domingo, 20 de noviembre de 2011

de comienzos y finales


El tiempo es algo curioso. Un día eres parte de una pareja y, un segundo y dos rayitas rosas después, te has convertido en una familia. A partir de ahí el tiempo toma una nueva dimensión.
Para comenzar comienzas a contarlo en semanas: llegas ilusionada a la eco de las 12 semanas y comienzas la cuenta atrás hasta la 40, intentando cuadrar en tu pensamiento semanas y meses. Pasas noches ilusionada, soñando como será, cuál será el día de su nacimiento, hasta que un día sientes que ha llegado el momento y en unas horas pasas de estar embarazadísima a tener un bebé en los brazos.

Y ahí el tiempo da nuevamente un vuelco: los días y las noches se mezclan y, durante semanas te olvidas del reloj y entras en un limbo de tiempo algodonoso, de tetadas, sonrisas, llantos, juegos, pañales y mimos eternos. No sabes qué hora es y la verdad es que te importa un carajo.
Y van pasando los días, los ritmos se van ajustando a algo ligeramente parecido a lo que eran antes, comienzas a percatarte de los amaneceres y los anocheceres, empiezas a tener unas pautas reconocibles en el día,  y de repente, sin saber cómo han pasado 16 semanas y tienes que volver al mundo del reloj, lo cual es como aterrizar en medio de un desfile marcial después de un after festivalero.

Nuevamente recolocas tu reloj interno, haces malabares para cuadrar a kronos y kairos y con un poco de suerte te divides en dos sin caer en una esquizofrenia profunda. Retomas los horarios de entradas y salidas, corriendo de un lado a otro para no llegar tarde a las diferentes citas, e intentas encontrar cada día un rato para sumergirte de nuevo en ese universo en el que el tiempo se mide en cosquillas, en risas, en cuentos, en juegos… Con mucha suerte y voluntad felizmente consigues permanecer un poquito más en ese mundo de tiempos elásticos.

Y un día, pasados varios meses, porque para entonces ya has vuelto a contar el tiempo en meses, te das cuenta que tu bebé está dejando de ser bebé, que las sonrisas ya son carcajadas, que los balbuceos comienzan a formar palabras, que ya no permanece horas en tus brazos sino que se gira, se sienta, gatea y comienza a dar sus primeros pasos.
Un día de estos, miras las fotos de recién parida, de recién nacido, y te das cuenta de cómo ha pasado el tiempo, como se ha escurrido entre los dedos sin que te dieras ni cuenta.

Y así vas quemando etapas, la vida sigue fluyendo, igual que siempre. O casi.
Aunque parezca que has vuelto a la rutina, que los días vuelven a ser ordenadamente iguales, ya no vuelven a ser como antes. Vives cada día intensamente, porque cada día hay nuevos descubrimientos y sabes que mañana será diferente, que estos momentos nunca volverán y que merece la pena disfrutarlos intensamente. No sabes cómo has adquirido esa habilidad para desapegarte, para entregarte al momento, para atesorar los movimientos únicos que vienen y van, para fluir con los acontecimientos y reinventar las rutinas a cada instante.
Y te recuerdas vagamente de niña, cuando no entendías el reloj de los adultos, cuando la hora no importaba, porque un rato duraba las horas que te sentabas a mirar los renacuajos moverse en la charca y una eternidad era lo que tardaba mamá en acudir junto a tu cama cuando la llamabas por la noche.
Añoro esos tiempos porque lamentablemente ahora el tiempo sí que importa, de momento sí que vivo sujeta al reloj y solo tengo 24 horas.


El otoño ha traído consigo un montón de cambios a nuestras vidas. Después de 6 meses de reincorporarme al trabajo finalmente han comenzado a devolverme mis funciones, por lo que mis mañanas vuelven a estar llenas. Por las tardes hemos retomado los encuentros en el grupo de crianza y está siendo divertido y enriquecedor.
Y en este nuevo ciclo, con trajín agotador, por el momento no consigo escatimarle al reloj el rato que necesito para dedicárselo al blog.
Estas últimas semanas he intentado aferrarme a este espacio virtual, de dedicarle el tiempo que me apetecía, de sacar unos minutos para estar con vosotras, para contaros, para escucharos. Finalmente he reconocido que ahora no es posible, que ahora tocan otras cosas.
Así que hoy os escribo para deciros que por un tiempito estaré ausente, sumergida en esta nueva etapa. No sé si serán días o semanas, sé que espero que sea breve porque he disfrutado mucho estos meses (¡6 meses!)  y ya os estoy echando de menos.
Mientras tanto… ¡abrazos llenos de abrazos!

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Conciliación Real ¡Ya!: creando una nueva realidad


No iba a escribir un post al respecto porque creo que a estas alturas es de sobra sabido por tod@s que el movimiento Conciliación Real ¡YA! además de página en FaceBook y BLOG tiene WEB propia.
No es que no me parezca importante, todo lo contrario, sino más bien que no me parecía necesario, no sabía que podía yo añadir a todo lo que ya se ha escrito.

Pues bien… ¡craso error! Mientras existan mujeres y hombres que nos veamos obligados a elegir entre una vida familiar y un trabajo, mientras existan bebes y niños que sufran desamparo y soledad emocional durante los primeros meses de vida porque sus m(p)adres necesitamos ausentarnos de su lado durante interminables jornadas laborales para sobrevivir… será necesario que hablemos de Conciliación Real ¡YA!

Agradezco a todas las mujeres y hombres que llevan semanas dedicando ilusión, energía, tiempo y esfuerzo a un proyecto del que vamos a beneficiarnos tod@s como personas y como sociedad.

Ell@s han recogido las voces de muchos de nosotr@s y han plantado las semillas de un sueño. Ahora nos toca a nosotr@s mimarlo, regarlo, difundirlo, darle voz y cuerpo, hacerlo crecer hasta que su clamor y su presencia sean tan fuertes en nuestra sociedad, que nos resulte imposible seguir obviando el problema y entre todos encontremos la forma de integrar la familia y el trabajo.

Puede parecer lejano o imposible, probablemente también se lo parecería a M. Luther King cuando dio su discurso "Yo tengo un sueño" en 1963…

domingo, 6 de noviembre de 2011

Una Nueva Maternidad

La semana pasada acabé de leer “Una Nueva Maternidad”. En lugar de devorarlo de una sentada he ido leyendo un capitulo al día para deleitarme y tener espacio para meditar sobre lo leído.
He reído, he llorado, me he emocionado y me sentido identificada en prácticamente todos los textos.
Ha sido especialmente emotivo reencontrarme con un par de post que leí en la web hace varios años, que me dejaron huella y a los que les había perdido la pista.

He visto reflejadas casi todas mis inquietudes sobre la maternidad y la crianza. Algunas directamente relacionadas con la forma que hemos elegido para gestar y criar a nené: la concepción consciente, el parto respetado, la lactancia, el piel con  piel, el porteo, el colecho, la educación desde el respeto… Otras sobre los cambios que para mí a supuesto  nacer como madre: la revolución espiritual femenina, el reencuentro con mi cuerpo, el aceptar y reconocer y acoger a mi niña herida y mi sombra… Otras sobre la sociedad en la que vivimos: conciliación laboral, reparto de tareas, economía, consumismo, eco feminismo, enfoque adultocéntrico…

Hoy he comenzado a leerlo de nuevo. Esta vez con boli en mano para hacer anotaciones al margen porque he decidido que lo voy a customizar y se lo voy a regalar a nené.
Lo voy a meter en su “caja del tiempo” para que, si algún día quiere saber cómo era el mundo cuando él era bebé y yo madre, pueda leerlo con sus propios ojos, más allá de los velos de mi memoria.

Y espero cuando lo lea (si lo hace) este tiempo le resulte tan increíble como cuando yo pienso en mi propia infancia cuando mi madre, como otras muchas mujeres, no trabajaba porque “las mujeres casadas respetables no hacen eso” y  los padres “no hacían cosas de mujeres”, cuando éramos más de 40 niños por aula y la profe te soltaba sin pestañear un tortazo “por tu bien”, cuando… ¡no había tele en color y mucho menos ordenador o teléfono móvil! ;-)

Y proyectando en el futuro, imagino a nené hecho un hombre con una sonrisa en los labios, sacudiendo la cabeza y pensando ¡Madre mía! ¡Menos mal que os  atrevisteis a soñar con una nueva maternidad! ¡Qué bueno que decidisteis crear un mundo mejor!

miércoles, 2 de noviembre de 2011

em-poder-arte: el arte de descubrir el propio poder.

Hoy os propongo un mini-test a lo "revista femenina"… ¿cuántas de estas capacidades posees?
  • Poder de decisión propio.
  • Acceso a la información y los recursos para tomar una decisión apropiada.
  • Una gama de opciones de donde escoger.
  • Habilidad para ejercer asertividad en toma de decisiones colectivas.
  • Un pensamiento positivo y la habilidad para hacer cambios.
  • Habilidad para aprender y para mejorar tu propio poder personal o de grupo.
  • Habilidad para cambiar las percepciones por medios democráticos.
  • Capacidad para mejorar tu auto imagen y superar la estigmatización.
  • Capacidad para iniciar e involucrarte en un proceso de crecimiento y cambios continuos.

Estas son las capacidades que constituyen el proceso de empoderamiento, según la wikipedia “el proceso que habilita a alguien a ganar poder, autoridad e influencia sobre otros, las instituciones o la sociedad” y yo añadiría… y sobre uno mismo.
Así que, si has visto como tuya alguna de estas habilidades, y sé que sí… ¡eres una mujer EmpOdeRada!

fotógrafo: Howard Schatz

Creo que no había oído la palabra empoderar hasta que no comencé a visitar  blogs y webs maternantes, o al menos no recuerdo haberla escuchado.
Reconozco que las primeras veces no me gustó, me resultó dura y fuera de lugar, no entendía que tenía que ver poder con maternidad. Aclaro que para mí (telita con lo mío) la palabra poder tenía un sabor amargo, estaba asociado con codicia, abuso, sumisión, despilfarro, injusticia…
Después de leer entradas de Ileana y Violeta (entre otras muchas) sobre este término comencé a amigarme con él y a buscar más información. 
Sorprendentemente cuando entre en la RAE me encontré con que ¡la palabra empoderar está  oficialmente endesuso!
Me resultó irónico y muy significativo que el sinónimo sugerido para empoderar (conquistar derechos y, con ellos, fuerza, poder para tomar sus propias decisiones y asumir el control de sus vidas) fuera apoderar (dar poder o permiso una persona a otra para que la represente).
No acabo yo de ver claro cómo se puede equiparar el dar poder con conquistar el poder.
También me llamó la atención que el vocablo empoderar haya recobrado protagonismo gracias  a través de las luchas políticas del siglo pasado por la igualdad de los derechos civiles de las minorías, que haya resurgido para nombrar la necesidad de hacernos cargo de nuestro propio poder, tanto individual como colectivamente.


Han pasado los meses y empoderar ha dejado de ser sólo una palabra para convertirse en una vivencia íntima, en una sensación que comenzó durante el embarazo y que ha ido acrecentándose desde entonces.
Cuando comencé a informarme y a definir mis opciones de crianza, cuando seguí mis instintos y opté por un parto respetado, cuando decidí que el mejor sitio para nené era en mis brazos, junto a mi pecho y en nuestro lecho me re-apropie un poco más de mi cuerpo y mi alma, recuperé mi poder femenino.
Me he dejado despeinar, me he removido por dentro, he derribado mis muros de certezas y discursos ajenos y me he reencontrado con mi parte más auténtica, esa que estaba por ahí perdida, temerosa  y cómodamente escondida tras las miradas de los otros. Y desde aquí he emprendido mi camino, con mis aciertos y equivocaciones, a ratos fluido, a ratos difícil… siempre mi camino.
Me doy cuenta que cada decisión que he ido tomando me ha ayudado a reafirmarme, a confiar en mí, a escucharme más… a descubrir el arte del poder, de mi potencial creativo y vital, de mi capacidad para co-crear la vida que deseo para mí y de influir en el entorno que me rodea. "Tan sólo" por hacerme cargo de mi misma y atreverme a ser yo.
Cada vez que he hecho oídos sordos a opiniones sobre cómo se hacen las cosas, cada vez que he pasado de “lo normal”, cada vez que he decidido atreverme a seguir mi corazón aún perdiendo amigos, he ganado otras madres y familias que me han enriquecido con sus vivencias, porque el empoderamiento es contagioso y busca rodearse de otras almas que vivan cooperando en lugar de acatando.

Puede que parezca una loca romántica, aunque para esto siempre he tenido olfato y siento aires de cambio. Oigo cada vez más alto el zumbido de voces antes silenciosas que se van atreviendo a hablar desde el amor y el respeto, desde la ciencia y la pasión.
M(p)adres que defienden el derecho a la lactancia materna exclusiva y prolongada, que presentan planes de parto subversivos, que denuncian la violencia obstétrica, que presentan alternativas educativas, que se atreven a "saltar el rio", que reniegan del consumismo desaforado, que exigen una conciliación real de la vida familiar y laboral…
Mujeres que podemos decir sin rubor que la maternidad nos ha empoderado.