las entrañas.
Somos MUJERES, tenemos el derecho de vivir esta parte tan importante de nuestra sexualidad como nos plazca, desde la información veraz, desde el apoyo social, desde el respeto, sin violencia, sin críticas, sin amenazas, sin burlas.

Y desde mi maternidad novata, con todo lo que he aprendido, y con todo lo que aún me queda por aprender, he decidido salir a la plaza del pueblo con las comadres, y contar a quien la quiera escuchar la historia de un embarazo saludable e informado, de un parto sin dolor y rodeado de amor, de una lactancia placentera, de un postparto intenso y enriquecedor, de una crianza rebelde.

martes, 26 de julio de 2011

7 meses


7 meses desde que nené nació. ¡Parece que fue ayer y al mismo tiempo parece que lleva toda la vida con nosotros! Aún recuerdo su olor cuando nació, sus ruiditos leves, su tacto suave ¡era tan pequeñito que me daba miedo romperle!

7 meses después de ese encuentro mágico, veo todo lo que ha crecido, todo lo que ha aprendido. Ahora se retuerce en mi regazo como una miñoca esforzándose por coger todo lo que quede cerca de sus manos. Ya sonríe y se pega sus buenas charletas. Ya se me tira al cuello a darme abrazos y “besos”. Ya mordisquea los juguetes con sus dos dientecillos…

¡Cómo pasa el tiempo!  Cuantas cosas han cambiado, cuantas cosas han sucedido y cuantas más están por venir.
No pensé que se pudiera amar tanto, no pensé que cada día pudiera amarle aún un poco más. Ahora empiezo a entender el concepto de vínculo del que me hablaban las otras  mamás.

¡Gracias nené por regalarnos 7 meses de VIDA!

jueves, 21 de julio de 2011

crecimiento maternal

Durante los últimos años he participado en terapias y cursos de crecimiento personal de diferente índole.
Al final, se llamaran como se llamasen, todos tenían algo en común: un grupo de adultos heridos de amor, viviendo aún como niños, reclamando a nuestros padres, estancados buscando la presencia que no tuvimos en la infancia. Cada uno con nuestra particular versión de una herida primal, en el fondo todos buscando lo mismo: sanar ese vacío que sentimos dentro.

No puedo dejar de preguntarme ¿dónde estaríamos ahora estos cientos de personas si hubiéramos recibido el amor que necesitábamos?, ¿qué hubiéramos hecho en ese tiempo, con esos recursos?, ¿que hubiéramos conseguido aportar a la humanidad si hubiéramos conseguido desarrollar todas nuestras potencialidades en lugar de ocuparnos en sanar heridas de la infancia?

Ahora entiendo que a mi todas estas terapias me han servido para llegar a donde estoy ahora. Gracias a ellas comencé a entender y aceptar mis carencias, mis miedos, me atreví a asomarme a la parte oscura de mí y a la parte brillante, aprendía a reconocer MIS deseos tanto tiempo negados.
Gracias a ellas he aprendido a ser más consciente y más coherente y por lo tanto más auténtica.

¡Quién me iba a decir a mi que de todos los trabajos de crecimiento personal que he hecho, el más potente, el más intenso, el más sanador, el que más me ha revuelto por dentro y por fuera, el que más me está acercando a mi esencia es tan “simple” como el de ser madre!
Tantos años estudiando la teoría y ahora, al estar con nené, por fin comienzo a vivenciar lo que es estar totalmente presente en el aquí y el ahora.

Si, ser madre como vía de crecimiento personal, porque ser madre realmente me está permitiendo crecer como mujer, como persona.
Ser madre me está facilitando acunar a la niña que fui, abrazar a la madre que interioricé durante mi infancia y desde ahí acompañar conscientemente a mi hijo y conscientemente convertirme en su madre.
Ser madre me está ayudando a juntar mis pedazos, descubrir partes de mí que ya ni recordaba, a conectarme con el fluir de la vida, a rendirme al amor sin condiciones.

domingo, 17 de julio de 2011

aprendiendo a hablar


El otro día me escuché a mi misma diciendo ”no llores hijo, todo está bien” y me quedé pasmada. Lo que yo, con todo mi amor, quería comunicarle era “estoy aquí contigo, yo te contengo” y con mis palabras, en una sola frase, le había prohibido expresarse (no llores) y había desvalorizado su expresión (porque claramente si lloraba para él las cosas muy bien no estaban).

Aunque como se dice “son cosas que se dicen”, es un tema que me ocupa porque si quiero que nené aprenda a “hablar con propiedad” más me vale que aprenda yo primero.
Somos las m(p)adres l@s que nombramos las cosas y es a través de el poder de la palabra, de este nombrar, que nuestros hijos van conociendo el mundo.
Por esto creo que una de mis responsabilidades como madre es ser impecable con mis palabras.

Y sabiendo esto ¿Cómo lo hago?  ¿Cómo respondo a sus preguntas en un lenguaje que el entienda? ¿Cómo le informo del peligro sin dejarle temeroso? ¿Cómo le hago saber que es ese comportamiento (y no él) el que a mí me desagrada? ¿Cómo le expreso que me agrada una característica suya sin que se vea impelido a anular la opuesta para complacerme?

Sé que no deseo para nené un mundo de condicionales, de imperativos, de adjetivos comparativos, de frases hechas, de “peros”, de “noes”…  Me gustaría dejarle de legado un mundo amoroso, amable, pacifico, hablado desde el corazón, en presente primera persona del singular.

La teoría la tengo, la práctica me está resultando más complicada.
En ello estoy y la verdad, es más difícil reaprender a expresarme en castellano que aprender chino.
¿Alguien sabe si hay disponible, aunque sea en versión beta, un corrector “terminográfico”?

jueves, 14 de julio de 2011

la mala leche

Muy señor@s mí@s,

Mala leche es la de los centros de salud que en las clases de preparación al parto regalan canastillas con publicidad y muestras de leches y papillas.
Mala leche es la de la industria farmacéutica que proclama que la ciencia es más sabia que la naturaleza.
Mala leche es la de esas mujeres que mientras estás embarazada te hablan de los suplicios de la lactancia y te auguran un futuro apocalíptico lleno de grietas, mastitis, dolores y un fracaso rotundo antes aún de comenzar.
Mala leche es la de las revistas y foros “para padres” que publicitan leches, biberones y demás pertrechos como imprescindibles para la salud y el crecimiento de los bebes.
Mala leche es la de l@s ginecolog@s y comadronas que no colocan al bebé sobre el vientre de su madre inmediatamente después de nacer para que pueda alcanzar su pecho.
Mala leche es la de los hospitales que por norma separan a la madre y al bebé después de nacer para hacerle pruebas médicas no necesarias o que podrían hacerse sobre el cuerpo de la madre.
Mala leche es la del personal sanitario que aprovechando un momento vulnerable, confuso e inseguro de las mujeres, en lugar de decirles que pueden, que saben, que valen, les tienden un biberón.
Mala leche es la del personal de los nidos que dan biberones a los bebes sin consultar a su madre (o peor aun habiendo esta solicitado expresamente que no se haga)
Mala leche es las de las personas que te dicen que no es normal que tu bebé mame cada dos horas, que tu bebé pasa hambre, que necesita suplemento porque lo importante es el bebé y que tú tienes “mala leche”.
Mala leche es la de los legisladores que “limosnean” bajas maternales de 16 semanas cuando la lactancia materna exclusiva es recomendada por la OMS al menos hasta los 6 meses.
Mala leche es la de las “feministas” que abogan por la “igualdad” y  reniegan de la “esclavitud” de la  lactancia.
Mala leche es la de las personas que expulsan a madres de lugares públicos por alimentar a su bebé (¡¿el pecado está en el ojo del que mira!?).
Mala leche es la de las personas que intentan avergonzarte porque “¡todavía toma el pecho!”
Mala leche es la de las madres que viéndote agotada te dicen “nena, si vas cansada es porque quieres, yo desde que le doy el biberón a mi hijo duermo 8 horas seguidas”
Mala leche es la que se me pone a mí con este tema. Porque en esto de la lactancia hay muuuuucha mala leche y no hablo precisamente del oro blanco que sale de mis pechos.

¿Hay alguna cosa que a ti te ponga de mala leche?

martes, 12 de julio de 2011

amamantando

 Fotografo: Howard Schatz

Me tumbo en la cama. Tu padre te trae hasta mí.
Ves mi pecho descubierto y tu cara se ilumina con una sonrisa.
Extiendes tus bracitos, te recojo y te tiendo a mi lado.
Tu boquita busca delicadamente mi pecho.
Nos recolocamos, nos hacemos una bolita.
El resto del mundo desaparece, nuestro remanso de paz lo abarca todo.
Acaricio tu piel, jugamos con las manos, nos miramos.
Nuestra respiración se va haciendo más profunda, más calmada.
Ahí viene, ese suspiro tuyo que me llega al alma: un ruidito leve, tenue que haces cuando estás saciado.
Tus párpados van cayendo, tus ojos se vuelven hacia atrás, quiero pensar que de puro placer.
Siento como te vas haciendo etéreo, leve.
Tu carita se va relajando hasta que mi pezón queda colgando de tus labios, suavemente sujeto en tu boquita entreabierta.
Me retiro lentamente, por tu mejilla resbala una gotita de leche golosa.
Sonrío plena de paz y ternura antes de viajar al país de los sueños.

domingo, 10 de julio de 2011

algunos de mis motivos para colechar


Independientemente de las opciones de crianza que he elegido, soy ante todo una mujer práctica, por eso el colecho me parece la mejor opción tanto para la mamá como para el bebé.

Aquí te dejo mis motivos, totalmente subjetivos y sin fundamentos científicos a los que hacer referencia:

 - Me ahorré una pasta en cuna y demás pertrechos. Tan solo me hizo falta una bajera impermeable para proteger el colchón de posibles fugas y listo.

 - No me tengo que levantar para alimentar al bebé. Yo lo hice durante una semana hasta que encontramos una postura cómoda para amamantar en la cama, y realmente fue agotador salir cada 2 horas del calorcito y la perecita de la cama para sentarme en una silla.

 - Cuando el nené hace un ruidito o se agita le pongo una manita o le recojo contra mí y vuelve a quedarse dormido inmediatamente (con los días le he pillado tal práctica que ni me entero).

 - Descanso mucho más. Cuando tiene hambre y se remueve le acerco el pecho y mientras él hace barra libre yo sigo durmiendo.

 - De recién nacido, los días que me daba la neura de si respiraba o no, tan solo tenía que girarme para comprobarlo y seguía durmiendo tranquilamente.

 - Es un placer sentir su cuerpecito caliente, ver como se despereza al despertar, ver su carita relajada cuando duerme, oírle reír en sueños (vale, las pataditas en las costillas no molan tanto, pero compensa con las sonrisas).

Y ya que me he puesto aprovecho para comentar las pegas que más he oído:
En mi caso los greatest hit anti-colecho son:

- “Puedes aplastarle mientras duermes” A ver, yo llevo años durmiendo en la cama con mi compañero y todavía no nos hemos hecho ni un rasguño. De todos modos, si te quedas más tranquila puedes ponerle un cojincito tipo churro a cada lado (y así te evitas las pataditas en las costillas) En 6 meses no le hemos espachurrado y al menos mi nené no tiene problemas en quejarse a todo pulmón cuando algo le molesta.

 - “Luego no lo vas a sacar de tu cama” ¿Y para qué quiero sacar yo a mi nené de la cama? Yo no quiero, para mí es un placer dormir con él, a mi me gusta estar con mi nené, no me molesta en absoluto. ¿Qué prisa hay? Tiempo habrá que duerma en su cuarto cuando él tenga asimilado el sentido del tiempo y la distancia y entienda esto de “estamos aquí al lado”. Yo no conozco a ningún chico de 14 años que le apetezca más dormir con sus padres que en su cuarto.

Vamos que yo, lo mire por donde lo mire, no le veo ninguna pega.

Estos son mis motivos prácticos. De los emocionales, mentales y espirituales hablaré otro día. Ahora nos vamos los tres a la camita que ya es tarde.

viernes, 8 de julio de 2011

formas de parir

Entro en varios blogs y foros  y leo experiencias sobre el parto.

Parece que el parto es un tema sobre el que andar de puntillas  para no herir susceptibilidades.
¡Mal vamos cuando parece que a la hora de parir muchas mujeres necesitamos explicarnos y/o justificarnos por una u otra razón!
“partoencasa” defiende un parto íntimo, “partohospitalario” habla de las ventajas de la medicina moderna, “cesareanoprogramada” cuenta que lo importante era un bebé sano… Tantas razones y tipos de parto como mujeres.
Algunas opiniones las comparto, otras son diametralmente opuestas a mi forma de ver la vida.

Queda en mí un poso de tristeza al leer críticas de unas y de otras. Siento que algo está errado en el colectivo femenino cuando en lugar de compartir unas con otras, de apoyarnos, de aprender y enriquecernos, nos atacamos entre nosotras. Al fin y al cabo todas somos mujeres y todas queremos lo mismo: parir saludablemente a nuestro bebé.

Me quedo con  la impresión que, de una u otra manera, todas estamos heridas. Quizá porque parir nos pone en contacto con como nacimos, con el inconsciente de nuestra especie, una parte profunda de nosotras mismas, con nuestra esencia femenina, con una parte animal en instintiva más allá del pensamiento y los valores culturales.

Sí, yo también tengo una opinión. Yo también tengo “mi parto ideal”. Y quizá porque me harté de oír opiniones negativas en un momento de mi vida en el que me sentía especialmente permeable a las críticas no me atrevo a juzgar a ninguna madre por el tipo de parto que desee tener o haya tenido.
Porque ese es mi dolor, el haberme sentido cuestionada como una niña irresponsable, temeraria y caprichosa en lugar de tratada como la mujer que soy.
Creo que al final, independientemente de lo que planeemos, cada mujer tenemos el parto que necesitamos en ese momento para crecer como mujer, como madre, como ser humano.

Para mí la principal responsabilidad de una madre es que se informe de todas las alternativas posibles y que con esa información en la mano conecte con su corazón. Que sea sincera consigo misma, con sus necesidades, con sus miedos, con sus motivaciones para elegir un parto u otro. Que tenga en cuenta que el parto no es solo suyo, sino también del hijo que lleva en su seno y que escuche y respete también lo que él tiene que decir al respecto.

Y con todo eso… ¡que dé a luz! ¡que dé vida! ¡que para como el cuerpo y el alma  le pidan!

sábado, 2 de julio de 2011

¡queda inaugurado este blog!



Vuelta al trabajo.
¡Quiero quedarme en casa, quiero quedarme en casa! ¡quiero quedarme en casa con mi nenéééééé!
“¡Mujer, te sentará bien!”
“¡Hija, todo el mundo lo hace!”
“¡Ya verás que no es tan malo como parece!”
“¡Volverás a tener vida, a realizarte como persona!”
“¡Tantas horas en casa pendiente del niño no puede ser bueno, tienes que airearte!”...
Bienintencionados consejos… ¡bienintencionadas chorradas!
Me siento más feliz que nunca, tranquila, centrada, serena, amorosa, tierna, lúcida. Nunca he sido tan mujer, tan persona… tan madre.

A ver, repasémoslo una vez más, ¿hay alguna forma de posponerlo?  He juntado la baja,  las horas de lactancia, las vacaciones… ¿y si me cojo una excedencia? Imposible, realmente necesito el dinero.
“No te atrevas a quejarte ¡con la crisis que hay tú al menos tienes un trabajo!”
“Mujer, ¡tienes suerte de trabajar de 7 a 3 y tener toda la tarde para estar con tu hijo!”
Resígnate, Magia, no te queda otra.

Vale, listado de cosas positivas: tiempo para leer y escribir en el metro, desayunar sin interrupciones, mantener una “conversación adulta”…
¡Pues sí que se me queda corta la lista!

Vuelta a la rutina. Todo está igual, aunque yo lo veo diferente.
La mañana pasa rápida, aunque a mí se me hace eterna, con un nudo en el estómago y los pechos repletos de leche.
¿Qué estará haciendo mi nené? ¡Te quiero hijo, en un rato estaré contigo!

Aunque parezca que los pechos me van a reventar, imposible sacarme leche en el baño. Ni siquiera se trata de las miraditas al levantarme pertrechada con el sacaleches,  de los golpecitos en la puerta… ¿Acaso el director de la empresa pondría a su hijo a comer en la taza del wáter? ¡Cómo voy a sacarme la leche para mi nené donde otro acaba de cagar!
¡Ya les decía yo donde pueden meterse el Premio a la Conciliación Laboral 2011!

Si, a todo se acostumbra una, como un perro bien entrenado. ¿Dónde quedó la loba del parto?
Y sin darme cuenta ya ha pasado un mes. Me he acostumbrado a la rutina.
Nené pasa toda la mañana jugando con papá y parece feliz. Cuando llego a casa me recibe con una sonrisa que nos ilumina enteros. Extiende sus bracitos, lo cojo aúpa y pasamos toda la tarde jugando, hasta que nos dormimos acurrucados.

Bueno, Magia, no está tan mal. Has conseguido mantener la lactancia tardes, noches y fines de semana, y durante la mañana papá le da frutas, verduras, cereales que nené come tan ricamente.
Si, si, te lo puedes adornar como quieras pero  a ti misma no te vas a vender la moto, esto no es lo que deseabas.

¡El colmo del absurdo! Me han reubicado en un rincón. Ahora que ya he puesto al día todos los temas atrasados, a las 8 de la mañana no tengo más tarea que mirar la pantalla  durante otras 7 horas. Mi “compañera” se ha apropiado de todas mis funciones; imagino que con los despidos ha visto las orejas al lobo y necesita paliar mi antigüedad con su eficacia. Todo un lujo, dirían algunos, me pagan por hacer nada.

No, ni lo pienses, no entres en internet que ya te conoces y te vicias y… ¡upps, ya está hecho!
Bueno, al menos así aprovecho el tiempo y busco información sobre educación infantil, que no lo tengo muy claro.
… y…

Me sorbo lágrimas de emoción acumulada.
Me doy cuenta que son las 2, que estoy en el trabajo. La mañana se me ha pasado volando saltando de blog en blog.
Comencé tirando de un hilo y me he encontrado con toda una madeja. Una red de mujeres, de madres, que han puesto voz a mis sentires, a mis saberes a contracorriente, a mis “ideas raras”.
Un cocktail de emoción, información, pasión, coherencia, creatividad, ilusión y amor, mucho amor.
¡No estoy sola! ¡He encontrado a mi tribu!

Llevo toda la semana leyendo y releyendo, informándome y emocionándome, blog tras blog.
Arropada, comprendida, afirmada, nutrida, calentita por dentro.
¿Y si creo un blog? ¿Y si salgo del anonimato y participo?
¡Tú estás loca! ¡Con lo liada que estás ahora te vas a calentar la cabeza!
Además, ¿qué puedo aportar yo? ¿Qué puedo decir yo que no esté ya dicho por estas madres blogueras?
Me debato entre la timidez y las ganas de expresarme.
Y sabes que… ¡a la mierda!
¡A la mierda con los complejos, con la falsa modestia!
¡A la mierda con quedarme callada, con no opinar por no ofender!
¡A la mierda con mentirle a la pediatra, con contemporizar con las madres del parque!

Sumo mi voz a este esta red de madres blogueras, todas parecidas y todas diferentes, porque cuantas más seamos más fuerza daremos a nuestro sueño de un mundo más saludable y amoroso para nosotr@s y nuestr@s hij@s.

 "Las tres edades de la mujer"  Klimt