lunes, 15 de agosto de 2011

cuando mi parto se convirtió en su nacimiento


Fue a raíz de ver el documental de la BBC “En el vientre materno” que comencé a interesarme por los cambios tan enormes que en cuestión de segundos experimenta un bebé al nacer.
Me fascina y me admira la fuerza y la adaptabilidad que supone pasar por todos estos cambios.
Posiblemente en ningún otro momento de nuestra existencia vivimos unas modificaciones  tan radicales de nuestro habitat en tan corto espacio de tiempo.
Pasamos del calor al frio, del silencio al ruido, de la penumbra a la luz, de la calma al bullicio, del agua al aire… Todos nuestros sentidos quedan involucrados en este tránsito.
En el mejor de los casos, si tenemos la suerte de que nuestra llegada a este mundo ha sido preparada consciente y amorosamente, estrenamos nuestros sentidos en un entorno protegido, en el que el cambio es menos violento.

De todo esto y mucho más habla Fédérick Leboyer en Por un nacimiento sin violencia, libro que recomiendo encarecidamente, a pesar de no compartir algunas de la prácticas de las que habla. A mi dio una nueva perspectiva sobre el parto y el nacimiento.
De todo el libro en este post quiero compartir con vosotr@s un fragmento que me estremeció profundamente porque aunque ahora me resulta obvio, hasta que no lo leí no se me había pasado por la cabeza.
Entonces  es cuando
todo explota.
Las paredes se derriban;
La prisión, el calabozo, desaparece.
¡Nada!
¿Ha estallado el universo?
No. He nacido.
Alrededor de mí
está el vacío.
Una libertad insoportable.
Todo me oprimía, me agobiaba;
¡pero yo tenía forma!
¡Maldita cárcel! ¿Dónde estás, madre?
Sin ti no soy nada más que vértigo.
Ven, vuelve, vuelve conmigo,
sujétame,
cógeme otra vez, estrújame, aplástame;
¡Quiero ser yo!

¿Obvio, no? El bebé, que hasta el momento del parto está recogido sobre sí mismo en el vientre materno, al nacer entra en contacto con la gravedad y la ausencia de límites corporales.
¿Puedes recordar (o imaginarte) lo que es sentir por primera vez la gravedad en tu cuerpo? ¿Sentir como de repente todo tu cuerpecito, que hasta entonces fluía livianamente flotando en el líquido amniótico, comienza a pesar lastrado por la gravedad y los movimientos se vuelven esfuerzos titánicos?
Pues a esto añádele el encontrarte de repente en medio de la nada, del vacío más absoluto, donde todo tu ser que hasta unos segundos antes estaba rodeado de tibia y suave carne, se encuentra de repente desnudo, sin contacto, sin referencias…

Desde luego cuando lo leí por primera vez me conmovió profundamente. Aún me quedo sin aliento cuando lo pienso. Algo tuve que recordar a nivel celular porque me entró una desoladora sensación de vértigo, de pánico, de desamparo.

Creo que fue en ese momento cuando conseguí empatizar con el ser que está naciendo, cuando me llené de respeto por esta nueva vida que lucha por integrarse en su nuevo medio. Fue entonces cuando yo dejé de ser la importante, cuando mi parto se convirtió en su nacimiento.

18 comentarios:

  1. Qué hermoso haber tomado conciencia de ello antes del momento y ponerse en su piel. El texto que nos muestras tiene mucha fuerza. Creo que dentro de la desorientación debe ser algo emocionante descubrir otra dimensión en tus sentidos y que se puede vivir sin tanto estrés siempre que los padres le acompañen y se encuentre cobijado por el seno materno. Gracias, una vez más, MaGIA por tus entradas. Un beso

    Hace uno días te topé en mi blog con un jueguecillo por si te apetece participar. Me encanta tu blog. Besos

    ResponderEliminar
  2. Cuando nacen pensamos que tienen que adaptarse rápido al mundo y a nosotros y no nos ponemos para nada en su lugar. Ya me gustaría ver a algún adulto pasando por lo mismo que ellos.

    ResponderEliminar
  3. Me ha encantado el título "cuando mi parto se convirtió en su nacimiento". Muchas veces estamos tan preocupados por el momento del parto, que parecemos olvidar que el objetivo de todo, lo que se celebra, es el nacimiento. Nunca podré perdonarme que las tres primeras horas de vida de mi Pequico las pasara sin mí, ni su papá... Solito. Lo pienso y aún me estremezco.

    A mí también me ha gustado la cita de Leboyer, es un libro que me gustaría leer en un futuro. Sólo una curiosidad, acabo de darme cuenta de que a la historia de mi parto la llamé "El día que tu naciste", se ve que en mi subconsciente ya estaba claro, qué era lo verdaderamente importante.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Hola Coco,
    tiene que ser buffff, ni me lo imagino como tiene que ser estrenar los sentidos ;-)
    Los libros de Leboyer son una pasada, llenos de fuerza y poesía.
    siiii, me paso por tu blog a participar en el juego.
    Abrazos matutinos!

    ResponderEliminar
  5. Carol,
    Aún recuerdo la primera vez que nené sintió la lluvia en la cara, ¡estaba flipado! creo que los adultos nos vamos insensibilizando a todas estas maravillas "normales" para adaptarnos al mundo y vamos olvidándonos de la MaGiA de cAdA mOmEntO. ¡Suerte que como mamás volvemos a recuperar un poco de esos sentidos "primitivos", esa adaptabilidad y esa capacidad de asombro!
    Abrazos sonrientes!

    ResponderEliminar
  6. Hola Mousikh,
    ¡me has pillado total! Yo al principio solo pensaba en mis motivos, en mi parto, luego me di cuenta que lo realmente importante era su nacimiento y si para garantizar su bienestar tenía que hacer lo que yo más temía (ir al hospital) pues lo haría de buen grado (gracias que no fue así).
    Entiendo tu dolor, durante estos meses yo tambien he hecho cosas de las que me arrepiento... lo hago lo mejor que puedo con lo que sé en cada momento... aprendiendo para futuras ;-)
    Creo que ya sabes que me emocioné un montón con la historia de tu parto y del nacimiento de Pequico; fantaseo que si no hubiera sido precisamente por su nacimiento tu y tu hombre habriais acabado a tortas con todos los "profesionales" ;-)
    Abrazos "comomeheenrollaó"!

    ResponderEliminar
  7. Que precioso texto has puesto, MaGiA. Tienes mucha razon, es algo que no me habia parado a pensar.. mas bien veia el parto como un momentazo en la vida de la mujer que habia que "disfrutarlo".. un momentazo en el que nuestros hijos nos necesitaban conscientes para ayudarlos a llegar a este mundo.. pero me doy cuenta de que no le daba importancia a lo mas importante de todo.. su nacimiento. Me bajo del pedestal.

    Gracias guapa!
    Besos!

    ResponderEliminar
  8. Que lindo tu post! Yo postee algo totalmente diferente pero que en esencia quería decir lo mismo!!!! En mi caso los tuve por cesarea, era madre grande, tenia preclampsia y mellizos! Carton lleno, los intentos de parto natural fueron descartados por todos los profesionales así que ahí fuí!!!
    Pero siempre pensé que era la forma que los tres podiamos hacerlo y que por ese motivo tenia que amar el momento, así tal cual fue! Hablando con mis bebés y confiando que todos sabiamos que estabamos haciendo lo mejor!!! no queria que me pasara como una amiga que estaba triste por no haber parido naturalmente y eso la llevo a estar enojada por un par de días! Yo queria festejar el nacimiento! ese traspado que vos mencionás!!! y trasmitirle la misma alegría que disfrutaba cuando los tenia en la panza...Tenia que ser una fiesta y a pesar de todo para mi lo fue! besos, me encanta leerte.
    LUCRE

    ResponderEliminar
  9. Me ha encantado, desde el título, que es maravilloso, hasta la última palabra del contenido, que es evocador 100%.

    Besos maravillados,
    Lady Vaga.

    ResponderEliminar
  10. Magia, como siempre, derechito al corazón.
    Te deje algo en mi blog.
    Besos

    ResponderEliminar
  11. Gracias Carol,
    Si, para nosotras es UN momentazo, para ell@s es EL momentazo...
    Como casi todo en la crianza, desde el enfoque adultocéntrico en el que normalmente vivimos es dificil verlo desde su perspectiva.
    Abrazos desde las bajuras ;-)

    ResponderEliminar
  12. Que alegría escucharte por aquí Lucre!
    Muy interesante lo que apuntas! Un parto y un nacimiento pueden (e idealmente siempre deberían)ser RESPETUOSOS con la mama y el bebé, indistintamente que sean en casa, en el hospital, vaginales, por cesárea... A veces la intervención médica es imprescindible y ¡precisamente para esto está!
    Yo también tengo conocidas que pusieron todas sus expectativas en SU parto en casa y dejaron un poco de lado el hecho dEL nacimiento del bebé y cuando no pudo ser lo pasaron realmente mal ;-(
    Qué bueno que pudiste disfrutar conscientemente del nacimiento de tus dos bebotes ;-)
    ¿En que post publicaste tu experiencia? He estado visitando tu casita y no lo he encontrado...
    Abrazos de bienvenida!

    ResponderEliminar
  13. Muchas gracias Lady Vaga,
    Abrazos suavecitos... no vaya a ser que U-6 saque ya la manita para saludar!

    ResponderEliminar
  14. Hola Mica,
    Gracias por tu invitación a jugar ;-) a ver si saco un ratito esta semana.
    Abrazotes!

    ResponderEliminar
  15. ya el título me ha cautivado... pero el artículo merece un 20. Y es que yo soy otra fan de Leboyer! Abrazos no violentos!!!!

    ResponderEliminar
  16. Sarai,
    fue al comentar en tu blog cuando se me apareció el titulo... ;-)
    Abrazos circulares!

    ResponderEliminar
  17. Uau!! Me ha parecido estremecedor!! Nunca me lo había planteado de ese modo y es que tiene toda la razón. Por cierto, gracias por el consejo del libro. Me lo leeré.

    Un abrazo, Marga

    ResponderEliminar
  18. Marga,
    A mi tambien me impactó cuando lo leí.;-O
    Abrazos lectores!

    ResponderEliminar

tu opinión me enriquece
¡convierte mi monólogo en nuestro diálogo!