jueves, 11 de agosto de 2011

planeta parto

En mi manera de entender la vida,  el parto es un momento sagrado, un ritual de paso, un momento de tránsito del bebé a la vida, de la mujer a madre, de la pareja en familia.
Deseo que si alguna vez nuestro hijo bucea en su inconsciente y recuerda su nacimiento pueda describirlo con tan solo tres palabras: paz, respeto y amor.
Su padre y yo así lo vivimos.

(M.) N. me llama por teléfono para felicitarme las Navidades y ver cómo lo llevo. Le cuento que estoy angustiada. Estoy de 42+6 y nené sigue sin dar señales de querer salir. Me dice que me calme, que disfrute de los pocos momentos que me quedan de embarazo. Pocos si, porque no conoce a nadie embarazada perpetuamente. Pocos porque “al final nené tendrá que nacer ya sea en casa, o en el hospital o por cesárea…” su acertada reflexión me remueve. Cuelgo el teléfono y comienzo a llorar. Siento como se desata un nudo dentro de mí. Voy al baño y… ¡cae el tapón mucoso!
Sonrío feliz y aliviada. ¡El parto ha comenzado! ¡Nené está ya de camino!

(F.) Ya hace días que el peque debería de haber venido pero se ronea. Allá sigue la mar de feliz, mamá y nené en dulce sintonía. Una sintonía que se ve perturbada por una charla con una amiga. No sé que se habrán contado pero fue como romper un dique pues M. llora, sin histeria, sin dolor… llora, desagua algo que no sé que es. Al rato sale feliz del baño diciéndome que se cayó el tapón. Ahora sí. Esto empieza a enfilarse.

Necesito salir a limpiar un desencuentro que tuve con mi madre. Necesito estar tranquilo y en paz para la llegada de mi hijo. Con cierta pre-ocupación dejo a M. sola y me voy durante un rato.

Me he quedado sola en casa un rato, me apetece escribirle una carta a nené, bailar un rato y ayudarle a bajar.
Aún no tengo contracciones, eso sí tengo presión en las ingles y nené, que estaba quieto desde ayer, lleva dos horas moviéndose cada vez más abajo ¿Sus últimos movimientos dentro de mí?
Paso la tarde tranquila, haciendo cosas por casa. Salimos a ver anochecer a la montaña.

Al volver M. me cuenta que “las contracciones de preparto” son ligeros pinchacitos. ¿Será que puede ser así de fácil o es un pre-pre-preparatorio?  Como sea,  hace un fin de tarde hermoso y decidimos subir la colina de detrás de casa para verlo en toda su grandeza y de cierta forma decirle a nené que ya se puede poner en camino. Subimos mucho por la montaña, caminando despacito, pues M. se queda a ratitos sin aliento. Ver el mundo con amplitud de horizonte me relaja, el cielo tintado de rosas y naranjas, el viento frio que sopla. Por mi parte ya estoy listo para recibirle.

Durante la tarde he ido sintiendo pinchacitos en la zona de las ingles y dolorcillo en la parte baja del abdomen, realmente nada doloroso. ¿Esto es el trabajo de parto? Llama N. y me confirma que lo que tengo son contracciones de parto. ¡Yo pensé que se contraía toda la barriga! Pienso para mí “¡pan comido!”
Mando un mnj a las comadronas: ”¡Feliz Navidad! Nuestro regalo sigue envuelto aunque ya le hemos quitado el lazo ;-) Hoy he perdido el tapón y estoy sintiendo contracciones leves y dolorcillo lumbar. Cuando veamos que esto progresa os avisamos. Besos. M.”

La noche ya lo oscureció todo. Por la tarde terminé de repasar rápidamente los materiales necesarios: kit hospital (para no usarlo, aunque lo preparo igualmente), plásticos y mantas, toallas, ropas de mamá, nené, papá, comidas, zumos, infusiones…
Decidimos que es mejor ir a descansar pronto que quedarnos viendo una peli.
Me tumbo tranquilamente pero M. está muy incómoda, más bien no está. Se levanta del todo. Eso me va subiendo las pilas pues el camino ya ha empezado.

Para las 10 decidimos recogernos e irnos a dormir para estar descansados para el parto.
¡Imposible estar tumbada, no encuentro postura, esto comienza a doler!
Me levanto un rato y vuelvo a tumbarme para descansar un rato… no hay manera ¡definitivamente estamos de parto!

M. anda de un lado a otro de la casa, se cambia de ropa, descansa apoyada sobre la mesa balanceando las caderas con las piernas abiertas. Yo le traigo una infusión y la acompaño. Estoy a tu lado, sé que es un camino que tendrás que andarlo tú, y yo estoy a tu lado.

A la 1:00h decido darme una ducha por eso de que el agua caliente alivia. Entro en la bañera, los pinchacitos se convierten en contracciones, cada vez más fuertes y dolorosas. La primera contracción me pilla de sorpresa y me agarroto de dolor. ¡¡¡diossss, ahora entiendo porque las mujeres piden a gritos la epidural!!!
Pasado el susto respiro y siento como el dolor desaparece por completo. Me entrego a las sensaciones.
A partir de ahí todo se vuelve confuso. Poco a poco voy entrando en un estado de no espacio - no tiempo. Me recojo dentro de mí y el mundo exterior se va difuminando y perdiendo importancia.

Le preparo un baño para que se sumerja en el agua caliente mientras rápidamente preparo el salón con los plásticos y las mantas. En el baño estamos un rato y los pinchacitos se vuelven fuertes contracciones. M. gime y respira mientras abraza esas oleadas desconocidas hasta entonces. Me cuesta distinguir cuando empiezan pero veo claro cuando cesan, al final ya percibo toda la ola.
Empiezo a anotar los tiempos en un post-it que pronto se queda corto. Me pillo una libreta con muchas hojas que espero no llenar.

Comienzan a ser cada vez más seguidas. F. me pide que se las indique y las va anotando. ¡para números estoy yo! ¡si ya no consigo hablar!  En una hora ya comienzan a ser cada 5’ y para las 2:00 oigo como llama a las comadronas para que vengan.

Me siento tranquilo, emocionado, expectante. Quiero participar en ese camino y ayudo a M. sujetándola, recordando posturas que vimos en las clases, hablándola, convirtiéndome en una extensión de sus manos.
Ya es hora de llamar a las comadronas.

F. me va ayudando; su presencia me tranquiliza. A estas alturas yo ya he entrado por completo en el “planeta parto”. Salgo de la bañera porque no puedo moverme a gusto.
Estoy entre el baño y la sala. Me doy cuenta que me estoy cagando, necesito relajar el ano en cada contracción y ya no quiero moverme de la sala. Paso de la vergüenza y se lo digo a F. A partir de ahí cedo el control, dejo de pensar por completo y me entrego  totalmente al parto.

M. me dice que siente ganas de cagar con las contracciones y que siente vergüenza de hacerlo delante de mí. Yo la tranquilizo, le hago entender que no tiene porque avergonzarse, que es algo normal, la cubro un poco con una toalla para que se sienta más recogida.

Estoy en la sala de rodillas con la cabeza apoyada en F. que me acompaña en cada contracción. Le pido que no me deje sola, que no se vaya sin decírmelo ni aún para recibir a las comadronas. En algún momento llegan S. y K. Las siento lejos, desde mi mundo.

Llegan las comadronas. Veo que M. esta sumida en su viaje, lo que me da para separarme e ir a recibirlas.  Entran en casa como unas silenciosas ninjas y en seguida se acomodan como si hubiesen estado viviendo en casa toda la vida.
Me despreocupo de ellas y vuelvo a la sala.

K. me pide permiso para escuchar los latidos de nené; me dice que todo está bien con su voz sonriente. Me pone las manos en el sacro y me da un ligero masaje que duele y activa. No sé qué ha hecho exactamente, pero noto un gran alivio, algo se ha recolocado y las contracciones son más suaves.
Durante todo el parto voy sintiendo su discreta presencia que me ayuda, que me anima, que me da toques certeros con palabras amorosas y sonrisas dulces y al mismo tiempo me respeta.
Recuerdo su presencia en el sofá, silenciosa, recogida conta la pared naranja bajo la luz suave parece un Buda, sé que está ahí si la necesito.
S. entra en la sala de vez en cuando y se sienta discreta. Tras cada contracción me anima: “Una menos para ver a tu bebé”. En un momento le digo que tengo miedo “¿De qué?” “De no aguantar hasta el final” Al decirlo me siento aliviada. “Lo estás haciendo muy bien” “Tu bebé está muy bien”. Su mano en mi lomo me calma y me da fuerzas.

S. y K. vienen a la sala y me piden un rápido parte de cómo ha ido evolucionando el trabajo de parto, luego se acercan a ver cómo está M. Una parte de mi se relaja más al tenerlas ya en casa. Veo como escuchan mi mujer y hablan entre ellas, es un leguaje sutil de mujeres. Escuchan a nené como está, en su minilucha por venir. Todos estamos bien.

Entro en un estado de puro presente, en el que solo existe la pulsión, el instante de cada contracción, en el que me abro con el sonido de la AAAAAAA llamando a nené, y un momento de descanso profundo en el que el tiempo se para, en el que reposo, cojo fuerza y llego a dormirme. Así una y otra vez, ritmo cadente, hipnótico, una tras otra.

Voy cambiando de postura: en la pelota, a cuatro, de pie apoyada en F., tumbada sobre un lado y sobre otro. No lo pienso, mi cuerpo simplemente se mueve, acompañando la ola, descendiendo por un túnel terroso, acompañando el descenso de nené. Voy notando como su cabeza baja, noto aún sus patadas en mi vientre, como impulsándose hacia abajo.
Penumbra, calor… no veo lo que sucede a mi alrededor, todo es naranja brillante, me siento un tubo de luz, a un lado mi boca a otro mi vagina, con cada contracción, con cada respiración, con cada canto, el tubo se va abriendo más y más dando paso a nené.
Me siento yo misma dentro del útero, en la penumbra y el calor, bebé y mujer al mismo tiempo “¡ven aquí! ¡te espero! ¡ven con nosotros!”
Vibro con el sonido de mi canto. Como un mantra lo repito una y otra vez. Sé que nené me escucha. Sé que mi voz le da fuerza en su viaje hacia la vida, le acompaña hacia mi exterior.
Le llamo, le animo. Fuerte, poderosa, sin dudas. Y al mismo tiempo tierna, vulnerable confiada.
Noto como mis huesos se apartan cediendo paso a la carne suave. Mujer y hembra, me siento loba fiera.

El tiempo se rompe y se deforma. Instantes se vuelven eternos y ratos largos se comprimen en un respiro.
Me sumerjo en la danza del parto con M. Nos movemos por la sala, a cuatro tumbados, de pie… Soy sus manos para alcanzar una bebida, sus piernas para que se apoye, su respaldo para que se tumbe y descanse.

Veo la silueta de K. sentada en el sofá, ya no me acordaba que estaba allí, siento su presencia  que hasta entonces permanecía recogida. A ratos le pide permiso a M. y va controlando los latidos de nené con el dopler.

Soy un guardián de las puertas de este mundo, me ocupo que no les falte de nada durante el viaje.
Canto con M. llamando a nené, la animo, la reconozco en su fuerza. Me siento orgulloso de mi familia.
Me escapo para ir al baño, para traer zumos, para comprobar que S. y K. estén cómodas, para renovar el aire de la casa…
En ese tiempo S. se suma al trio de mujeres. Se hablan, se animan, cantan. Me quedo al margen mientras dura ese espacio. M. dice que tiene miedo, reconozco que una parte de mi también la tiene. Y confío.

Totalmente acompañada por F. Siento su presencia en todo momento cuidándome, protegiéndome, amándome.
Sé que puedo dejarme ir tranquila, el nos protege y nos cuida.
A ratos le oigo desde lejos ”lo estás haciendo muy bien” “mi guerrera” “estás trayendo a nuestro hijo” Le oigo cantar conmigo, llamar a nené, su presencia me da fuerzas.

“ya se ve la cabeza, amor” sorprendida caigo en la cuenta que el parto ya está acabando. Aunque queda poco estoy cansada. Me tumbo un rato en brazos de F. y nos dormimos profundamente durante unos minutos.

El movimiento se calma, estamos cansados, recojo a M. en un abrazo y nos tumbamos, entre contracciones nos dormimos.
K. se anima, me mira y sonríe, “ya se ve la cabecita” me asomo y veo los pelitos de la coronilla de nené.
M. pregunta si quedara mucho, se siente cansada, le digo que ya no queda nada, que nené ya se asoma, está listo para venir, yo estoy descansado y listo para apoyar a M., para recibir a mi hijo.

Despierto renovada, con una energía diferente. Siento la cabeza de nené totalmente encajada entre mis piernas, me toco y siento como su cabeza presiona contra mi periné, abultándolo. Está húmedo y blandito ¿esta es su cabeza?
Me pongo en pie, colgada de F. y siento como la contracción me recorre como un rugido. Me doy cuenta de mi fuerza, me siento salvaje. La voz que sale a través de mi garganta, viene de lo más profundo de mí, de la Tierra, de las raíces.
Si antes era agua ahora soy fuego, mi vagina quema. Me siento explotando como un volcán.

De pronto M. deja de llamarle, ya no es un canto “ven…” ahora es una orden un grito que dice “sal…”.
La energía se vuelve a activar, nos despertamos, nos movemos, las contracciones vuelven a ser más intensas, M. ya no se abre y relaja, veo como cobra fuerza y aprieta.
Me pongo de pie, necesito tener movilidad. M. también quiere ponerse de pie y trepa por mis piernas, por mis brazos.
Se cuelga de mí y yo la rodeo con mis brazos. Somos uno. Yo te sostengo mientras lo traes con tus gritos de fuerza, con tu calor. Yo te sostengo.

Miro y efectivamente veo la cabeza en el espejo que han puesto a mis pies.
Comienzo a ser consciente de mi entorno.
Un pensamiento en voz alta: “No quiero desgarrarme”. “Tranquila. Respira. Todo está bien. Tomate tu tiempo. Dale aire a tu bebé que aún está contigo.”

S. y K. empiezan su baile de comadronas, como un vals rápido, y en un periquete  tienen a punto todo lo que necesitan. Están aquí a nuestro lado, listas, presentes y dejando espacio para que M. y yo sigamos nuestro propio camino.
M. para un momento, expresa su miedo a desgarrarse. S. la tranquiliza, “Todo va bien, Nené te está cuidando”. Pone un espejo para que M. vea como nené asoma la cabeza.
Miro como asoma cada vez mas deslizándose poco a poco hacia afuera.

Siento como comienza a salir su cabeza. Un pujo más y estará fuera.
Me traen la silla de partos y me siento para que F. pueda recibir a nené, para que sea el quien le dé la bienvenida a este mundo. Apoyada en S. doy un último y suave pujo. Su cuerpo se desliza fuera de mí, noto salir sus pies y una curiosa sensación de vacío acompaña la salida de sus piececitos.

M. se cuelga del todo en mí mientras termina de sacar la cabeza de nené, con la cabecita ya asomando, M. se sienta en la silla de partos apoyada en S. para que pueda hacer lo que más esperaba hasta ahora.
Nené tiene fuera la cabecita y un bracito. Los rodeo con las manos, K. pone sus manos sobre las mías y me dice que le ayude con un pequeño movimiento y mi hijo se desliza  como un tobogán hacia mis manos, resbaloso suave, frágil, lo mas hermoso que hay.
Lo coloco en el regazo de M. “Entonces eran esos piececitos los que golpeteaban desde dentro” Lo miro con calma. Es perfecto y bello.

F. me lo coloca en el pecho. ¡Ya está aquí!
¡Es precioso, es perfecto, es bello! ¡Es lo más suave que he tocado en mi vida!
Es extraño sostenerlo en mis brazos por fin y, al mismo tiempo, es como si siempre hubiera estado ahí.

Nos sentamos los tres en el sofá. La emoción me llena, me transborda. Ahora esta aquí, calmado, sin llantos, unos gemiditos tenues mientras busca el pecho el de M.

Nené llega a este mundo tranquilamente a las 7:45h del 26/12/2010. Respira suavemente, hace unos leves ruiditos, no llora, no grita, se queda calmado sobre mi pecho mientras lo miro y lo abrazo. Fer está a nuestro lado. Los ojos llenos de lágrimas, la cara llena de amor, emocionados.
Sigue unido al cordón y trepando por mi vientre se prende en mi pecho.

Estoy extasiada. No tengo palabras, solo ojos y olfato y tacto. Le arropo con mi piel protegiéndole para que no se enfríe.
No tengo ganas aún de empujar para sacar la placenta. “No hay prisa, me dicen, tenemos tranquilamente una hora”.
Como un suspiro pasan 45’ con nené en los brazos, cantándole, mirándole, hablándole… hasta que soy capaz de separarme de él por unos instantes. F., a mi lado, lo recoge en sus brazos y de un pujo siento salir la placenta.
Nos vamos a la cama. Nené sigue unido aún a la placenta por el cordón durante un rato más, hasta que F. corta lo corta.

Sin prisas nos quedamos los tres en el sofá dándole la bienvenida. Ahora ya me puedo encargar de nené mientras M. expulsa la placenta. Nos vamos “tres” nené, yo y la placenta al cuarto mientras M. va con K. a refrescarse al baño. Ahora ya tranquilos, limpios y emocionados podemos terminar de separar a nené de la placenta. Corto el cordón.
Nos explican como es la placenta, donde esta enganchada y nos la tienden para que la veamos y toquemos. Es hermosa, como una flor gigante, muy suave.

Yo estoy en las nubes, dopada con un coctel de hormonas, solo en parte consciente de lo que sucede a mi alrededor.
Todos juntos en nuestra cama, mientras S. ata el ombligo de nené y le pesa, K. comprueba que no hay sangrado y que mi útero está contrayéndose. Me aplica unas compresas frías con infusión de romero para refrescar todo el periné. ¡Ni un punto, ni un desgarro!

Con un batido preparado por S. y K., con muchas frutas y un trocito de la placenta, brindamos por la llegada de este nuevo ser que reposa junto a nosotros, por nuestra conversión de pareja a familia.

Las comadronas recogen silenciosamente la casa. Mientras esperamos que la pediatra para confirmar que todo está bien, me duermo con nené en los brazos.
¡Ahora sí que se ha acabado el parto!

Ahora sí, todo acabo, ya estamos una familia al completo. Las chicas recogen mientras arropo a M. que se queda dormida con el peque. Yo no puedo, tengo demasiada excitación en el cuerpo. Me despido de S. y K. y termino de recoger la casa mientras revivo mentalmente ese bello caminar. Ya dormiré después.

26 comentarios:

  1. MaGIA, estoy emocionada por acompañaros al revivir estos momentos mágicos... muchas gracias por compartirlos y enhorabuena por todo. Es algo sagrado, yo también lo viví así, conectando con nuestra parte animal y salvaje para poder traerlos al mundo.

    ¡Qué hermoso cómo lo cuentas y que maravilla contar con un profesionales que te acompañen desde el respeto, el ánimo y el calor. Me siento feliz por la llegada de Nené!
    Por cierto, cómo pudiste dormir entre contracciones finales? jajaja.
    Besos "guerrera"

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  2. Maravilloso, no puedo decir más :)

    Besos transportados,
    Lady Vaga.

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  3. ¡Genial! Me has dejado sin palabras

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  4. GRACIAS. No hay palabras.

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  5. Acabo de comentar pero vuelvo a pasar para decirte que si quieres pasar, hay algo para ti.
    http://nuestrapequenacria.blogspot.com/2011/08/nueva-recolecta-de-premios.html
    Besos!!

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  6. Qué emocionante! Me he metido completamente en tu planet y estoy aún temblando... y que forma tan bonita de relatarlo, entre tu pareja y tú...
    Un parto maravilloso!

    Esta manera tuya de contar las cosas es lo que me ha motivado a dejarte un premio en mi blog.

    Besos

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  7. ohhh! me dejo atrapadisima tu relato!!! Un parto maravilloso...Que diferente al mio...:(

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  8. gracias por vuestros comentarios ;-)
    Tenia(mos) muchas ganas de contarlo. Para mi fue una experiencia preciosa y me apetecía mucho compartirla... ¡que bueno que estáis ahí para escucharla!
    Abrazos ruborizados!

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  9. Cocolina,
    aunque parezca increible... me quedé dormida como un tronco más de media hora! parir es muy lindo y, para que nos vamos a engañar... ¡tambien es agotador!
    ;-)

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  10. Carol, Mousikh... ¡muchas gracias por los premios! que además son sin preguntas, así, "porquesi";-)
    abrazos y besos oscarianos!

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  11. Según iba leyendo se me ponían los pelos de punta, con todos los sentimientos que me iban invandiendo. Y he terminado emocionándome.
    Tuviste un parto perfecto, no sabes cuanto me alegro.
    Te leo y pienso que si tengo otr@ hij@ espero saber y lograr disfrutar más de ese momento, porque es maravilloso.
    Muchas gracias.
    Un abrazo

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  12. Hermoso relato! me parecio que habia dejado un comentario por aca, pero mi internet esta funcionando mal.
    Me emociono muchisimo. Tan diferente al parto que yo tuve. De leer tan lindas experiencias me estan dando coraje para animarme al arto en casa cuando encarguemos otro bb =) gracias por compartir algo tan intimo

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  13. Hola Carol,
    Realmente me siento afortunada porque si siento que tuve el parto "perfecto" para mi y para nené.
    Lo que me mosquea un montón es que esto no sea lo "normal" porque todas nos lo merecemos desde la primera experiencia.
    Abrazos agradecidos!

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  14. Mica,
    ¡bienvenida a mi casa!
    Gracias por comentar y recomentar ;-)
    En casa o en el hospital espero que tu y tu futuro bb tengais el parto que deseais.
    Abrazotes!

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  15. MaGiA, no tengo palabras.. que maravilloso parto tuvisteis! Que forma de relatarlo! Todo es perfecto.. cada personaje en su papel.. F y tu erais uno esperando el fruto de vuestro amor. Las matronas estando sin estar. Ufff! Ha sido maravilloso leerte. Felicidades loba!

    Besos!

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  16. Otra que se ha quedado sin palabras!!

    Pasate a mi blog para recoger un premio (de esos con preguntas, jejeje), que te lo mereces!!

    http://www.creciendocondavid.com/index.php/post-cargadito-de-premios/

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  17. Carol,
    Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!
    ;-)

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  18. Gracias por el premio Ana!
    ¡espero que las preguntas sean faciles, que tengo las neuronas vacacionales!;-)

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  19. qué preciosidad!!! Por esto y por mucho más te he dejado un premio en mi blog, pásate eh? un besazo!!! Y abrazos italianos!!!

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  20. Gracias Sarai!
    Abrazos por esto y por todo lo demás!
    ;-)

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  21. Magia! Ya recuerdo que leí este post hace un par de meses. Pero hoy lo he vuelto a leer, con toda la calma del mundo e incluso releyendo algunos párrafos que en su día me dejaron muda.

    Se me han puesto los pelos de punta con algunas de tus palabras e incluso he soltado alguna lagrimita.
    Pienso mucho en Nené y en la paz tan inmensa que debió sentir nada más llegar al mundo. Me le imagino tumbado sobre tu pecho, sin lágrimas, sin miedo... Puff... ¡qué pasada!
    Y en cuanto a tí, ¿qué decirte? ¡eres una campeona! Sé que todas las mujeres estamos "diseñadas" para parir pero muy pocas se atreven a hacerlo como tú lo hiciste, de forma totalmente natural. Te admiro por ello!

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  22. HOla!
    me topé con tu blog, leí este post sobre el parto y me emocionó muchísimo!
    Felicitaciones por haber recorrido un camino de respeto y consagrado el nacimiento de su hijo con tanta belleza.
    un saludos desde Argentina
    Natalia
    http://nidos-enred.blogspot.com/

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  23. Hola Natalia!
    Gracias por dejarme tu comentario ;-)
    Abrazos de bienvenida
    Pdta: muy bello tu blog ;-)

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  24. Estoy llorando, Magia... Enhorabuena... fíjate, y ya casi ha pasado un añito... Muchos besos linda, y gracias por compartir esta historia tan bonita, tan animal y tan espiritual a la vez...

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  25. Hola María,
    Realmente fue un momento muy especial para mí que me apetecía mucho compartir. Como tú dices sensible y salvaje al mismo tiempo. Ahora sé que el parto también me ha ayudado a reconectar con esa parte animal e instintiva que precisaba para dar cuerpo a mi maternidad.
    Al final cada una tenemos el parto que necesitamos para convertirnos en la madre que nuestros hijos necesitan, aunque en algunos casos sea duro o vaya contra nuestras expectativas. (tu sabes porque lo digo…)
    Abrazos ¡casi un año!

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  26. Anónimo1/10/12

    Releo vuestro relato emocionada ahora que en estos días llegará mi parto y el nacimiento del bebe... Alegre, emocionada, algo inquieta.... muy feliz!

    Aida

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