viernes, 30 de septiembre de 2011

taaaaaaan cansaaaaaaada

"Dormeuse" de Tamara de Lempicka
Estoy tan cansada que ni sé cómo he conseguido saltar de la cama esta mañana. Cuando finalmente he abierto el ojo me he dado cuenta que me había quedado dormida de pie en la ducha. No he sido capaz ni de desayunar; estaba tan agotada que no me entraba ni un bocado. He salido de casa en modo automático y milagrosamente he llegado al trabajo sin dormirme en el metro.
Estoy taan exhausta que durante toda la mañana he cometido errores de principiante el trabajo y he tenido que remojarme la cara varias veces para despejarme.
Estoy taaan baldada que ni siquiera he conseguido leer las novedades del reader, las letras de vuestros  post parecían hormiguitas con hipo.
Estoy taaaan fatigada que en el metro de vuelta a casa he estado en un tris de pedirle al chico que iba sentado a mi lado que me avisara al llegar a mi parada, y que mientras me dejara apoyar la cabeza en su hombre y doooormiiiir. A puntito he estado.
Taaaaan extenuada que cuando he llegado a casa le he pedido F. me ha dejara recostarme 10 minutos antes de marcharse, para intentar reponerme y tomar fuerza para sobrellevar la tarde con nene.

Hoy estoy tan agotada que me han hecho mella todos los comentarios recibidos en los últimos meses sobre nuestra forma de criar a nené y me he llenado de dudas ¿lo estamos “haciendo bien”? ¿será que tienen razón, que lo estamos malcriando? ¿será que ya es momento de separarle de nosotros y llevarle a dormir a su cuarto? ¿será que es momento de destetarle? ¿será que es un enm(p)adrado que solo quiere estar con nosotros? ¿será que le estamos haciendo un mimado, un consentido, un asocial?  ¿será…?

Suerte que al menos no estoy tan cansada como para darme cuenta que todas mis dudas vienen de este agotamiento que me enmaraña por dentro y no me deja pensar ni sentir con claridad.
Sé que cualquier decisión que tomase ahora nacería de la fatiga y la desesperación y que probablemente me arrepentiría en breve.
Si, podría sacar a nené de nuestra cama y llevarle a su cuarto y nosotros comenzar a dormir de un tirón toda la noche. Y probablemente estuviera de mejor talante y más descansada para jugar con él. Podría, nadie me lo impide.
Aunque en este caso también tendría que destetarle porque, si durante las mañanas me separo de él para trabajar y por las noches para dormir…  Bueno, tampoco es grave. Ya llevamos 9 meses de lactancia materna. Otros peques se crían sanos y felices con bibes y papillas.
Si, sé que podría comenzar a dejarle a ratitos con la familia y así F. y yo tendríamos tiempo para nosotros y quizá recuperaríamos algo de intimidad de pareja.

Sólo necesito 12 horas de sueño ininterrumpido. Sólo necesito un día para mí, para finalizar toda la montaña de asuntos pendientes que he ido postergando y que ya amenaza con aplastarme. Sólo necesito una mañana a solas con F., perezoseando en la cama sin hacer nada más que rascarnos la barriga y charlar de bobadas y acabar alguna de las miles conversaciones empezadas estos meses.

Podría hacer todos estos cambios y no se acabaría el mundo. Podría, aunque mis entrañas me dicen que nené aún necesita mi cuerpo, mi presencia, mi mirada…
Lo haría por mi bienestar, por mi comodidad, y sí, también es legítimo.
Pero no es lo que me pide el corazón, aunque estoy taaaan reventada que me cuesta escucharme y miro la cama de nené, aún sin estrenar, con ojos golosines.

Estoy tan cansada que, con todo esto en la cabeza, he decidido jugar un rato en casa antes de bajar al parque para hacer acopio de energía.
Y entonces, para que luego digan que los niños no comprenden lo que sucede, nené me ha dado una lección magistral de amor incondicional y cooperación.
A las 5:30 mientras le estaba dando la teta de la merienda se ha quedado dormido. Yo he aprovechado su siesta para tumbarme a su lado y descansar. A las 7 continuaba dormido; increíblemente a las 9 no se ha despertado mientras le  cambiábamos el pañal y le poníamos el pijama.
Hemos pasado toda la tarde y toda la noche  durmiendo, descansando uno al lado del otro, abrazados, el mamando en sueños y yo reponiéndome del cansancio acumulado.

Algun@s diréis que es casualidad, que igualmente se hubiera quedado dormido. Puede ser, aunque yo no creo en las casualidades. Para mí ha sido una demostración palpable de que aún somos uno, que aún estamos en simbiosis, y precisamos de este contacto físico continuo.
Sé que nené ha sentido mi enorme cansancio y generosamente ha renunciado a toda la tarde de juegos, al parque, al baño y me ha enviado un mensaje bien claro “mamá descansa, recupérate; te necesito en cuerpo y alma”

"The Sleeper" de Tamara de Lempicka
 Ahora, con la cabeza más ligera, sé que necesitamos darnos un tiempo de tregua, desconectar de la rutina y el asfalto y volver a encontrar nuestro ritmo.
Nos vamos unos días a la montaña a reencontrarnos con la naturaleza, a meter los pies en la tierra, a oler la yerba, a ver las estrellas, a sentir el viento, a contactar con nuestros instintos y necesidades reales.
Vamos a reunirnos con nuestra tribu de carne y hueso, a nutrirnos con otras madres, otros peques, otras familias, otras experiencias, a descansar en la fuerza del grupo.

Nos vemos a la vuelta. Os echaré de menos.
Abrazos vitaminados y supermineralizados!

martes, 27 de septiembre de 2011

Conciliación Real Ya!


¡Hazte una mujer de provecho, hija, hazte una mujer independiente!
Imagino que este consejo lo habréis recibido muchas de vosotras, creo que está implícito en la educación de nuestra generación.
Así que estudiamos, encontramos un primer trabajo, fuimos consolidándonos profesionalmente. Paralelamente encontramos un compañero, formamos un hogar  y después de esperar el momento adecuado, viendo que los años pasaban y ese momento nunca llegaba, nos liamos la manta a la cabeza y decidimos ampliar la familia.
La ilusión del embarazo, los primeros meses con el bebé y cuando ya comenzamos a hacernos con el nuevo ritmo familiar… volver al trabajo, a la “vida normal”.

Y digo yo… ¿dónde ha quedado esa independencia que nos prometieron conseguir si nos esforzábamos lo suficiente, si conseguíamos un buen trabajo, si nos hacíamos mujeres de provecho?
En apenas una generación las mujeres hemos pasado de no poder trabajar fuera de casa ni queriendo, a no poder prescindir de hacerlo. Las familias han pasado de estar sostenidas económicamente por el hombre a necesitar del sueldo de los dos para poder (sobre)vivir.
Algunos lo llaman avance social, liberación de la mujer. Para mí es una nueva forma de esclavitud. Hemos cambiado el sometimiento al varón por el sometimiento al patrón.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Por la simple ley del péndulo. Hemos pasado de un extremo a otro y ya es momento de encontrar el punto medio porque esta fórmula ya no se sostiene.

A pesar de que hasta ahora he hablado de mujeres no se trata tan solo de temas femeninos (mucho menos de feminismo). Pero las cosas como son, cuando hablamos de conciliación de la vida laboral y familiar en la mayor parte de los casos las que debatimos somos mujeres.
Parece que la conciliación es una necesidad de las mujeres, un capricho fruto de las hormonas que nos impele a pasar las horas muertas en babia contemplando extasiadas a nuestros retoños sin hacer nada  y siendo mantenidas por el resto de ciudadanos diligentes y productivos.
Seré rarita pero no puedo estar más en desacuerdo. A mí la conciliación no me parece un capricho de mujeres, es más para ser exacta si siquiera me parece un derecho de las mujeres (o de los hombres) sino un derecho de los niños.
En todo casi diría que la conciliación del trabajo y la familia es un deber de los hombres y mujeres, de la sociedad en su conjunto, para con los niños.

Y no estoy hablando de volver a “en casa con la pata quebrada”, de renunciar a una vida personal o profesional, estoy hablando  de encontrar un espacio en el centro del péndulo, un lugar común en el que las mujeres y los hombres podamos disfrutar del trabajo y de la familia, donde podamos realizarnos profesionalmente y personalmente.

Creo que ya es momento de mirar el problema desde una perspectiva diferente, de dejar de poner parches en forma de bajas de 16 semanas, de excedencias que no son “ni chicha ni limoná”, de invertir dinero en guarderías…

Puede que esta sea la oportunidad de dejar de mirarnos el ombligo y abandonar el enfoque adultocéntrico,  de ampliar la conciencia social , de dar un salto evolutivo e ir más allá del sistema productivo, de la sociedad individualista.
Quizá ya sea el tiempo de atrevernos a poner los cimientos de una nueva sociedad, más amable con el planeta, más amorosa con la vida, una sociedad que no de valor tan solo al tener y al hacer sino también al ser.
Es hora de darnos cuenta que la sociedad de mañana estará formada por los niños de hoy. Estos niños que quedan abandonados durante horas y horas al cuidado de niñeras, de guarderías estatales o públicas. Estos niños a los que llamamos lo más importante de nuestra vida, por los que decimos darlo todo y trabajar de sol a sol, y sin embargo privamos de lo que más necesitan: nuestro tiempo, nuestra presencia amorosa.

No nos limitemos a parir a nuestros hijos, seamos sus madres y padres, seamos la familia y la sociedad que necesitan. Y si eso pasa por reestructurar la vida económica y productiva, por redistribuir los recursos, por cuidar y proteger la vida… ¡busquemos entre tod@s la forma de hacerlo!

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1.     El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.

2.     El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño.

3.     El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad.

4.    El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados.

5.     El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular.

6.     El niño, para el pleno desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los hijos de familias numerosas conviene conceder subsidios estatales o de otra índole.

7.     El niño tiene derecho a recibir educación que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

8.     El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro.

9.     El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral.

10.  El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa, o de cualquiera otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Libertad y límites. Amor y respeto.



El libro “Libertad y Límites. Amor y Respeto.” de Rebeca Wild es uno de esos libros que debería leerse antes de antes de ser madre.  Aunque bien pensado si los contenidos educativos de este libro se hubieran llevado a la práctica años atrás, nosotras ya no necesitaríamos leerlo, porque los conceptos de libertad, respeto, limites y amor estarían tan arraigados en nuestro interior que surgirían de forma espontánea, que la mayor parte de las dudas y la culpabilidad que acompañan actualmente a la maternidad y a la crianza no existirían.

Tanto en este libro como en sus otros libros, Rebeca hace referencia al entorno preparado. Vale, confieso que cuando compré el libro esperaba encontrarme con una guía práctica que me facilitase la vida, pues no es el caso, o si…
Desde luego no he encontrado recetas sobre cómo poner límites, que decir o como actuar en determinadas situaciones para “enseñar respeto”, no he encontrado fotos para amoldar un espacio, ni directrices sobre tapar los enchufes o proteger las esquinas… porque el entorno preparado abarca no solo el plano físico sino sobre todo el emocional.

Un entorno preparado pasa por conocer las auténticas necesidades de los niños en cada etapa de desarrollo. Requiere saber cómo es el proceso de maduración psicobiológico  y como potenciarlo y, desde ahí, poner todas las herramientas a disposición de los niños para que interactúen con ellas; sin dirigirlos, permitiendo que se sientan libres para seguir su propio, único y auténtico proceso de maduración y desarrollo.
Al mismo tiempo un entorno preparado necesita de la autoobservación de los adultos que interactuamos con ellos, nos invita a aprender cada día y ser más conscientes de nuestros verdaderos motivos, de nuestras expectativas y nuestras carencias y hacernos cargo de ellas en lugar de traspasárselas "con todo nuestro amor" a los niños. Precisa de una familia ecológica, de una sociedad basada en el respeto en la que los niños puedan tener diferentes modelos, distintos espejos emocionalmente disponibles en los que mirarse y apoyarse.

Todo esto supone una mayor implicación en la crianza, dejar al lado todo lo aprendido y embarcarnos en una aventura en la que ir creciendo con y junto a nuestros hijos. Nos insta a dejar a un lado la comodidad de depositar su bienestar en manos de otras personas y responsabilizarnos de acompañarles en su crecimiento, supone salirse de la actual educación orientada al tener y poner nuestro empeño en que enseñarles a conocer, a hacer, enseñarles a convivir, a ser.

A continuación os copio un fragmento del libro. Me ha sido difícil escoger el texto porque de verdad que el libro entero es para paladearlo. (Las negritas son mías)
 
Si ahora nos atrevemos a adentrarnos en el tema «limites», no pode­mos olvidar lo que realmente queremos decir con ello. En todo caso, no lo que la mayoría de nosotros ha experimentado, es decir, límites como medio de coacción para hacer o dejar de hacer según lo que otros esperaban de nosotros, o límites como última medida de seguridad, ya que el entorno no estaba preparado para satisfacer nuestras auténticas necesidades. En este sentido estoy de acuerdo: antes de que las cosas se tornen insostenibles. Amenacen peligros, nos ponga­mos nerviosos unos a otros de forma insufrible, antes de llegar a ese punto es recomendable marcar límites.

Cuando en las páginas de este libro intente marcar límites con relación a la libertad, al amor y al respeto, mi intención es no dejar de revisar el entorno con gran detenimiento, siguiendo la expresión de que «los semáforos no se colocan en los dormitorios», compara­ción a la que acudimos en muchas de nuestras charlas con adultos «víctimas de los límites». Los límites sólo adquieren un sentido real para nosotros cuando tenemos totalmente en cuenta la dinámica exis­tente entre el organismo, en sus más diversos estados, y un entorno más o menos adecuado a él. Establecemos una condición básica para que un entorno sea adecuado a un auténtico desarrollo: debe ser relajado, es decir, no debe incluir exigencias ni riesgos activos, y las expectativas que nosotros tenemos de otras personas e incluso de los niños, aun cuando no queramos admitirlo, no deben determinar nuestro comportamiento en este nuevo entorno
Esta definición es un hueso duro de roer ya que mete el dedo en la llaga: en todo entorno, esté o no esté preparado de forma afec­tuosa, los adultos representan el peligro más activo para los niños, a no ser que hayan tomado la decisión de reconocer y respetar los pro­cesos de desarrollo. Esta afirmación, en apariencia atrevida, es acep­table si tenemos en consideración en qué medida los niños realmente dependen del amor de los adultos.
Incluso nos atrevemos a decir que para sobrevivir un niño nece­sita más el amor que la alimentación. Esta perspectiva permite enten­der lo sencillo que resulta agriar una relación afectuosa cuando no va aparejada con respeto. Pero ¿respeto a qué? Ésa es precisamente la cuestión que debe establecerse. Pues cuando nos planteemos real­mente en serio que la interacción de cada organismo con el entorno debería proceder de su interior, de lo que se trata es de tener en cuenta de forma especial esta circunstancia. No obstante, esta deci­sión nos sitúa en una extraordinaria contraposición con numerosas preocupaciones que en teoría son "por el bien del niño” y que han llevado hasta el florecimiento de una práctica pedagógica notable que ayuda a los niños a lograr resultados que se espera de ellos de la for­ma más fácil y efectiva posible.
Nuestra visión de un entorno adecuado para niños sería incom­pleta sin la presencia atenta, respetuosa y no directiva de adultos. Adul­tos que no dirigen a los niños aquí y allá de forma afectuosa, ni que dirigen su atención paulatinamente a eso “que es tan bonito e impor­tante”. Adultos que rehúsan auxiliar a los niños con rapidez en lo que les resulta difícil, anticiparse a su capacidad de iniciativa, manipular sus sentimientos o encasquetar en su pensamiento explicaciones adul­tas. No obstante, serían adultos que tendrían un interés verdadero por estar «en la misma onda» que el niño, no para poder dirigirle mejor, sino para preparar convenientemente, paso a paso, el ambiente en con­cordancia con sus verdaderas necesidades.
Si en nuestras charlas con profesores y con padres hablamos de límites lo hacemos porque para nosotros las interacciones entre nece­sidades, entorno adecuado, correcta dedicación y límites representan «nuevos horizontes de pensamiento». Humberto Maturana describe de forma inigualable estas relaciones en su libro Amor y Juego, y no deja de señalar que cada vez que se logra una relación que coo­pera con los auténticos procesos vitales se están diseminando las semi­llas para una nueva cultura.
Para poder sentirlo y compenetrarnos con ello deberíamos, en la medida de lo posible, intentar olvidar el significado que los límites han tenido en nuestra propia tradición y en nuestra propia historia: prohibiciones, advertencias, amenazas, requerimientos para respetar los derechos de los demás, llamadas a nuestro yo “mejor”. Y todo ello en un entorno que sólo en ocasiones estaba en armonía con nuestras necesidades personales y en el que hemos tenido que adaptarnos enormemente a las expectativas de los demás para apresar nuestra parte de dedicación y de reconocimiento.
Tan sólo podemos deducir las consecuencias que supondría una nueva cultura que se tome en serio los procesos de desarrollo de los niños, que confíe plenamente en ellos y que por lo tanto coopere con ellos de forma decisiva. Ésta podría ser muy bien una cultura en la que la vida familiar sería considerablemente más armoniosa de lo que podemos imaginarnos. Con toda seguridad habría menos estrés y enfados; menos palabras, acciones y gestos que de forma inconscien­te obedecen a hábitos adquiridos contra los que los niños protestan con más o menos severidad, pero contra los que nadie hace realmente nada. En una cultura de este tipo no volveríamos a vivir la resigna­ción paulatina ni la lucha abierta o subliminal contra el mundo que en la actualidad representa un problema para nosotros. Incluso desa­parecerían por sí solos algunos de los llamados impedimentos y tras­tornos de conducta.
En su lugar, los niños y los adolescentes utilizarían como tram­polín nuestros entornos preparados en los que también los adultos asumirán un lugar importante para poder "lanzarse al agua fría» con alegría de vivir y valor renovados, volver a descubrir el mundo, expe­rimentar cosas nuevas. Entonces, seguramente tendríamos menos aca­démicos sin puesto de trabajo, pero más personas independientes que no vivirían de la ayuda social, sino que estarían preparados para solu­cionar con creatividad todo tipo de problemas.
Estos niños y adolescentes interesados y emprendedores «mirarían a su hogar» siempre con una sensación positiva y en él encontrarían el origen de su alegría de vivir. No dejarían de estar «bajo nuestro techo» y comentarían con nosotros sus penas y sus alegrías. Durante su juven­tud se tomarían el tiempo necesario para buscar sus propios intereses, para descubrir qué quieren hacer en la vida con plena responsabilidad y perseverancia. Y finalmente, tras estos años de búsqueda y de corre­rías, verían como prioridad, y sin conflictos internos, la disposición de preparar para su propia familia un entorno lo más adecuado posible.
En esta nueva cultura habría con toda segundad nuevas relacio­nes con las personas mayores. Apenas se tendría la necesidad de «dejar­las a un lado» con mayor o menor suntuosidad, puesto que después de haber pasado toda una vida rodeados de amor y de respeto mutuo, ¿porqué no íbamos a incluir a los abuelos –siempre que ello sea posi­ble- en los asuntos familiares y públicos?
¿Cuántas madres agobiadas desearían poder compartir la respon­sabilidad que su ponen sus hijos con sus madres o con sus suegras si tuvieran una buena relación con ellas y no pasaran el tiempo sermoneándose sobre cuáles la mejor forma de tratar a los niños? Po­dríamos imaginarnos que en una cultura en la que la cooperación y el respeto mutuo forman parte de la vida diaria, más gente mayor viviría con los jóvenes y que ambos podrían servirse de ayuda entre sí. Y cuando ello no fuera posible, las personas que viven en resi­dencias de la tercera edad podrían seguir teniendo contacto con los niños-siempre que las fuerzas se lo permitan y así lo desee n-, hacer manualidades con ellos, contarles historias o simplemente dedicar­les algo de su tiempo. Así las personas mayores podrían hacer mu­chas cosas a las que los padres no alcanzan en su lucha por la vida. En estas tareas se incluirían los «ejercicios sensomotrices» para las perso­nas mayores que se ofrecen en algunas residencias con fines terapéu­ticos como reacción contra la reducción de neuronas
Es posible que a muchos todo esto les parezca un cuento de hadas o una novela futurista. Pero precisamente en este género se han pro­nosticado en numerosas ocasiones perspectivas de nuevas realidades. Por suerte se trata también de una visión que hoy en día es compar­tida por un número de personas cada vez mayor, aunque éstas se encuentren localmente muy dispersas entre sí. Personas que buscan tratarse entre ellas con respeto en residencias de la tercera edad, en jar­dines de infancia, en proyectos escolares o en situaciones laborales.
 
Mi reconocimiento a 4 madres blogueras que me han inspirado para esta lectura y este post:
Patricia de Ojitos que Brillan,  fue tu lista de lectura la que me presentó a Rebeca Wild.
Noraya de El rumor de las libélulas, tu post del otro día me animó a releer el libro.
Lucre de Experiencias de una madre Pikler, tus entradas (y tus fotos) me ayudan con los entornos preparados.
Carol de Con ojos de madre, tus sueños son también los míos.
 

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿humor? ¡reir para no llorar!

Este no es un post para quedar bonito, no es un post con palabras bonitas, porque para mí el tema es de todo menos bonito.
Este es un post escrito desde las entrañas, estas que hace pocos meses acogieron la vida de un ser humano, estas entrañas fértiles e inteligentes de vida que lo alimentaron, le cobijaron y le parieron.

Esta mañana comencé mi día con un precioso post editado por Lady A  en el que hablaba de las experiencias de la comadrona Pepi Domínguez atendiendo partos en casa.
Como la noche y el día, el siguiente post que he abierto ha sido la denuncia las viñetas de la gaceta electrónica de la SEGO del Parto Es Nuestro

¿Por dónde empiezo a expresar lo que siento?… metro cincuenta y pico, delgada, cuarentona, primeriza… vamos, todos los boletos para un parto intervenido. Suerte que soy curiosa y me informé, suerte que en mi familia ecológica hay un montón de madres que compartieron sus partos conmigo y me apoyaron, suerte que decidí pasar de los fatalistas y hacer caso a mis entrañas y seguir mi instinto y tuve un parto respetado. Un parto en el que me nací como madre y como mujer.
¿Por qué cuento todo esto? Para que quede claro que soy una mujer normal y que si yo pude parir naturalmente, cualquier mujer puede. Siempre que se viva en un entorno en el que se comparta la información, en el que se viva desde la salud, no desde el miedo a la enfermedad, en el que se respete la naturaleza cíclica de la mujer y los valores de la maternidad, en el que prime el respeto y no la mofa.

Sí, soy una de esas afortunadas que ha tenido un “parto ideal”. Quizá no debería ocuparme más del tema, quizá podría optar por la vía fácil del “sálvese quien pueda”. Y sin embargo, cada vez que leo la historia de un parto no respetado, de un nacimiento no respetado me embarga la tristeza y comienzo a llorar. No lo puedo evitar, da igual donde esté, se me llenan los ojos de lágrimas, se me hace un nudo en la garganta, se me hunde el pecho de dolor.
Y luego siento el calor subir por mi vientre, el hormigueo correr por mis manos y me lleno de rabia. Si, una rabia que me ruge desde las entrañas, una rabia que me hace aullar ¡BASTA YA! ¡RECUPEREMOS NUESTRO CUERPO! ¡RECUPEREMOS NUESTRO PODER!

Basta ya de permitir que se mofen de nosotras, que nos infantilicen, que nos humillen, que nos desinformen, que nos atemoricen, que nos traten como cosas.
Basta ya de permitir que nuestros hijos vengan a este mundo entre ruido y metal, drogados con hormonas sintéticas, cogidos por manos ajenas, separados cruel e innecesariamente del único referente que tienen, nuestros cuerpos.
Basta ya de que nuestra sexualidad femenina sea tratada como una enfermedad, que nos acusen de histéricas cuando tenemos la regla y cuando ya no la tenemos.
Basta ya de que nos ac*j*nen mientras estamos con el c*ñ* al aire, que nos droguen, que nos corten, que nos salven  con intervenciones que no hubieran sido necesarias en primer lugar si nos dieran el tiempo y el espacio que nuestro cuerpo femenino biológicamente necesita.
Basta ya de sentirnos humilladas, vejadas, atemorizadas, culpables, desvalorizadas, castradas, cosificadas, taradas, usadas, violadas… ¡y qué encima se mofen de nosotras!

Ojo, no voy a poner toda la responsabilidad fuera. Es fácil culpar al otro y lavarse las manos. Quedarse de brazos cruzados esperando que las cosas cambien, que otr@s vengan a salvarnos.
Eso sería seguir jugando el papel de niñas, el papel de victimas. Y nosotras somos mujeres, y somos poderosas.
Está en nuestras manos cambiar las cosas, legar otro mundo a nuestr@s hij@s.
Está en nuestras manos tomar el lugar que nos corresponde, empoderar nuestra feminidad y velar por nuestros derechos y los derechos de los bebés.
Está en nuestras manos hacernos respetar como mujeres, como madres y como familias.
Está en nuestras manos apoyarnos, sostenernos, compartirnos, informarnos, cuidarnos, formar redes.
Está en nuestras manos denunciar comportamientos abusivos y vejatorios.
Está en nosotras vivir con un toque de humor, con un toque de amor, con un toque femenino empático y sanador.

Difundo las direcciones de los blog de otras madres que se han sentido igualmente indignadas ante esta “muestra de humor” y donde podéis encontrar distintas maneras de manifestar vuestra opinión:


Mireia Long  en  Bebés y Más 
Ileana en Tenemos Tetas
Nohemí  en Mimos y Teta 
Mª Covadonga en Criando Amando
Lady Vaga en Dolce far Niente
Raquel en Teteando

domingo, 18 de septiembre de 2011

comidas & alimentos


El otro día montamos en la terraza una fiesta del sabor. Aclaro que tenemos la casa enmoquetada, por lo que dejarle a nené experimentar todo lo que él desea con la comida, por mucho que nos apetezca, es a veces algo un poco complicado (para hablar claramente ¡es una guarrada!)
Así que, aprovechando nos estábamos remojando en una improvisada piscinita que habíamos montado en la terraza, cuando nené mostró interés en la manzana que yo me estaba comiendo, vaciamos media sandía para utilizarla de cuenco y le preparamos un bol con pedazos grandes de frutas  variadas. ¡qué festival!
Fue cogiéndolo todo absorto en los pedazos de frutas, tocándolos, lamiéndolos, espachurrándoles, dando grititos de júbilo, juntándolos de nuevo, mordisqueándolos, probando otros nuevos, experimentando con las texturas, los sabores, riéndose, dándonoslos a nosotros a probar…
Acabó una hora después rebozadito de arriba abajo, con una sonrisa de oreja a oreja y la panza llenita de plátano, manzana, melocotón, sandía y pera.

Viéndole disfrutar con la comida recordé una experiencia que tuve hace años y que,  aunque pueda parecer que no tiene mucho que ver con la crianza,  quería compartir con vosotr@s.

Cuando estaba estudiando Biodanza, las clases eran los fines de semana, por lo que habitualmente comíamos todos juntos. Un mes el facilitador nos propuso variar la rutina y, en lugar de irnos al bar a comer un menú, traer cada uno algo para compartir y comer en la sala.
A mediodía preparamos la “mesa”. Extendimos unos manteles en el suelo, adornamos el ambiente y fuimos colocando los platos que cada uno habíamos traído para compartir. Cuando ya estaba todo dispuesto nos sentamos en círculo para agradecer los alimentos y el terapeuta nos invitó a aprovechar la ocasión para vivir la comida como una experiencia diferente.
Nos sugirió que a partir de ese momento guardáramos silencio y nos dedicáramos con todos nuestros sentido a disfrutar de la comida. Propuso que en lugar de coger cada uno la comida que nos apetecía la señaláramos para que otro nos la ofreciera o esperásemos a que nos llegara, y que alimentásemos a otros compañeros si nos apetecía.
A medida que nos fuimos entregando a la experiencia, el ambiente de la sala fue cambiando. El bullicio dio paso a la calma, a una calma alegre, creativa, espontánea, sensual, afectiva.
Sentir cada bocado con todo el cuerpo, el sabor del alimento, su temperatura al entrar en mi boca, el olor de las manos que me lo ofrecían, sentirlo bajar por la garganta, dar tiempo para paladearlo antes de probar uno nuevo.
Mirar alrededor, descubrir a otra persona, intuir que deseaba, acercárselo a los labios, ver como todo su ser se entregaba a la experiencia de alimentarse, sin prisa, con atención, redescubriendo ese sabor, como cambiaba su cara, como su cuerpo se relajaba.
Más de la mitad de la comida sobró para la cena porque ese día nos alimentamos también de presencia, de cuidados, de afecto.
Quedamos saciados de una infinita ternura, de placer, de juego, de calma, de complicidad, de miradas.
El ser alimentados y alimentar a otro ser humano fue una experiencia profundamente intima y amorosa.
Para mí fue una experiencia sanadora que me reconectó con la alimentación.
Me dio para plantearme que era lo que me estaba comiendo cuando devoraba un bocata de cualquier cosa delante de la tele. Me dio para preguntarme de que tenía hambre realmente.

Alimentarnos va más allá de la comida. Nos alimentamos de miradas, de palabras, de caricias, de imágenes, de sonidos, de amor.
Los bebés están naturalmente conectados a esa fuente de placer corporal, viven intensamente, en un constante aquí y ahora que muchos adultos hemos perdido por el camino.
Ellos disfrutan instintivamente de la vida. Se sumergen en sus sentidos, en sus emociones y viven intensamente. Si se lo permitimos cogen lo que realmente desean en cada momento, no eligen sustitutos ni guardan para después.

 Alimentar a un bebé es más que darle las cantidades prescritas en los tiempos indicados. Alimentar a un bebé es más que darle comida. Nuestros hijos se alimentan de nosotros, de nuestra presencia, de nuestras miradas, de nuestras palabras, de nuestras caricias, de nuestro amor.
Y de la misma forma que si tienen hambre no dudarán en llevarse a la boca un chusco de pan duro, si no encuentran un alimento emocionalmente nutritivo tomarán la indiferencia, el ruido, el desencuentro, la soledad, los gritos, los rencores… y con eso crecerán.
No se trata de enseñarles, se trata de ayudarles a que no olviden lo que ya saben. Y de paso que nos lo recuerden a nosotr@s.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

cosas que me dijeron... y que me sirvieron

Me he enterado que una amiga nuestra está embarazada. El primer embarazo desde que soy madre y la noticia me ha llegado aún con más alegría, porque ahora conozco mejor la aventura en la que se embarca.
Tras la celebración inicial, casi nos echan de la terraza con el jolgorio que montamos entre toda la cuadrilla, me entraron un montón de ganas de contarle cosas con las que se encontrará, de compartir mi experiencia, de… ¿aconsejar? ¡¡horror!!
Suerte que recordé lo mucho que a mí me fastidiaban todos estos comentarios gratuitos y me puse a tiempo un corcho en la boca, esperando a ser preguntada (aunque la verdad es que casi reviento de las ganas).

Esto me dio para pensar que de las docenas de consejos que me dieron si que ha habido algunos que han sido realmente valiosos y que me han facilitado mucho la vida estos últimos meses.
Aquí los dejo para E. o para cualquier otra madre primeriza que pueda aterrizar por aquí.


1.- Pasa de los consejos
 Y con esto ya puedes cerrar la página…. hey, espera, era broma, quédate un ratito más…
En serio, la maternidad nos pone en contacto con temas nucleares y parece que todos tenemos que opinar, que tenemos que defender nuestras opciones. Es bastante probable que desde el momento que anuncies que estás embarazada, o cuando se te empiece a notar, comiencen a darte consejos no solicitados, incluso te aborden por la calle desconocidos… ante esto sobre todo confía en ti. Ten claro que tú eres la que más  sabe sobre tu hijo, sobre ti, sobre vuestras circunstancias. Escucha a tus entrañas y a tu corazón y siempre estarás en el camino adecuado para vosotros.

2.- Todo pasa
Mi top ten de los consejos, mi amuleto durante el dolor de espalda del final del embarazo, durante  las contracciones del parto, los cólicos de nené, las noches en vela…
Todo pasa y pasa rápido. Aunque en el instante en el que lo estás viviendo se te haga un mundo y no veas nada más recuerda que hay luz al final del túnel y que nada dura eternamente.
Y en los momentos divinos, recuerda también que todo pasa y disfrútalos con todo tu ser.

3.- Infórmate (sin caer en la sobre información) sobre los diferentes aspectos de la maternidad (embarazo, parto, postparto, lactancia, crianza, educación…)
Lee, habla con otras madres, consulta tus dudas, asiste a charlas…
Información es poder. Poder de conocer otras opciones, poder reflexionar, poder pensar, poder elegir.

4.- Busca tu familia ecológica.
Rodéate de otras familias que compartan tu estilo de vida y de crianza.
Para una pareja o para una mujer sola es muy difícil criar a un niño, Es muy importante la pertenencia a una tribu, contar con la presencia de otras mujeres que te den sustento, apoyo, referencia. Convivir con otros padres, con otros niños que aporten otros modelos y experiencias.

5.- Ten claro que las mujeres venimos preparadas al mundo para parir, amamantar y criar a nuestros hijos.
No son chorradas newage, es biología pura y dura. Venimos físicamente equipadas de serie. Aunque tengamos sacudirnos años de adiestramiento social y desempolvar la sabiduría femenina, el instinto maternal está presente en nosotras, vivo en nuestras entrañas, esperando para salir.

6.- Es posible que te sientas especialmente sensible y vulnerable, asustada ante un mundo desconocido que se abre ante ti. Es posible que te sientas presionada y que tengas la tentación de delegar importantes decisiones en manos de personas que “saben más”…  No permitas que nadie te usurpe tu poder, no permitas que nadie te diga que no sabes, no vales, no puedes. (Si dudas remítete al #2 y #4)

7.- Ahora que tienes tiempo piensa como quieres recibir al bebé.
Aunque si estás embarazada, es bastante probable que las hormonas no te dejen ver más allá de tu espléndida panza y que el embarazo y el momento del parto sea todo tu mundo, es una mínima parte de la maternidad.
Las primeras horas y días son muy importantes para la instauración de la lactancia y del vínculo mamá-bebé entre otras cosas.
Nosotros avisamos a amigos y familiares que durante los primeros días deseábamos estar los tres solos para conocernos y que avisaríamos cuando estuviéramos disponibles para recibir llamadas y visitas (cortas, con pocas personas y sin “café y pastas”)
Personalmente, si vuelvo a embarazarme ni siquiera diré la FPP para no sentir la presión de las bienintencionadas y estresantes llamadas de las últimas semanas.

8.- Habla con tu bebé.
Desde que esté en tu vientre, cuando lo tengas en tus brazos, cuéntale lo que va sucediendo, comunícate con él. Aunque quizá no entiende las palabras entiende las sensaciones, los sentimientos, te entiende.
Respétale desde el mismo momento que se instale en tu vientre como una persona íntegra y capacitada.
Él también te habla y te cuenta lo que necesita en cada momento. Escúchale con el corazón.

9.-Habla con tu pareja.
Habla claro, claro, clarito… ¿Qué quieres? ¿Qué sientes? ¿Qué imaginas? ¿Qué esperas? ¿Qué temes? ¿Qué necesitas? ¿…?
Nunca es tarde, si no lo hicisteis antes de concebir dedicaros durante el embarazo,  todo el tiempo que necesitéis para compartir sinceramente las inquietudes, los miedos, las expectativas de cada uno con respecto a la m(p)aternidad y hacer nuevos pactos para vivir juntos esta nueva etapa, para pasar de pareja a familia.

10.- Acude a Clases de Preparación al Parto*
Te ayudará a prepararte para el trabajo de parto y si son buenas también aprenderás sobre respiración, ejercicio, alimentación, procedimientos hospitalarios, lactancia, bebé real, papel del padre, emociones en el puerperio…
Podrás plantear dudas, miedos, estarás en contacto con otras “barrigas”, incluso puedes crear vínculos con otras mamis que te acompañen tiempo después.
Recomiendo que los futuros papás además de acompañarnos a las CPP, se busquen un grupo de padres para tener su propio y masculino espacio donde tratar de estos temas y aclarar sus dudas lejos de los ojos de las mujeres.
(* desgraciadamente por experiencia propia tengo que especificar Clases de Preparación al Parto Privadas, porque yo que fui a también a las CPP de un Hospital Público puedo asegurarnos que esas sirven para bien poco)

11.- Compra tan solo lo necesario.
O como me dijo mi madre “para criar un hijo no hace falta mucha cosa; hace falta amor, tiempo y dedicación”
¡Difícil consejo para una madre primeriza!
Depende del tipo de crianza por la que optes necesitaras más o menos cosas para sentirte cómoda; eso sí, ten en cuenta que el bebé “solo” necesita piel, leche y contacto. Vale, y pañales y ropita y… ¡ya está!, el resto ¿lo necesita el bebé o lo necesitas tú?
En serio, intenta no dejarte llevar por la compulsión porque te llenarás la casa de objetos absolutamente inútiles. Utiliza el sentido común y recuerda que las tiendas siempre están abiertas para comprar lo que realmente necesites.

12.- Invierte en el postparto.
Si no estás rodeada de una red de mujeres de confianza con las que sepas que puedes contar 100% durante el puerperio, contrata una doula. Te apoyará en estos días intensos, te dará un ancla para sumergirte en las emociones y en las nuevas vivencias con más seguridad.
¡No es tanto dinero y es salud mental!
Y… si eres una de las privilegiadas que cuentas con ayuda doméstica puedes saltarte este párrafo, si no es así empieza a ahorrar desde ya, y regálate una asistenta mínimo los 2 - 3 primeros meses, para que puedas ocuparte tan solo de tu bebé y no tengas ni que pensar en la comida, la limpieza, la intendencia…

13.- Pide ayuda… ¡y acéptala!
Sin vergüenza, sin recato, sin pudor ninguno. Pide lo que necesites: ayuda en la casa, con la comida, con la compra, un hombro para llorar, una amiga que acompañe al pediatra, una mami  que te enseñe a cambiar pañales, que te anime con la lactancia, que vele el sueño de tu bebé los 5 minutos que tardas en ducharte…
Muchas veces los que están a nuestro alrededor no saben muy bien cómo ayudarnos, están deseando participar y agradecen enormemente que les indiquemos como hacerse útiles.

14.- Acude a grupos de lactancia, de crianza, de postparto… a entornos en los que estés con otras madres y bebés.
Espacios en los que te sientas acompañada y puedas consultar todas estas dudas “ridículas” que te carcomen las primeras semanas y hablar libremente del color de la caca, de la costra láctea, del tiempo entre tomas… vamos todas esas pequeñas cosas que para ti son enormemente importantes y que en otros entornos suenan un pelín obsesivos.
Cuando lleves un par de semanas y empiece a llegar la “nueva remesa de mamis” te sonreirás al comprobar que a todas nos preocupan las mismas cosas, que vienen con las mismas preguntas con las que tú acudiste.

15.- Aunque hayas tenido un embarazo de revista, un parto orgásmico, aunque estés nominada para la mejor mamá del año recuerda que habrá momentos en los que te sentirás abrumada, desesperada, triste, sobrepasada, culpable, mala madre… y ¡es normal! Nos pasa a todas, aunque no todas lo contemos. (Acuérdate del punto #2 y #4)

16.- Cuando te equivoques, y no es por ser ceniza pero  te equivocaras,  cuando te lamentes por lo hecho o te sientas culpable por no haber hecho las cosas de otras formas, recuerda que eres la madre perfecta para tu hijo, que él te ha elegido para que le acompañes en el viaje de vida.

17.- Tu cuerpo cambiará y mucho y lo hará según las particulares necesidades tuyas y de tu bebé. Ganarás peso durante el embarazo… o no, Quizá adelgaces o quizá ganespeso durante el postparto… o no.
Respétate, respeta tu cuerpo, es tu casa y la de tu bebé, es sabio y se amoldará a vuestras necesidades reales durante el embarazo y la lactancia. Y no, no volverá a ser exactamente igual que antes… claro que tú tampoco.

18.- Cuídate todo lo que puedas y un poquito más.
Mímate  cómo si estuvieras perdidamente enamorada de ti, como estarás enamorada de tu hijo, durante el embarazo, el parto, el postparto, y en general para siempre jamás. Todo tu bienestar y felicidad repercutirá en tu hijo.

19. Cuando tengas al bebé en los brazos todo tu mundo cambiará de una manera que ahora no consigues imaginarte.
Da igual lo mucho que te prepares, cuando huelas a tu bebé, cuando le mires a los ojos algo en ti cambiará para siempre y la vida será un sorprendente fluir en el aquí y el ahora, un hacerte y deshacerte una y mil veces.



Y lo dejo aquí porque para no querer decir nada ¡vaya listado de consejos que me he montado!