viernes, 5 de agosto de 2011

un viaje de diez lunas y media


Me desperté con una sonrisa en la boca y recordé lo que había soñado ¡estaba embarazada! ¿Estoy embarazada? Supe que era cierto sin necesidad de Predictor.
Aún pasaron unas semanas hasta que pudimos hacernos el test y declararnos oficialmente embarazados.

Tan solo habíamos tardado un mes en quedarnos embarazados y caí en la cuenta que no tenía ni idea de cuáles eran las pruebas que tenía que hacerme ni del seguimiento médico del embarazo.
Llamé al centro de salud para concertar una cita con mi ginecóloga y me dijeron que el seguimiento del embarazo se hacía directamente con la matrona y que hasta la semana 12 no necesitaba visitarme.
Con la ilusión de dos primerizos, 6 semanas nos pareció una eternidad. Teníamos muchas ganas de hacernos una ecografía para ver a nené, aunque fuera del tamaño de un grano de arroz.
Así que me acerqué a la mutua y consulté con las enfermeras para que me recomendaran un ginecólogo que abogara por un parto natural (“no instrumentalizado” lo llaman ellos).
Me aconsejaron bien. En la primera visita nos gustó su trato familiar, abierto y desenfadado; nos explicó todas las pruebas que iríamos haciendo y nos programó visitas mensuales.

A la par, desde el comienzo del embarazo comencé a buscar información en blogs, webs y foros. Me hacía especial ilusión estos apartados de “tu bebé esta semana”. Me iba imaginando a nené y acompañando como se iba formando en mi vientre poco a poco. Sin embargo pronto dejé de visitarlas porque al lado había otro apartado, en el que semana a semana iban enumerando las decenas de posibles males de la mujer embarazada. Como creo en el poder de las palabras decidí no leer nada que pudiera sugestionarme negativamente.

Más o menos en el segundo mes de embarazo pensé sobre el parto, aunque la verdad es que pensar, lo que se dice pensar,  pensé poco. Más bien fue una decisión que me salió de dentro, alta y clara: “Quiero parir en casa”. La verdad, me quedé sorprendida ante tal rotundidad. Casi todas mis amigas son madres. Las hay que han parido en casa, en casas de parto, en el hospital, en agencias de adopción… yo había participado en las conversaciones y veía pros y contras de unos y otros y, aunque me decantaba por un parto lo más natural posible, no tenía una idea concreta sobre “mi parto ideal”.
Mi compañero estuvo totalmente de acuerdo: “Confío en que tú sabes, en que tu cuerpo sabe”.

Conocía por referencias un Centro de Salud Familiar en Barcelona y concertamos una cita con las comadronas. La primera entrevista duró más de una hora. Nos sentamos los tres, con una taza de té en la mano, y María nos informó de los requisitos para un parto en casa (que los hay), del servicio que ellas ofrecían (pre y post parto incluidos). Nos preguntó sobre nuestros motivos para desear un parto en casa, nuestras dudas, miedos… Me sorprendió gratamente, no tratamos tan solo de “temas médicos”, fue una hora de charla de comadres para conocernos, para profundizar en nuestros sentimientos.  Me dio para pensar, para cuestionarme realmente porque quería parir en casa y desde ahí enfrentarme a mis miedos, aunque esto lo contaré en otro post. Y allí nos quedamos.


Ironías de la vida, yo que no voy al médico a no ser que me esté medio muriendo, comencé a hacer el seguimiento del embarazo por triplicado.
Me alegro que las cosas salieran así, ya que me dado la oportunidad de conocer en primera persona tres formas muy diferentes de hacer, de entender un embarazo.

No creo que haya formas mejores o peores así en absoluto, si creo que existe la mejor forma para cada uno y desde ahí puedo contaros lo que más y menos me gustó de cada casa.

En la Seguridad Social, la ginecóloga (a la que solo vi una vez), la matrona y los diferentes profesionales con los que me visité siempre me trataron educadamente… como a un número más.
Entiendo que llevan años atendiendo a preñadas cada día y que pueden estar hasta el gorro, pero para mí, embarazada por primera vez, era importante que se acordaran de mi nombre, que me dedicaran el tiempo que necesitaba a responder a mis preguntas, a explicarme las pruebas, y que no me trataran como una primeriza tonta e histérica por el hecho de plantear dudas y pedir información.

En la mutua el ginecólogo me hizo un seguimiento mucho más personalizado, me facilitó las ecos y las pruebas que quise hacerme y me dio todas las explicaciones que necesité.
Eso sí, aunque utilizó múltiples aparatejos, en todo el embarazo no me palpó la panza con las manos ni una sola vez.
Al final del embarazo, a pesar que yo siempre le había dicho que no quería intervenciones, no pudo evitar caer en la tentación de sugerirme adelantar el parto a la semana 38 “porque es más fácil parir si el bebé no tiene mucho peso” (¡!)

Las visitas mensuales con las comadronas consistían principalmente en una puesta al día de sentimientos, pensamientos, dudas… consultas físicas y emocionales. Realmente, era como una hora de terapia. Estas charlas nos sirvieron mucho para ir descubriendo nuestros miedos e ir siendo más conscientes de todo el proceso.
La última parte de la visita revisaban las ecos y las analíticas que me hacía en la mutua para comprobar que todo se estaba desarrollando según lo previsto y hacían un seguimiento de nené a la “antigua usanza”: palpando la barriga para saber el tamaño de la placenta, la cantidad de líquido, la posición de nené y escuchando el latido con un dopler.


En la semana 24, después de aguantar estoicamente todo el mes de agosto con dolores de espalda, fui a mi médica de cabecera y me firmó una baja hasta el final del embarazo. Nunca podre agradecerle lo suficiente los 4 meses que ”me regaló” para cuidarme a mí y a nené, para estar tranquila y consciente de lo que sucedía en mi cuerpo, para poder leer e informarme, para preparar el nido y mi cuerpo para recibir a nené como se merece.

Sobre la semana 32, después que la exploración, la eco y la analítica del tercer trimestre salieran estupendamente, decidí que ya no quería hacerme por rutina ninguna prueba más.
No quería verme expuesta a tactos, exploraciones, monitores… No los veía necesarios puesto que todo estaba bien y además a mí los médicos me estresan y ¡qué narices, ya estaba de 8 meses como para ir zascandileando por ahí de consulta en consulta y pasarme horas tumbada en una camilla con una tira apretándome el barrigón! Y sobre todo no quería verme expuesta a críticas por mi decisión de parir en casa o a comentarios sobre las desgracias que nos podían acaecer a nené y a mí si no hacíamos las cosas que supuestamente tocaba.

Llevé las pruebas a la Seguridad Social para que tuvieran mi expediente completo y actualizado por si finalmente surgía algún problema y teníamos que acabar acudiendo al Hospital.
Fui a despedirme del ginecólogo de la mutua. Me alegré mucho su reacción cuando le explique que iba a parir en casa. Me deseó suerte, me pidió que le tuviera al tanto del resultado y me hizo saber que si finalmente cambiaba de idea o le necesitaba podía contar con él.


En el octavo mes, siguiendo los consejos de las comadronas, comencé a despedirme del embarazo y a dar la bienvenida a la maternidad.
Tengo que reconocer que, a pesar de las ganas de tener a nené con nosotros, me costó un par de semanas despedirme de corazón de una etapa que estaba siendo tan especial.
A parte del dolor de espalda fue un embarazo feliz, tranquilo. Físicamente me veía espléndida, hacía años que no me sentía tan bella, tan sexual, tan poderosa, tan mujer.  Me maravillaba de los cambios de mi cuerpo, me encantaba sentir a nené creciendo dentro de mí, moviéndose.
Me sentía segura de mí, amada por mi compañero, en paz con mi familia…

Para la semana 36 el parto en casa ya era oficialmente viable y comenzamos con los preparativos logísticos. Las comadronas, Sonia, María y Krishinda, vinieron para conocer la casa y para ultimar los detalles prácticos. Comenzamos a visitarnos 1 vez por semana.


La FPP era el 13 de diciembre y aunque pensaba que el parto iba a ser más o menos por esas fechas me daba miedo ponerme de parto justo en el puente de diciembre, cuando venían a verme mis padres.
¡Pues no! Pasó el puente, pasó el 13, pasó el 20 y yo comencé a sentirme presionada por la familia que me llamaba para saber cómo iba todo (¡Nunca volveré a dar la FPP!).

La semana 42+1, semana de navidades para más gloria, la comenzamos visitándonos con Sonia que nos confirmó que nené estaba sano y colocado y que aún tenía líquido y espacio para moverse.
Yo seguía confiando en que nené sabía cuál era su momento para salir. Yo no tenía prisa y no veía motivo para metérsela.
Sonia además de las típicas recomendaciones para agilizar el parto (infusiones de té de frambueso, paseos, cenitas románticas, sexo del bueno…,) me sugirió que hiciera una introspección para averiguar si algún miedo o duda mía estaba frenando el proceso.
Quedamos en disfrutar las fiestas familiares e  ir hablando durante la semana, en avisarnos si había cualquier novedad, y nos dimos hasta el lunes 27 (43+1) para comenzar con la acupuntura y otras “medidas extremas”.

La mañana de Navidad me desperté pensando que quizá tenía un regalito… ¡pero nada!
Por eso cuando llamo mi amiga a felicitarme las fiestas le conté  que estaba comenzando a sentirme agobiada, que sentía que el tiempo se me estaba echando encima.
Me dijo que me relajara y disfrutara de los pocos días que nos quedaban antes que nené naciera, porque nacería… “¡no conozco a nadie embarazada de dos años! De parto natural, de parto inducido o por cesárea nené nacerá, no lo dudes”
Sus palabras pusieron el dedo en la llaga. Colgué el teléfono y comencé a sollozar.
Con el llanto se liberó la angustia que tenía dentro y… ¡cayó el tapón mucoso!
Al final sí tenía regalito navideño ¡por fin estaba de parto!

12 comentarios:

  1. Ay, Magina, me he emocionado, sobre todo con ese final.
    Yo si tengo otro hij@ me gustaría parir en casa, aunque no se si tendré el valor de hacerlo, por si la cosa se complica. Pero se que sería estupendo, porque sería algo íntimo con gente alrededor que se preocupa y sabe tu nombre (como tú dices).

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  2. Madre mía Magia, estoy en un hilo con tu relato!!! También tuviste un regalo especial, ¿eh? Yo tuve el mejor regalo de cumpleaños!! espero seguir leyendo... Besos y abrazos.

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  3. Yo todavía echo de menos mi barriga y ya pasaron 21 meses...
    Un blog precioso.
    Enhorabuena.

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  4. Oooh MAgiA, qué preciosidad de relato, qué emocionada estoy! Te admiro por tu valor y tu determinación para traer a nené al mundo en vuestro hogar, a mí me faltó valor y tiene que ser muy hermoso. Algún día me animaré a compartir esos momentos.

    Gracias por hacernos partícipes de algo tan personal y tan intenso. un abrazo!

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  5. Magia que linda hotoria! me hiciste emocionar! De tanto leer sobre partos en casa a ver si me dan coraje para el segundo (cuando lo encargue).
    Saludos!!

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  6. Hola a todas... ¡que alegría abrir el blog y encontraros por aquí! me anima a compartir esos momentos que para mi fueron tan especiales.
    Para mi no fue cuestión de valor y coraje, pero es que a mi lo que me da pavor son los médicos y los hospitales ;-D
    Abrazos emocionados!

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  7. Uff, había escrito un súper comentario y blogger me la ha jugado, vuelta a empezar...
    Lo primero decirte que tu blog ha sido todo un descubrimiento, me encanta lo que cuentas y cómo lo cuentas. Me llega un montón. En cuanto a tu entrada de hoy, me ha traído un montón de recuerdos. Yo también viví mi embarazo con mucha emoción e intensidad, me sentía tal y como describes; y aunque fueron surgiendo pequeñas complicaciones nunca me angustié, estaba tan feliz y plena, me sentía súper conectada con mi cuerpo y mi bebé. También tuve de una baja de bastante tiempo así que pude dedicarme a cuidarme, informarme y disfrutar del embarazo.
    Me ha admirado tu valor y determinación para tener el parto que deseabas. Yo ahí tengo una espinita clavada, me preocupaba que algo saliera mal, confié en mis médicos y al final las cosas no salieron como esperaba y me llené de dudas. Pero bueno, no quiero enrollarme más, si te apetece conocer la historia completa, escribí un post no hace mucho sobre el tema, titulado "El día que tú
    naciste".
    Estoy deseando que nos cuentes como fue el parto.
    Tu blog de veras tiene magia. Un beso

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  8. Muosikh,
    Sí, los 4 meses de baja antes de parir fueron un regalazo! de ahí que pudiera informarme tanto, ir a piscina, a charlas, a clases de preparación al parto den dos sitios... incluso hacer de canguro de hijas de amigas para ir haciendome al "caos" ;-)
    A mi tambien me encanta tu blog, seguiré curiosando hasta llegar al post del parto ;-)
    Abrazos rojitos de emoción por los piropos!

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  9. Qué emocionante Magia! Que bien, ojalá siempre tuvieramos al lado a las personas que nos permitan disfrutar de una etapa tan bonita, me alegro de que encontraras esos apoyos... y fue una suerte que decidieras hacerlo así, porque de otra manera nunca hubieras llegado a la semana 43... enhorabuena guapa! un beso
    Qué diferente unas formas y otras, verdad? Yo aúnno comprendo cómo puede hacerse y aceptarse tan frío algo que puede ser taaan hermoso...

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    1. María!
      acabo de darme cuenta que no había contestado tu comentario... despues de 4 meses y conociendonos mejor solo puedo decirte que ¡rodearse de personas calidas y amorosas que nos acompañen en nuestro propio camino es todo un arte!
      Abrazos cálidos y campestres ;-)

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  10. Tu relato viaja en el tiempo y casi un año después de escribirlo ayuda a otras mujeres como a mí. Lo he leído con toda atención, también el de tu parto (y nacimiento de tu nené) e intento dar forma a mis propios pensamientos y sensaciones.

    Gracias por compartir, Magia.

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    1. Mamá Colibrí,
      Me alegra que mi vivencia te sirva para buscar tu propio camino ;-)
      Abrazos de bienvenida

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