jueves, 27 de octubre de 2011

matronas: mano sobre mano.

Os aviso de antemano, la entrada de hoy es un tanto caótica. Me gustaría ser capaz de explicar  todo lo que siento de una manera más ordenada pero, cosas del puerperio, últimamente no estoy especialmente inspirada en las formas.
Aun así desde hace mucho tiempo quiero escribir sobre las comadronas. Lo he ido dejando porque no sé muy bien cómo enfocarlo, porque cuando pienso en las mujeres que me atendieron en el parto me sale una sonrisa y me quedo sin palabras. 
“…En la antigua cultura greco-romana, el oficio de matrona era desempeñado por un amplio número de mujeres, entre las que se incluían aquellas de edad avanzada que continuaban siguiendo la tradición médica popular en los poblados del Imperio romano, matronas entrenadas cuyo conocimiento emanaba de distintas fuentes, y mujeres con un alto grado de formación que eran consideradas médicos femeninos. Tal y como describe el médico Soranus en el siglo II d.c. en su trabajo Ginecologia, una “buena” matrona tenía que aglutinar las siguientes características: culta, inteligente, poseedora de una buena memoria, amante de su trabajo, respetable y sin ninguna incapacidad que disminuya la percepción de sus sentidos (p. ej. vista, olfato, oído) hasta impedirle realizar su labor, con los miembros intactos, fuerte y, de acuerdo con algunos, con dedos largos y finos que acaben en una uña corta. Soranus también recomienda que la matrona muestre una actitud comprensiva (aunque no es necesario que haya dado a luz) y que mantenga sus manos suaves, con el fin de mejorar la comodidad de la madre y el hijo. Plinio, otro médico contemporáneo, valoraba la pertenencia a la nobleza así como la tranquilidad y la discreción en una matrona. Es difícil encontrar en la antigüedad una mujer que poseyera esta combinación de psique, virtud, habilidad y formación, por lo que parece que en estos tiempos existían tres grados diferentes de matrona. El primero era aquellas mujeres que conocían la técnica; el segundo ampliaba su conocimiento con la lectura de algunos textos sobre obstetricia y ginecología; pero el tercero era un profesional intensamente formado y considerado un especialista médico en la atención a la mujer…”

Reconozco que antes de sumergirme en el planeta mamá no conocía demasiado el trabajo de las comadronas, de las parteras o de las doulas. Sabía que hacían un seguimiento del embarazo y acompañaban durante el parto y postparto y poco más.
Y cuando me he adentrado en su mundo me he quedado sorprendida y admirada con su labor.

Quizá puedo comenzar definiendo lo que para mí NO es una comadrona. Desde luego una comadrona no es la señora que acompaña a la ginecóloga durante la consulta y se dedica a escribir las recetas o a facilitarte los resultados de las pruebas sin mirarte a los ojos en ningún momento. Una comadrona no es la mujer que se pasea por los paritorios haciendo el recuento de los goteos, facilitando enemas, haciendo tactos o diciendo lo verde que estás y lo mucho que te queda por sufrir.
Aunque estas mujeres tengan la titulación, para mí no son comadronas, más bien son burócratas sanitarias.

Dicho esto puedo seguir con mi definición totalmente subjetiva de lo que es una comadrona.
Me vais a permitir que meta en el mismo saco a comadronas y doulas. Si, ya sé que las doulas se centran más en un acompañamiento emocional, mientras que las comadronas (o matronas o parteras) tienen los conocimientos médicos  y anatómicos para atender todo el proceso del embarazo.
En mi cabeza tienen una raíz  común, siento que de alguna manera son guardianas del poder femenino, del conocimiento instintivo, herederas ambas de las brujas matriarcales.

En la sociedad que hemos creado, en la que mayoritariamente valoramos la acción, en la que medimos la propia capacidad por lo que sabemos, tenemos, demostramos… para mí las matronas son un soplo de aire fresco. Una demostración revolucionaria y silenciosa del valor del ying, del poder de la receptividad,

No sé qué llevará a estas mujeres a elegir la partería como profesión. Imagino que tiene que brotar de una vocación de servicio, porque las parteras de las que yo hablo no tienen días libres, ni horarios, ni turnos. Están comprometidas y están cuando las necesitas y durante el tiempo que las necesites.
Las matronas que conozco se han pasado años estudiando, muchas veces en el extranjero; años practicando en hospitales o en consultas privadas y siguen actualizándose y formándose. En muchas ocasiones lejos de ser reconocidas son penalizadas y tienen que trabajar al margen del sistema
A muchas de ellas las podéis encontrar también por la web aconsejando gratuitamente en diferentes foros de crianza.

Estas comadronas tienen interiorizados los conocimientos del proceso de parto y saben atenderlo sin necesidad de recurrir a instrumentos, aunque conociendo cómo utilizarlos  de ser necesario. Sus principales herramientas son una presencia serena y amorosa y la increíble habilidad de sentarse mano sobre mano, haciendo nada.
Estas matronas no precisan de público ni de honores, no necesitan mostrar su valía apropiándose de partos ajenos.  Son como ninjas silenciosas capaces de retirarse discretamente, de mimetizarse con el entorno, de devolver el poder y el protagonismo a la parturienta y, al mismo tiempo, estar atentas a todo lo que está sucediendo, adelantándose a cualquier imprevisto, apoyando cualquier miedo, protegiendo a la madre y al bebé, atestiguando y alentando el parto y el nacimiento.

Y según han ido pasando los meses y yo me he ido construyendo como madre he conseguido entender otra función más de estas mujeres, quizá más sutil aunque igual de importante, el facilitar la conexión de las mujeres con el propio poder y con el instinto, el abrir las puertas a una maternidad presente, confiante y respetuosa, el representar la esencia de la madre universal, siempre nutridora y sustentadora de vida.
Quizá también por esto se llamen co-madres.

jueves, 20 de octubre de 2011

¡te echo de menos!


Adan y Eva de Tamara de Lempicka
Esta mañana me he encontrado por el pasillo con el padre de nuestro hijo y me he percatado de lo mucho que te echo de menos.
Sin saber muy bien cómo se han ido colando entre nosotros días ocupados de rutinas de padre y madre, y hoy al verte me he dado cuenta que hacía ya tiempo que no te miraba.
Es una sensación extraña. Nos siento en parte más unidos y cercanos que nunca, creando y criando juntos el fruto de nuestro amor, y al mismo tiempo habitantes de dos universos paralelos, que aunque muy próximos no consiguen tocarse nunca.

Echo en falta todas esas cosas sencillas que antes llenaban nuestros días y para las que ahora no encontramos hueco: nuestras charlas al volver del trabajo, nuestras tardes de cine acurrucados en el sofá con un bol de palomitas, las mañanas de domingo  perezoseando entre mimos y sábanas revueltas, las noches durmiendo abrazados, las excursiones en patines, los atardeceres en la montaña, los picnic en la playa, los bailoteos por la sala, nuestras correrías locas de castor y ardilla… ¡hasta echo a faltar tus videos frikis!

Sé que volveremos a tener tiempo para encontrarnos con calma, para disfrutarnos, para compartirnos nuevamente.
Mientras tanto hoy solo quiero que sepas que te echo de menos amoreko, que nos echo mucho de menos.


domingo, 16 de octubre de 2011

¡vamos a la cama!


Este es un post de batín y pantuflas por doble motivo, porque es un poco de andar por casa y por que va de sueño.
A ver, a mi hay cosas que no me caben en la cabeza ¿a qué tanta insistencia en enseñar a los niños a dormir? ¡los niños ya saben dormir!
De hecho los bebés vienen equipados de serie para dormir, porque el sueño es una de las necesidades fisiológicas básicas del cuerpo humano. Vamos que ¡si no duermes te mueres!
Y digo yo que después de millones de años de evolución desarrollando una maquinaria perfecta, no iba la naturaleza a obviar ese “pequeño detalle” y olvidarse de equiparnos con un sistema para regenerarnos diariamente.
Y yendo un poco más allá, y si creemos en una naturaleza inteligente y a favor de la vida, precisamente en un momento en el que el cerebro está aún en construcción el sueño de los bebés debería ser aún más afinado y competente.

Creo que hasta aquí tod@s de acuerdo. Entonces  ¿Porque hay tanta polémica con el tema del sueño?
Fácil. Yo al menos no le veo mucha más historia. El drama con el sueño infantil es que los niños no duermen igual que dormimos los adultos.
Aunque pensándolo bien los bebés tampoco comen como lo hacemos nosotros y sin embargo a nadie se le ocurriría darle a un recién nacido, que tiene el estómago del tamaño de una canica, los 200ml que nos podemos beber nosotros de un trago. ¿Entonces porque queremos que duerman como nosotros?

Las fases del sueño infantil son distintas de las del sueño adulto y son cambiantes. Van evolucionando como el movimiento, como el habla, como otras muchas funciones. Van pasando por diferentes etapas, van variando según el crecimiento y las necesidades. Y por supuesto no son matemáticamente iguales en cada niño.
Y aún así seguimos empeñados con el tema… ¿Cuántas veces oímos eso de “mi niño de 2 meses duerme tooooda la noche seguida”?... ¡leyenda urbana!

Los niños se despiertan varias veces durante la noche y es natural. Se despiertan porque tienen menos fases de sueño, porque son más cortas y porque todavía no han aprendido a encadenarlas unas con otras. Se despiertan para alimentarse, porque necesitan comer con más frecuencia. Se despiertan porque evolutivamente están programados para “estar alertas” a los posibles peligros y asegurarse que su cuidador está cerca para protegerles.

Ahora creo que tod@s coincidiremos en que cuando un niño duerme, duerme como un tronco. Lo puedes llevar de la silla del coche a la cama y ni pestañea. Cuando un bebé tiene sueño se queda dormido en cualquier sitio con una facilidad pasmosa. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de dormirnos sentados en mitad de una cafetería abarrotada de gente hablando a grito pelado?
Eso sí, cuando no tienen sueño ya les puedes cantar la nana más soporífera, el cuento más largo, arroparles con la manta más suave… ¡que no hay tu tía! Aunque ¿tú te duermes de inmediato si te apagan la luz en el momento de máxima intriga de tu novela de misterio o cuando faltan unos minutos para saber si tu equipo se ha clasificado?... pues eso…

Así pues seamos coherentes y no digamos que los bebés no saben dormir y tenemos que enseñarles.
Seamos sinceros y reconozcamos que queremos enseñar al bebé a obviar su naturaleza y a aprender a dormir como nosotros queremos que duerma (de un tirón) y cuando nosotros queremos que duerma (estooo, de 8 de la noche a 10 de la mañana ya me está bien),
Al menos seamos honestos y asumamos que lo que realmente buscamos es que los bebés se amolden a nuestras necesidades de adultos que están agotados de toda la jornada trabajando dentro y/o fuera de casa y que necesitan un rato de descanso y una buena noche de sueño para enfrentar un nuevo madrugón.
Eso sí recordemos que estamos obligando al bebé a hacer por nosotros eso que nosotros no queremos hacer por el: respetar los ritmos de sueño.

lunes, 10 de octubre de 2011

amor de madre



El amor de madre no se puede explicar con palabras, porque ni un millón de palabras alcanzarían para nombrarlo. Ahora lo sé, porque ahora lo siento.
El amor de madre es eterno como un cielo estrellado, inmenso como el mar, es fértil como las praderas, fuerte como las montañas, antiguo como el mundo.
El amor de madre todo lo puede, todo lo llena. Me calienta por dentro, me hace vibrar, me llena de fuerza. Me anima a explorar territorios que antes no imaginé, a caminar nuevas sendas con el corazón ligero y esperanzado.
El amor de madre no sabe de condiciones, ni de razones, ni de raciones; no conoce el tiempo ni el espacio, el amor de madre ES.

El amor de madre toma infinitas formas de brazos que sostienen, labios que besan, pechos que alimentan, ojos que contemplan, manos que acarician, cuerpo que acoge, alma que sonríe, entrañas que protegen fieras.
El amor de madre no se acaba nunca, se alimenta a sí mismo en cada instante y va creciendo y se desparrama cálido allá  por donde pasa, porque el amor de madre no teme agotarse.

Tangle Tree de Natasha Wescoat
El amor de madre es una semilla germinada, que ha florecido rehaciéndome por dentro, renombrando mi universo, protegiéndonos del calor y del frio, de prejuicios y métodos, de futuros y pasados, de temores y dudas, gracias al poder de tu presencia.
El amor maternal es un árbol con fuertes raíces hundidas en la tierra que nos recuerdan de dónde venimos, con ramas altas y fuertes para trepar y tocar el cielo. El árbol del amor maternal está lleno de manzanas para ser comidas sin miedo, de olores exóticos, de texturas frescas, de colores intensos, está lleno de vida sonriente que habita sus ramas y nos trae noticias de otros mundos. Está enredado con otros arboles, tejiendo bosques y selvas, llenando el mundo de vida y posibilidades.

Y con lágrimas en los ojos pienso que todos hemos sido amados, al menos durante un segundo, con este amor sin condiciones y sé que ya puedo mirar el mundo con los ojos limpios, sabiendo que para tod@s nosotr@s hay esperanza porque el amor maternal nos nutre generoso.

Gracias por elegirme como madre, gracias por abrir mi corazón a un universo de amor infinito.

sábado, 8 de octubre de 2011

lactancia materna: ¡por arte de MaGiA!


fOtÓgRafO: Howard Schatz
La lactancia materna me fascina y me sorprende. En serio, para mí eso de que salga leche de mis pechos es un milagro de la misma categoría que pulsar un interruptor y que se encienda la luz.
Seré un tanto naïf, a mí me sigue pareciendo cosa de magia. Eso de que mi cuerpo recoja todos los nutrientes y los convierta en un liquido que alimenta,  que está siempre disponible ¡y que además sabe bien!… Lo que yo digo poción de Brujas Blancas.

Antes de estar embarazada, nunca le había prestado mayor atención a mis pechos. Allí estaban, discretos, lo suficientemente grandes para llenar dignamente un escote y no tanto como ser constantemente objeto de miradas indiscretas, la excusa perfecta para llenar un par de cajones de bonita lencería… y poco más.
Cuando me quedé embarazada cobraron vida de repente, aumentaron de tamaño, se volvieron más sensibles, más receptivos sexualmente…  ¡esplendorosos!
Fueron creciendo durante todo el embarazo, cambiando de forma, de tamaño, de color, de tacto.
Más o menos a los 6 meses de embarazo comencé a tener calostro. Estas primeras gotitas amarillas me sorprendieron enormemente y le dieron cuerpo a mi maternidad, sacándola del mundo de lo abstracto, de la fantasía y haciéndola más real.

A partir de este momento, si tuviera que ubicar corporalmente mi maternidad la anclaría en mis pechos.
Es a partir de mis pechos desde donde me he ido redescubriendo como madre y como mujer. Y me he llenado de un nuevo respeto hacia mi cuerpo femenino, que no solo es capaz de crear vida ¡también es capaz de mantenerla!

La lactancia me ha ayudado a recuperar confianza en mi cuerpo femenino, a reencontrarme con él (conmigo) desde el amor, a comprenderlo mejor y a quererme más, a maravillarme con él, a darme cuenta que ¡es perfecto!
¡Nuestro cuerpo es una maquinaria de una precisión exquisita, inimitable, bella, poderosa, sabia y absolutamente perfecta! Así, como es, sin poner ni quitar nada. Un cuerpo redondo, acogedor, envolvente, calentito, nutricio, generoso, blandito, firme, sostenedor, inteligente, autoregulado, fluido, vivo, cambiante.

Si tienes alguna duda de si amamantar o no… no lo dudes, al menos inténtalo ¡hazte ese regalo!

miércoles, 5 de octubre de 2011

La Revolución de las Rosas

Llegados a este punto da igual cuando y como empezó, lo importante es reconocer su existencia, lo necesario es ponerle nombre, voz y saber que hay prácticas que aun siendo habituales no son normales.
Es momento de hablar para sanar, de reconocer para cambiar, aunque asumir responsabilidad duela. Para que ninguna mujer más necesitemos pasar por la experiencia de prácticas vejatorias, irrespetuosas o violentas, sintiéndonos además avergonzadas y culpables y sin ni siquiera poder reconocernos víctimas, sin contar con el apoyo y la comprensión para superar nuestro dolor.

La violencia es violencia. No admite excusas ni paliativos. La violencia es dura y cortante por mucho que queramos maquillarla o suavizarla. La violencia contra las mujeres no es solo cosa de mujeres porque todos hemos tenido una madre, una abuela y much@s de nosotr@s tenemos mujeres, hijas, hermanas.

Hoy deposito aquí una rosa para MaGiA, traída al mundo desde las entrañas de su madre con prisas y ventosa para que el ginecólogo llegara a tiempo a la verbena de San Juan.
Primera de las muchas violencias “sin importancia” que he sufrido y de la que siempre llevaré el recuerdo en forma de una cicatriz coronando mi cabeza.

Traigo una rosa para mí, y un ramillete para las mujeres de mi estirpe; sirva para sanar y trasmutar  la violencia obstétrica.

Y para todas las mujeres comprometidas, que esgrimen rosas y amor como armas de vida y poder, comparto un poema

La primera noche
ellos se acercaron y cogieron una flor
de nuestro jardín,
y no dijimos nada.

La segunda noche
ya no se escondieron,
pisaron las flores, mataron nuestro perro
y no dijimos nada.
Hasta que un día
el más frágil de ellos
entró sólo en nuestra casa,
nos robó la luna, y
conociendo nuestro miedo
nos arrancó la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada,
ya no podemos decir nada.

(V. Maiakowski, poeta ruso, 1893-1930)

 
Si estais hartas de callar y queréis participar podéis encontrar información sobre las diferentes iniciativas de  La Revolución de las Rosas en el blog y en la página de Facebook