domingo, 18 de septiembre de 2011

comidas & alimentos


El otro día montamos en la terraza una fiesta del sabor. Aclaro que tenemos la casa enmoquetada, por lo que dejarle a nené experimentar todo lo que él desea con la comida, por mucho que nos apetezca, es a veces algo un poco complicado (para hablar claramente ¡es una guarrada!)
Así que, aprovechando nos estábamos remojando en una improvisada piscinita que habíamos montado en la terraza, cuando nené mostró interés en la manzana que yo me estaba comiendo, vaciamos media sandía para utilizarla de cuenco y le preparamos un bol con pedazos grandes de frutas  variadas. ¡qué festival!
Fue cogiéndolo todo absorto en los pedazos de frutas, tocándolos, lamiéndolos, espachurrándoles, dando grititos de júbilo, juntándolos de nuevo, mordisqueándolos, probando otros nuevos, experimentando con las texturas, los sabores, riéndose, dándonoslos a nosotros a probar…
Acabó una hora después rebozadito de arriba abajo, con una sonrisa de oreja a oreja y la panza llenita de plátano, manzana, melocotón, sandía y pera.

Viéndole disfrutar con la comida recordé una experiencia que tuve hace años y que,  aunque pueda parecer que no tiene mucho que ver con la crianza,  quería compartir con vosotr@s.

Cuando estaba estudiando Biodanza, las clases eran los fines de semana, por lo que habitualmente comíamos todos juntos. Un mes el facilitador nos propuso variar la rutina y, en lugar de irnos al bar a comer un menú, traer cada uno algo para compartir y comer en la sala.
A mediodía preparamos la “mesa”. Extendimos unos manteles en el suelo, adornamos el ambiente y fuimos colocando los platos que cada uno habíamos traído para compartir. Cuando ya estaba todo dispuesto nos sentamos en círculo para agradecer los alimentos y el terapeuta nos invitó a aprovechar la ocasión para vivir la comida como una experiencia diferente.
Nos sugirió que a partir de ese momento guardáramos silencio y nos dedicáramos con todos nuestros sentido a disfrutar de la comida. Propuso que en lugar de coger cada uno la comida que nos apetecía la señaláramos para que otro nos la ofreciera o esperásemos a que nos llegara, y que alimentásemos a otros compañeros si nos apetecía.
A medida que nos fuimos entregando a la experiencia, el ambiente de la sala fue cambiando. El bullicio dio paso a la calma, a una calma alegre, creativa, espontánea, sensual, afectiva.
Sentir cada bocado con todo el cuerpo, el sabor del alimento, su temperatura al entrar en mi boca, el olor de las manos que me lo ofrecían, sentirlo bajar por la garganta, dar tiempo para paladearlo antes de probar uno nuevo.
Mirar alrededor, descubrir a otra persona, intuir que deseaba, acercárselo a los labios, ver como todo su ser se entregaba a la experiencia de alimentarse, sin prisa, con atención, redescubriendo ese sabor, como cambiaba su cara, como su cuerpo se relajaba.
Más de la mitad de la comida sobró para la cena porque ese día nos alimentamos también de presencia, de cuidados, de afecto.
Quedamos saciados de una infinita ternura, de placer, de juego, de calma, de complicidad, de miradas.
El ser alimentados y alimentar a otro ser humano fue una experiencia profundamente intima y amorosa.
Para mí fue una experiencia sanadora que me reconectó con la alimentación.
Me dio para plantearme que era lo que me estaba comiendo cuando devoraba un bocata de cualquier cosa delante de la tele. Me dio para preguntarme de que tenía hambre realmente.

Alimentarnos va más allá de la comida. Nos alimentamos de miradas, de palabras, de caricias, de imágenes, de sonidos, de amor.
Los bebés están naturalmente conectados a esa fuente de placer corporal, viven intensamente, en un constante aquí y ahora que muchos adultos hemos perdido por el camino.
Ellos disfrutan instintivamente de la vida. Se sumergen en sus sentidos, en sus emociones y viven intensamente. Si se lo permitimos cogen lo que realmente desean en cada momento, no eligen sustitutos ni guardan para después.

 Alimentar a un bebé es más que darle las cantidades prescritas en los tiempos indicados. Alimentar a un bebé es más que darle comida. Nuestros hijos se alimentan de nosotros, de nuestra presencia, de nuestras miradas, de nuestras palabras, de nuestras caricias, de nuestro amor.
Y de la misma forma que si tienen hambre no dudarán en llevarse a la boca un chusco de pan duro, si no encuentran un alimento emocionalmente nutritivo tomarán la indiferencia, el ruido, el desencuentro, la soledad, los gritos, los rencores… y con eso crecerán.
No se trata de enseñarles, se trata de ayudarles a que no olviden lo que ya saben. Y de paso que nos lo recuerden a nosotr@s.

23 comentarios:

  1. Cuanta razón tienes, si no encuentran alimento emocional lo sustituirán con lo que puedan.
    A nosotros no nos gusta comer en casa con la televisión puesta (de hecho pasan días sin que la pongamos últimamente), me gusta que comamos los tres en sintonía, juntos, charlando, riendo.
    Me ha encantado tu entrada, me doy cuenta de que es verdad que cuando uno está centrado en lo que come, disfrutando plenamente, la cantidad que ingiere es menor, porque no necesita más.
    Por cierto, me alegro de que disfrutaseis tanto con su variedad de frutas, terminan perdidos pero y lo bien que se lo pasan. Algo que podéis hacer en casa es poner un mantel en el suelo, debajo de donde esté comiendo nené, así no se manchará la moqueta.
    Un abrazo

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  2. En casa cuidamos mucho eso...o lo intentamos...

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  3. Totalmente de acuerdo con lo que has expuesto, ni nos alimentamos solo de comida ni la comida es solo un alimento... Yo doy mucha importancia al momento de comer, es un momento de reunión, de charla, de descanso...
    Por cierto, celebro que tu peque se entusiasme con la fruta, mi hija siempre ha huido de ella :)
    Un abrazo!

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  4. Vaya experiencia interesante esa que cuentas MaGiA! Supongo que hay que vencer unas cuantas barreras de vergüenza, no? porque en esta sociedad no estamos muy acostumbrados a tocar ni a ser tocados.. ni siquiera a dar y a recibir de esa forma.. ni de abandonarnos al placer delante de "otros".. que enriquecedor!!

    Sobre lo de alimentarnos opino como tu.. va mas alla de la comida. Me ha gustado mucho lo que dices al final "Y de la misma forma que si tienen hambre no dudarán en llevarse a la boca un chusco de pan duro, si no encuentran un alimento emocionalmente nutritivo tomarán la indiferencia, el ruido, el desencuentro, la soledad, los gritos, los rencores… y con eso crecerán."

    Y ahora que lo pienso? Yo de que me alimento? Besos!!

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  5. Carol,
    Me parece que la comida es un momento de reunión familiar importante. Yo recuerdo con cariño las comidas familiares, sin tele, todos charlando, contando las cosas del cole, comunicándonos… así me gustaría que fuera.
    Probaré con tu idea del mantel… tamaño XL ¡es increíble lo lejos que consigue lanzar la comida! ;-)
    Abrazos “menos es más”!

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  6. En eso estamos también nosotros, Patricia ;-)
    Abrazos conscientes

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  7. María,
    La verdad es que hasta ahora nené no ha hecho ascos a nada, se come todo lo que se le pone por delante ¡incluidas las plantas de la terraza! (te juro que es verdad);-)
    Abrazos mandarina!

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  8. Vergüenza no, porque fue mi grupo de trabajo durante años, aunque entiendo lo que dices ;-) Precisamente Biodanza trabaja para rescatar lo autentico de cada uno desde el placer, desde las vivencias positivas, desde la corporalidad y las emociones.
    La verdad es que es una experiencia que recomiendo, si se hace con consciencia da para disfrutar y para descubrir un montón de cosas de una misma ¿Acepto lo que me ofrecen? ¿Prefiero alimentar? ¿Qué hago cuando no obtengo la comida que quiero? ¿Paro cuando estoy llena? ¿Disfruto de la comida igual independientemente de quien me la ofrezca? ¿Cómo me siento cuando ofrezco un alimento al otro y este no lo quiere?...
    Creo que sería muy chulo hacer un picnic de este tipo con otras mamis, dejar por un rato el rol de nutridoras y ser también cuidadas y alimentadas, poder acercarnos al placer que sienten los bebés cuando les alimentamos desde la corporalidad y la vivencia propia, no solo desde la información cortical… uy, me estoy poniendo terapeútica ;-)
    Abrazos de pan recién horneado (de ese de pueblo que huele tan bien)!

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  9. Eso estaría genial MaGiA.. seria vernos desde una perspectiva muy interesante y.. olvidada. Desde ahora la tengo en mente ;)

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  10. Que linda experiencia. Coco por suerte come de todo, siempre experimentando, le hace feliz desparramar comida por todos lados, por suerte todo ceramicos el piso por acá =)

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  11. Anónimo19/9/11

    No se lo que EL estaba sintiendo, pero verle como "COMIA" es algo digno de recordar, en bolicas, con su manzana,platano,sandia, juguillo de todas las frutas y la libertad de hacer lo que queria sin otra preocupación que expresar la alegria que sentia, porque es privado, pero una imagen vale más que mil palabras y Yo cada día veo las imagenes y me "DESCOJONO"

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  12. Genial experiencia... La comida no es solo alimento físico, como tú bien dices... pero es que, además, cuando son pequeñitos la comida es un juguete más, muy interesante, siempre cambiante y que les proporciona un montón de experiencias impagables.

    Para practicar más con la comida ahora que viene el mal tiempo, un consejo importado de las islas británicas: colocar una cortina de baño en el suelo debajo de la trona donde come el peque... Así es mucho más fácil de limpiar y tiene más libertad para experimentar ;-)

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  13. qué bonito Magia!!! El peque justo hace una semana probó sus primeros spaghettis con tomate, bueno, los comió él, el suelo, la mesa, mi pelo... ante todo le dejamos explorar, jugar... que después toca limpiar, lo sé... pero viene después.

    Y lo del picnic, soy la primera en apuntarme!!!! Esperadme ok!

    Besos con tomate!

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  14. Me encanta tu entrada. Yo viví una experiencia muy parecida cuando hacia la formacion de Gestalt.
    Para nosotros el momento de la comida es un momento en familia, sin tele y con conversación. Y eso que el peque tiene justo 7 meses...pero sólo con sentarlo en la mesa ya siente que forma parte de nuestra familia, que es uno más. De hecho, si nos sentamos a comer sin él, protesta...

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  15. Hermosa entrada! me encantó que tu peque pudiera disfrutar de esa manera libremente! Bellísimo!!!! me gusta mucho tu blog, palabras aparte ;)

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  16. Mica,
    Ainss, cómo me gustaría tener cerámica o parquet ;-)
    Abrazos desparramados

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  17. Querido anónimo… o… ¡bienvenido padre!
    Porque estabas al otro lado de la webcam, que si no después de comer hubiera tenido que meteros en la bañera a los dos ;-DDD
    Abrazos filiales!

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  18. Eloísa,
    Me ha gustado mucho lo de “juguete siempre cambiante”.
    Probaré con una cortina de baño de colorines… ¡como su mantita pikler de comida!
    Abrazos experimentales

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  19. Sarai,
    Para que te voy a engañar ¡la verdad es que yo me lo paso casi también como el!
    Abrazos” te esperamos”!

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  20. Mireia,
    Aquí otra gestáltica ;-D!!!
    Comer sin nené… imposible… consigue meter las manos en los platos de todas todas.
    Abrazos aquí y ahora!

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  21. Gracias Maternarte!
    A mi me encantan tus post y ... ¡tu cara me suena! ;-D
    Abrazos klimt!

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  22. Genial, como siempre!! En experimentar uno mismo están todos los secretos de esta vida!!
    Me ha maravillado la experiencia que compartes y me deja pensando, es cierto, no sólo nos alimentamos de comida. De hecho, muchas veces comemos o dejamos de comer por suplir otras carencias o excesos.
    Gracias por compartir! Besitos

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  23. Gracias Coco ;-)
    Es lo que nené me recuerda cada día ¡el mundo es un laboratorio lleno de objetos preciosos con los que experimentar!
    Gracias a vivencias como estas he conseguido reconocer que si como de más es porque estoy triste, o que si estoy angustiada no me entra nada… y sabiéndolo puedo separar la comida de las emociones y alimentarme de pan… y de abrazos!

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