sábado, 24 de septiembre de 2011

Libertad y límites. Amor y respeto.



El libro “Libertad y Límites. Amor y Respeto.” de Rebeca Wild es uno de esos libros que debería leerse antes de antes de ser madre.  Aunque bien pensado si los contenidos educativos de este libro se hubieran llevado a la práctica años atrás, nosotras ya no necesitaríamos leerlo, porque los conceptos de libertad, respeto, limites y amor estarían tan arraigados en nuestro interior que surgirían de forma espontánea, que la mayor parte de las dudas y la culpabilidad que acompañan actualmente a la maternidad y a la crianza no existirían.

Tanto en este libro como en sus otros libros, Rebeca hace referencia al entorno preparado. Vale, confieso que cuando compré el libro esperaba encontrarme con una guía práctica que me facilitase la vida, pues no es el caso, o si…
Desde luego no he encontrado recetas sobre cómo poner límites, que decir o como actuar en determinadas situaciones para “enseñar respeto”, no he encontrado fotos para amoldar un espacio, ni directrices sobre tapar los enchufes o proteger las esquinas… porque el entorno preparado abarca no solo el plano físico sino sobre todo el emocional.

Un entorno preparado pasa por conocer las auténticas necesidades de los niños en cada etapa de desarrollo. Requiere saber cómo es el proceso de maduración psicobiológico  y como potenciarlo y, desde ahí, poner todas las herramientas a disposición de los niños para que interactúen con ellas; sin dirigirlos, permitiendo que se sientan libres para seguir su propio, único y auténtico proceso de maduración y desarrollo.
Al mismo tiempo un entorno preparado necesita de la autoobservación de los adultos que interactuamos con ellos, nos invita a aprender cada día y ser más conscientes de nuestros verdaderos motivos, de nuestras expectativas y nuestras carencias y hacernos cargo de ellas en lugar de traspasárselas "con todo nuestro amor" a los niños. Precisa de una familia ecológica, de una sociedad basada en el respeto en la que los niños puedan tener diferentes modelos, distintos espejos emocionalmente disponibles en los que mirarse y apoyarse.

Todo esto supone una mayor implicación en la crianza, dejar al lado todo lo aprendido y embarcarnos en una aventura en la que ir creciendo con y junto a nuestros hijos. Nos insta a dejar a un lado la comodidad de depositar su bienestar en manos de otras personas y responsabilizarnos de acompañarles en su crecimiento, supone salirse de la actual educación orientada al tener y poner nuestro empeño en que enseñarles a conocer, a hacer, enseñarles a convivir, a ser.

A continuación os copio un fragmento del libro. Me ha sido difícil escoger el texto porque de verdad que el libro entero es para paladearlo. (Las negritas son mías)
 
Si ahora nos atrevemos a adentrarnos en el tema «limites», no pode­mos olvidar lo que realmente queremos decir con ello. En todo caso, no lo que la mayoría de nosotros ha experimentado, es decir, límites como medio de coacción para hacer o dejar de hacer según lo que otros esperaban de nosotros, o límites como última medida de seguridad, ya que el entorno no estaba preparado para satisfacer nuestras auténticas necesidades. En este sentido estoy de acuerdo: antes de que las cosas se tornen insostenibles. Amenacen peligros, nos ponga­mos nerviosos unos a otros de forma insufrible, antes de llegar a ese punto es recomendable marcar límites.

Cuando en las páginas de este libro intente marcar límites con relación a la libertad, al amor y al respeto, mi intención es no dejar de revisar el entorno con gran detenimiento, siguiendo la expresión de que «los semáforos no se colocan en los dormitorios», compara­ción a la que acudimos en muchas de nuestras charlas con adultos «víctimas de los límites». Los límites sólo adquieren un sentido real para nosotros cuando tenemos totalmente en cuenta la dinámica exis­tente entre el organismo, en sus más diversos estados, y un entorno más o menos adecuado a él. Establecemos una condición básica para que un entorno sea adecuado a un auténtico desarrollo: debe ser relajado, es decir, no debe incluir exigencias ni riesgos activos, y las expectativas que nosotros tenemos de otras personas e incluso de los niños, aun cuando no queramos admitirlo, no deben determinar nuestro comportamiento en este nuevo entorno
Esta definición es un hueso duro de roer ya que mete el dedo en la llaga: en todo entorno, esté o no esté preparado de forma afec­tuosa, los adultos representan el peligro más activo para los niños, a no ser que hayan tomado la decisión de reconocer y respetar los pro­cesos de desarrollo. Esta afirmación, en apariencia atrevida, es acep­table si tenemos en consideración en qué medida los niños realmente dependen del amor de los adultos.
Incluso nos atrevemos a decir que para sobrevivir un niño nece­sita más el amor que la alimentación. Esta perspectiva permite enten­der lo sencillo que resulta agriar una relación afectuosa cuando no va aparejada con respeto. Pero ¿respeto a qué? Ésa es precisamente la cuestión que debe establecerse. Pues cuando nos planteemos real­mente en serio que la interacción de cada organismo con el entorno debería proceder de su interior, de lo que se trata es de tener en cuenta de forma especial esta circunstancia. No obstante, esta deci­sión nos sitúa en una extraordinaria contraposición con numerosas preocupaciones que en teoría son "por el bien del niño” y que han llevado hasta el florecimiento de una práctica pedagógica notable que ayuda a los niños a lograr resultados que se espera de ellos de la for­ma más fácil y efectiva posible.
Nuestra visión de un entorno adecuado para niños sería incom­pleta sin la presencia atenta, respetuosa y no directiva de adultos. Adul­tos que no dirigen a los niños aquí y allá de forma afectuosa, ni que dirigen su atención paulatinamente a eso “que es tan bonito e impor­tante”. Adultos que rehúsan auxiliar a los niños con rapidez en lo que les resulta difícil, anticiparse a su capacidad de iniciativa, manipular sus sentimientos o encasquetar en su pensamiento explicaciones adul­tas. No obstante, serían adultos que tendrían un interés verdadero por estar «en la misma onda» que el niño, no para poder dirigirle mejor, sino para preparar convenientemente, paso a paso, el ambiente en con­cordancia con sus verdaderas necesidades.
Si en nuestras charlas con profesores y con padres hablamos de límites lo hacemos porque para nosotros las interacciones entre nece­sidades, entorno adecuado, correcta dedicación y límites representan «nuevos horizontes de pensamiento». Humberto Maturana describe de forma inigualable estas relaciones en su libro Amor y Juego, y no deja de señalar que cada vez que se logra una relación que coo­pera con los auténticos procesos vitales se están diseminando las semi­llas para una nueva cultura.
Para poder sentirlo y compenetrarnos con ello deberíamos, en la medida de lo posible, intentar olvidar el significado que los límites han tenido en nuestra propia tradición y en nuestra propia historia: prohibiciones, advertencias, amenazas, requerimientos para respetar los derechos de los demás, llamadas a nuestro yo “mejor”. Y todo ello en un entorno que sólo en ocasiones estaba en armonía con nuestras necesidades personales y en el que hemos tenido que adaptarnos enormemente a las expectativas de los demás para apresar nuestra parte de dedicación y de reconocimiento.
Tan sólo podemos deducir las consecuencias que supondría una nueva cultura que se tome en serio los procesos de desarrollo de los niños, que confíe plenamente en ellos y que por lo tanto coopere con ellos de forma decisiva. Ésta podría ser muy bien una cultura en la que la vida familiar sería considerablemente más armoniosa de lo que podemos imaginarnos. Con toda seguridad habría menos estrés y enfados; menos palabras, acciones y gestos que de forma inconscien­te obedecen a hábitos adquiridos contra los que los niños protestan con más o menos severidad, pero contra los que nadie hace realmente nada. En una cultura de este tipo no volveríamos a vivir la resigna­ción paulatina ni la lucha abierta o subliminal contra el mundo que en la actualidad representa un problema para nosotros. Incluso desa­parecerían por sí solos algunos de los llamados impedimentos y tras­tornos de conducta.
En su lugar, los niños y los adolescentes utilizarían como tram­polín nuestros entornos preparados en los que también los adultos asumirán un lugar importante para poder "lanzarse al agua fría» con alegría de vivir y valor renovados, volver a descubrir el mundo, expe­rimentar cosas nuevas. Entonces, seguramente tendríamos menos aca­démicos sin puesto de trabajo, pero más personas independientes que no vivirían de la ayuda social, sino que estarían preparados para solu­cionar con creatividad todo tipo de problemas.
Estos niños y adolescentes interesados y emprendedores «mirarían a su hogar» siempre con una sensación positiva y en él encontrarían el origen de su alegría de vivir. No dejarían de estar «bajo nuestro techo» y comentarían con nosotros sus penas y sus alegrías. Durante su juven­tud se tomarían el tiempo necesario para buscar sus propios intereses, para descubrir qué quieren hacer en la vida con plena responsabilidad y perseverancia. Y finalmente, tras estos años de búsqueda y de corre­rías, verían como prioridad, y sin conflictos internos, la disposición de preparar para su propia familia un entorno lo más adecuado posible.
En esta nueva cultura habría con toda segundad nuevas relacio­nes con las personas mayores. Apenas se tendría la necesidad de «dejar­las a un lado» con mayor o menor suntuosidad, puesto que después de haber pasado toda una vida rodeados de amor y de respeto mutuo, ¿porqué no íbamos a incluir a los abuelos –siempre que ello sea posi­ble- en los asuntos familiares y públicos?
¿Cuántas madres agobiadas desearían poder compartir la respon­sabilidad que su ponen sus hijos con sus madres o con sus suegras si tuvieran una buena relación con ellas y no pasaran el tiempo sermoneándose sobre cuáles la mejor forma de tratar a los niños? Po­dríamos imaginarnos que en una cultura en la que la cooperación y el respeto mutuo forman parte de la vida diaria, más gente mayor viviría con los jóvenes y que ambos podrían servirse de ayuda entre sí. Y cuando ello no fuera posible, las personas que viven en resi­dencias de la tercera edad podrían seguir teniendo contacto con los niños-siempre que las fuerzas se lo permitan y así lo desee n-, hacer manualidades con ellos, contarles historias o simplemente dedicar­les algo de su tiempo. Así las personas mayores podrían hacer mu­chas cosas a las que los padres no alcanzan en su lucha por la vida. En estas tareas se incluirían los «ejercicios sensomotrices» para las perso­nas mayores que se ofrecen en algunas residencias con fines terapéu­ticos como reacción contra la reducción de neuronas
Es posible que a muchos todo esto les parezca un cuento de hadas o una novela futurista. Pero precisamente en este género se han pro­nosticado en numerosas ocasiones perspectivas de nuevas realidades. Por suerte se trata también de una visión que hoy en día es compar­tida por un número de personas cada vez mayor, aunque éstas se encuentren localmente muy dispersas entre sí. Personas que buscan tratarse entre ellas con respeto en residencias de la tercera edad, en jar­dines de infancia, en proyectos escolares o en situaciones laborales.
 
Mi reconocimiento a 4 madres blogueras que me han inspirado para esta lectura y este post:
Patricia de Ojitos que Brillan,  fue tu lista de lectura la que me presentó a Rebeca Wild.
Noraya de El rumor de las libélulas, tu post del otro día me animó a releer el libro.
Lucre de Experiencias de una madre Pikler, tus entradas (y tus fotos) me ayudan con los entornos preparados.
Carol de Con ojos de madre, tus sueños son también los míos.
 

12 comentarios:

  1. Wow MaGiA, me he quedado de piedra cuando he leido los ultimos parrafos del libro.. es el mundo que soñamos! Que alegria.. como dice Rebeca cada vez somos mas.. repartidas por todo el mundo (mientras escribo sonrio :) ). Tengo que leerme este libro! no ha caido en mis manos nada de Rebeca Wild todavia pero ese concepto del entorno preparado me ha llamado poderosamente la atencion.

    Millones de gracias por ese reconocimiento amiga, me hace sentir muy muy orgullosa de inspirar post como este a una mujer MaGiCa como eres tú ;)

    Besos y abrazos enormes.

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  2. No conocía este libro, y de su autora la verdad es que tampoco mucho. Muchísimas gracias por tomarte la molestia de transcribirnos este trozo del libro.
    Yo estoy segura de que si fuésemos conscientes de todo lo que dice, empezando porque el amor para los niños, para el ser humano, es fundamental, sin amor no hay vida. Creo que todo cambiaría, conectarísmos unos con otros, adultos y niños y las cosas irían realmente bien en la tierra.
    Yo también quiero soñar que estoy puede ser real.
    Un besazo

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  3. Hermosa e interesante perspectiva, gracias por compartirlo!

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  4. Hola Carol,
    De nada amiga! Realmente me inspiras ;-) Cuando leía tu post el otro día me acordaba de este libro y quería hacértelo llegar.
    Si puedes hazte con los libros de Rebeca, creo que te van a encantar.
    Abrazos lectores!

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  5. Hola Carol,
    Traspaso las gracias a mi hombretón que fue quien se curró el escaneado y la corrección ;-)
    Recomiendo a R. Wild. Sus libros son cortitos, dinámicos y potentes y dan una nueva perspectiva.
    Abrazos soñadores!

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  6. Hola MaGIA, yo también lo estoy leyendo, a raiz del post de Noraya. Efectivamente, tal como dices, no es un libro de "recetas mágicas" pero sí te enseña mucho.

    Al leerlo, básicamente me está reafirmando mi experiencia con Marina y mi visión de la crianza.

    Un abrazo,

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  7. Anónimo27/9/11

    Es un libro espectacular!

    www.creciendocondavid.com

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  8. Gracias tesoro...no lo había visto, siempre aprendiendo, todos los días. Te recomiendo Educar para Ser, en concreto el capítulo "Educar y sentir"

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  9. Estoy ansiosa de leer este libro gracias por el adelanto! los limites me estan costando porque me deslumbra las capacidades de mis hijos...estoy absorta, maravillada, soprendida y entusiasmadas pero es verdad que los tengo que acompañar responsablmente a ellos en sus descubrimientos y eso incluye cuidadorlos...Pero no se que limites? y porque? Encarge el libro porque no esta en argentina, espero que llegue pronto! gracias por prestarnos un parrafo, POR ENRIQUECERME COMO MADRE Y GRACIAS POR MENCIONARME!!!!! te mando un beso grande, grande, lucre

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  10. Upps! Se me había pasado contestar vuestros comentarios… ¡mil perdones!

    Marga,
    Si, parece que Noraya y yo (y unas cuantas más) vamos leyendo los mismos libros… ¡sincronía! Los temas de los que trata este libro (son) eran parte de mi sombra y me he aclarado un montón. Y claro, para enseñar algo primero hay que aprenderlo… ;-)
    Abrazos familiares

    De nada Patricia,
    Mientras recupero “Educar para Ser” (¿a quién se lo habré prestado?) estoy acabando “calidad de vida”… me ha removido hasta los cimientos… ¡lástima que NIDIA nos quede tan lejos!
    Abrazos libertad

    De nada Lucre,
    Realmente aprendo un montón contigo (con vosotros)… ¡nos abristeis las puertas Pickler! hasta encontrarte solo había leído teoría y al ver la práctica, no dudé ni un instante que ese era nuestro camino ;-)
    Espero que te llegue pronto y que disfrutes tanto como yo con él. A mi me cambió el concepto de límite y desde entonces todo es muuuucho más fluido.
    Abrazos amorosos

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  11. MaGia ¡Lo acabo de ver! Ya sabes que a mi me ha cambiado la vida!
    Me encanta!
    Un abrazo enorme y que pases un ańo muy feliz lleno de risas y mimos!

    Noraya
    "El Rumor de las Libélulas"

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  12. Noraya,
    desde que escribí este post he vuelto a releerlo ¡la verdad es que es un libro que da para mucho! a mi me está ayudando a interiorizar esas palabras, a darles cuerpo dentro de mi y dejarlas fluir hacia fuera de nuevas formas ;-)
    2012 abrazos de risas y libertad!

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