miércoles, 25 de julio de 2012

despedida y cierre: ¡queda des-inaugurado este blog!




Me faltan horas para jugar, para subirme a los árboles, hacer castillos de arena, meter las manos en agua, apilar ramas y piedras, hacer rodar coches y volar aviones, leer cuentos, inventar canciones, sumergirme en el universo de mi bullicioso hijo.
Me faltan horas para arrebujarme junto a mi compañero, para hacernos carantoñas, susurrarnos tonterías, cenar sin prisas y con música, pasear bajo la luna naranja de agosto, amarnos despacio y largo, rencontrar el hilo dorado que une nuestras almas y liar nuevos sueños cómplices.
Me faltan horas para sentarme a hacer nada, para leer moreneándome en la terraza, para salir a cenar con las amigas, para volver a pintarme las uñas de los pies, para darme un masaje (y otro más por puro vicio), para bailar hasta caer rendida, para pasarme toda la mañana colgada al teléfono hablando con mi gente.
Me falta tiempo para escribir en mi diario, para pensar, para entrar dentro de mí y rencontrarme con esa nueva yo que está creciendo, para desenredar las pasiones nuevas y entretejerlas con las rencontradas, para peinar las alas, para tejer los sueños y echarlos a volar, para materializar los proyectos que me hacen vibrar.
Secuelas de haber encontrado la pasión por la vida. ¡Me falta tiempo para Vivir!

artista: Margarita Sikorskaia
Aunque no me engaño. No es tan solo cuestión de tiempo.
Sé que ha llegado el momento de cerrar este espacio, de recogerme, de reposar lo aprendido, de hablar y mirar para dentro en lugar de hacia fuera, de saborear con calma lo que resta del puerperio, de aclarar ideas y sentimientos y tomar fuerzas para iniciar nuevos proyectos que vienen rondándome y reclaman espacio y energía. Es mi momento de cerrar este círculo para poder avanzar en la espiral.
Lo sé desde hace semanas y aun así me he resistido a despedirme.
Y ahora que lo escribo soy consciente de las similitudes entre este hecho y la etapa por la que mi hijo está pasando ahora mismo, alejándose de un espacio de referencia en el que se siente comprendido, seguro y nutrido para explorar poco a poco lo desconocido.
Sí, me resulta curioso comprobar como la empatía va en doble dirección, como 19 meses después seguimos siendo una diada que nos movemos en el mismo sentido aunque sea en diferentes planos.

¡Ya me he vuelto a ir por las ramas! ainsss, como me cuesta desapegarme.
Siento una mezcla de tristeza y alegría. Porque crianza corporal para mí no es un tan solo un blog, es un espacio simbólico, un nido en el que me he recostado mientras yo misma me hacía nido y el volar fuera, aun siendo decisión propia, me ilusiona y apena al mismo tiempo. Cosas del crecer, imagino.

artista: Chelín Sanjuan
No es necesario decir mucho más. En realidad con el título hubiera sido suficiente. Y sin embargo este espacio no existe porque sea necesario, sino por placer, y deseaba despedir este pedacito de mí con la misma ilusión y mimo con la que lo abrí.

Incluso con más mimo, porque llegue hasta aquí desnuda, sin saber muy bien por o para que, guiada tan solo por la fragancia de la fraternidad y la franqueza que intuía en la blogsphera maternal,  y ahora me voy envuelta en un capullo de seda de sentires compartidos, arropada con vuestras palabras, nutrida con vuestros comentarios, emocionada con vuestras visitas, acompañada por nuevos vínculos.
Aquí, en la red virtual, he encontrado durante todo este año una tribu real y junto a vosotras he descubierto mi genuina manera de maternar. Formáis parte de las raíces con las que ahora creo mis alas. Sois parte de mi familia ecológica.

Gracias a todas las que os habéis cruzado en mi camino durante este tiempo. Y a todos. Ha sido un descubrimiento y un placer conoceros.


¡un enorme y mágico abrazo
de cuerpo y alma!
artista: Margarita Sikorskaia
¡hasta siempre comadres!

jueves, 19 de julio de 2012

mi vida conmigo



Bajo las escaleras del metro, deseosa de llegar a casa después del trabajo. A mitad de tramo, entre el tumulto de gente apresurada, veo a una mujer cargando a pulso una sillita con un niño de un año, al tiempo que intenta convencer a otro niño de unos dos añitos, para que no se pare y la permita avanzar.
Lleva en los ojos esa mirada de desesperación e impotencia que en muchas ocasiones vestimos las madres.
Empatía de madre. Me dirijo hacia ella.
-“¿Te ayudo?” - y tiendo las manos para sujetar entre las dos el carrito.
-“No, mejor ayúdale a el a subir” me dice con una sonrisa de alivio, señalando al niño mayor.  Me agacho a la altura del niño y le ofrezco la mano
-“¿Te ayudo a subir?” “¡Noooo! ¡Quiero a mamá! ¡¡¡Quiero a mi mamá!!!” – chilla - “¡hace mucho viento!”  - me dice en voz más bajita.
-“¡Ahh, en eso yo si puedo ayudarte!” Y con una maño estiro el pañuelo floreado que llevo al cuello y hago una vela que se infla con la corriente de viento que hay en el túnel.
El niño me mira y se ríe.
-“Corre, corre, escóndete del viento” “Ánimo, ven, que cabemos los dos” - y siguiendo los movimientos del pañuelo subimos los escalones hasta llegar arriba.
-“Gracias”, me dice la madre.
-“No es nada”.
Sonrío y comienzo a bajar de nuevo.
A mitad de camino oigo la voz del niño “¡Grassiasss!”.

Cuando llego al andén me doy cuenta que estoy llorando. La mirada y la risa del niño me han tocado el alma. ¿¡¿Gracias?!?
Soy yo la que me siento enormemente agradecida por su “¡Grassiasss!”, por su confianza, por su alegría.
Infinitamente agradecida y sorprendida por esté bolsón de maga lleno de recursos que  me ha crecido de no sé donde y que ahora (casi) siempre está repleto de palabras y juegos que hace tan solo un par de años ni en sueños se me hubieran ocurrido.
Siento que la emoción me desborda y contengo las lágrimas hasta que llego a casa. Necesito intimidad para dejar aflorar todas estas sensaciones que me embargan.
Es cruzar la puerta de casa y comienzan a fluir como un torrente. Sollozo desde dentro, recorrida por un coctel de emociones que ya ni intento definir. Me siento al mismo tiempo alegre, triste, aliviada, dolorida, confusa, vibrante, lúcida, agotada, asombrada… ¡¿¡viva!?!

Lo confieso, de un tiempo a esta parte cada día me sucede algo que me conmueve, me trastoca, me refresca. Mi vida es un tiovivo de encuentros fortuitos, “coincidencias”, “causalidades”.
Se me posan las libélulas en las manos, me vienen a visitar a la cocina los colibríes, me cito a ciegas con otros blogueros y parece que nos conociéramos desde siempre, hablo con conocidos de toda la vida y me suenan extraterrestres, mi blogroll parece el oráculo y siempre me encuentro el post con las palabras que necesito escuchar  en ese momento…
Es una sensación difícil de describir, algo así como las cosquillas en la nuca, placenteras e inquietantes al mismo tiempo.

Tal vez por este acumulo sincronicidades estos días me siento extranjera en mi piel. Como si no cupiese en mi propio cuerpo. Pero no en plan de "he engordado unos kilos y no me entran los pantalones". No, es más bien una sensación que recuerdo vagamente de cuando era niña, algo así como "¡se me han quedado cortos los pantalones!"
Y ahora que lo pienso tampoco es bien, bien así, sino quizá justo lo contrario. Es como si mi alma se hubiera ensanchado y necesitara más cuerpo para albergarla. Aunque probablemente estaba ahí, tímidamente encogida, y era mi cuerpo el que había crecido a mujer dejando mi alma de niña abandonada en el camino.

Increíblemente maravilloso. Algo así como descubrir nuevas habitaciones en mi propia casa. Habitaciones que siempre han existido y que llevaban tiempo cerradas. Y de repente las puertas se van abriendo y voy descubriendo nuevos salones, tal y como los dejé de niña. Algunos aún brillantes y luminosos, otros sombríos y destartalados. Un montón de nuevos espacios que habitar. Rencuentros ineludibles.
Hay días que explorándolos encuentro arañas bajo la alfombra y salgo corriendo asustada a esconderme tras las cortinas. Otros me topo con dragones que me invitan a subirme a su lomo y volar hacia nuevos horizontes.
A veces nené se viene también conmigo en estos viajes y me ayuda a desempolvar los salones con su risa y su inocencia, con su llanto y su frescura,  desenterrando juntos los tesoros escondidos.


Ilustraciones: Michael Parkes
No sé si esta creatividad arrolladora y esta sensibilidad a flor de piel serán cosa del puerperio.
Sé que con la maternidad me estoy trasformando por completo.
Sé que cada día me siento un poco más plena y, aunque a ratos me duela crecer, cada día disfruto más de mi vida conmigo.






















miércoles, 11 de julio de 2012

una palmadita en los dedos


¡Perpleja! Perpleja me encuentro con el comentario de una madre que defiende dar "una palmadita en los dedos" que seguir dialogando para que su hijo no toque el enchufe.
Más perpleja aun cuando descubro que esa madre también es educadora en una escuela infantil.
Un golpe es un golpe y no hace falta poner el ojo morado para que duela en el alma.
Un golpe es un golpe y puede que "aprenda" a no tocar el enchufe, y puede que también aprenda que pegar es una manera legítima de conseguir lo que deseas.
Y me da igual sonar radical. Basta de vendas, basta de excusas. La violencia es violencia. Los gritos, los insultos, las amenazas, las palmaditas son violencia.
Banalizar comportamientos que no toleraríamos entre adultos porque se dirijan a niños es violencia.
Yo prefiero seguir dialogando aunque sea mil veces más agotador. Porque confío en que los niños son capaces de entender las cosas, porque hay muchas vías para educar respetando la integridad del niño, porque me parece incoherente mal-tratar a un niño y luego exigirle que a su vez no pegue e insulte a otros niños y a otros adultos.

*No contextualizo el texto porque no es mi intención personalizar. Este es uno de los muchos comentarios que veo y oigo cada día restándole importancia al castigo físico o emocional en los niños. Es ese laissez faire el que me pre-ocupa.

sábado, 7 de julio de 2012

Maternar desde la esencia.

Cuando estaba embarazada, sobre todo hacia el final, había momentos en los que me asaltaban las dudas y las inseguridades sobre mis futuras capacidades como madre. Me resultaba muy difícil imaginarme como madre real de un bebé real de esos que comen, lloran y cagan.
Me preguntaba en que consistía exactamente eso de ser madre y si sería capaz de hacerlo. Me parecía una gran responsabilidad y me asustaba no “estar a la altura”. Deseaba por encima de todo ser una “buena madre”. ¡ingenua de mi que todavía creía que existían las “buenas madres”!
Ahora me río al pensarlo pero en aquel momento realmente me agobiaban seriamente cuestiones prácticas ¿Cómo narices cambiaré un pañal sin acabar de mierda hasta las orejas? ¿Cómo lo cogeré sin que se me resbale? ¿Cómo bañaré al bebé sin ahogarlo? ¿Cómo sabré si llora de hambre, de frio, de sueño?...
Y yo pensaba ¡pero en que lío me he metido! si no tengo ni idea de cómo cambiar un pañal a un bebé ¿como voy a ser capaz de educar a un niño (¡ingenua de mi que aún pensaba que a los niños había que educarlos!)?
Sí, me sentía torpe y superada, hablando en plata acojonada.
Un día una paciente amiga, madre de dos niñas, a la que cosía a preguntas me dio una respuesta que me ha servido hasta hoy:
“Tranquila, cuando llegue el momento sabrás hacerlo, es fácil, es natural: se es madre exactamente como se es persona”

Hoy, 18 meses después, solo haría una matización, somos madres como somos personas en esencia.
Realmente no hay nada que hacer para ser madre, porque madre se es de la misma manera que se es persona y se es mujer.
Por eso cualquier consejo, método, tendencia  que venga dictada desde el exterior, sea del corte que sea, acaba causándonos mas confusión, dolor, culpabilidad si no está en consonancia con nuestra manera de ser. La crianza no es cuestión de voluntad sino de conciencia. Lo único que podemos hacer para “educar” a nuestros hijos es educarnos a nosotras mismas... ¡y disfrutar del camino!

viernes, 29 de junio de 2012

29 de junio, Día Mundial del Sueño Feliz: velando por nuestros sueños


Estás cansada. Llevas semanas sin dormir más de tres horas seguidas. Nadie te había dicho que al convertirte en madre no ibas a descansar en condiciones durante tanto tiempo. O sí te lo habían dicho, pero pensaste que eran exageraciones. Ya no te acuerdas. Últimamente no puedes pensar con claridad. ¿Será el cansancio? Sí, contabas con tener todos los días ocupados,  pero ¿¡también las noches!? En eso no habías caído y se te está haciendo muy, muy duro.
Y parece que eres la única. Todas las mamas del parque cuentan lo bien que duermen sus niños desde que nacieron ¡de un tirón, oye! A las 8 de la noche los ponen en su cuna y hasta las 8 de la mañana no se despiertan. Y tú por un momento sueñas en cómo sería tu vida si tuvieras 12 horas libres al día. ¡Te dan ganas de llorar solo de imaginártelo!
Y te sientes rara, rara, rara.  ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y porque mi hijo no se duerme como los otros? ¿Le estaré malacostumbrando? ¿Por qué quiere quedarse dormido tan solo en mi regazo? ¿Y por qué se despierta cada 3 horas? ¿Tendrá hambre? ¿No tendré suficiente leche? No, no parece que sea hambre, porque hay veces que solo con arrimarle a mi cuerpo se vuelve a dormir.

No sabes muy bien que sucede y pareces ser la única porque, desde que se te ha ocurrido mencionar las dificultades para dormir, todo el mundo te da consejos.
Tu suegra dice que el bebé te está tomando el pelo. Tu madre te explica que le estás malcriando y que como sigas así se va a convertir en un tirano. Tus compañeros de trabajo, al verte aparecer por la mañana ojerosa, te dicen que es porque quieres, que ya es hora que el pequeño se independice y tú vuelvas a ser la de siempre. Tus vecinas te aconsejan que le dejes llorar, que cuanto antes pases el mal trago mejor, y que además son solo unos días y va a ser mejor para el bebé. La pediatra te ha comentado que es importante que el bebé adquiera cuanto antes hábitos de sueño al tiempo que anotaba algo en la ficha sacudiendo la cabeza con desaprobación. Tu hermana te pregunta insistentemente cuando va a estrenar la cuna que os regaló. Tu compañero no te dice nada, pero te mira con impaciencia y de vez en cuando deja caer que el pequeño ya no es tan pequeño, y tu sabes que tiene ganas de tenerte un rato para él solo y tienes miedo de que se enfade. 

Y tú, además de agotada, te sietes desbordada e incapaz, porque parece que eres la única que no sabes cuidar de tu hijo. No sabes que hacer. Te han regalado un libro para enseñar a dormir a los niños y lo has mirado por encima y se te ha revuelto el estómago. No te ves con corazón de dejar a tu hijo solo en una habitación llorando hasta que se duerma, pero parece que es lo que hace todo el mundo, así que no será tan malo. Además está escrito por un pediatra afamado, un tal Estivill, y parece que sabe de lo que habla. Y por otra parte es tan tentador recuperar la noche para ti…

Una manita te saca de las ensoñaciones. Tu  hijo reclama tu presencia con balbuceos que solo tú entiendes. Te coge de la mano y te lleva al cuarto a jugar. Se ríe a carcajadas mientras tira los cubos que tú apilas para él una y otra vez. Para él, por el placer de oír su risa.  Y sabes que esa risa bien vale horas de tu sueño, que esa mirada curiosa y confiada bien vale despertares a media noche, que esas manitas agarrándote de las faldas se merecen tu amor incondicional.

Y te sientes un poco mejor. Cansada pero vital. Porque sabes que en el fondo te da igual lo que te digan los demás, porque te importan un carajo las teorías de las vecinas y los métodos de renombrados pediatras, porque tu conoces a tu hijo y sí sabes lo que el necesita y lo que tu necesitas, aunque con tanto ruido de fondo a veces pierdas el rumbo. Y sabes que las noches de despertares frecuentes pasarán, como han pasado tantas otras etapas desde que llego a tu vida. Y lo que sí que quedará es el amor sin horarios ni condiciones y la enorme pasión que sientes por ese pequeño ser humano que te llama mamá.

Hoy, 29 de junio, Día Mundial del Sueño Feliz, quiero dedicar este post a todas las madres y los padres que hemos elegido velar el sueño de sus hijos. Porque no es fácil ir a contra corriente. No es fácil dar voz a una opción de vida y de crianza que no es la mayoritaria en esta sociedad, decir en alto lo que pensamos y sentimos, de forma clara e intentando no ofender a nadie. Respetando las opciones de cada familia y, sobre todo y ante todo, respetando a los niños.
Los niños dependen completamente de nosotros, de nuestra madurez para cuestionarnos a nosotros mismos y revisar continuamente nuestras creencias y comportamientos, de nuestra capacidad para informarnos sobre su proceso evolutivo y crear para ellos entornos preparados y saludables, de nuestro amor incondicional para arriesgarnos a soñar y crear una sociedad libre de violencia evidente y encubierta.

viernes, 22 de junio de 2012

29 de junio, Día Mundial del Sueño Feliz!


La blogosfera maternal y paternal ha creado una iniciativa para que todos compartamos nuestras experiencias de sueño feliz con nuestros hijos.

Se ha creado un grupo en Facebook, llamado Día Mundial del Sueño Feliz, y también un evento ,donde se explica cuál es la iniciativa.

Se trata de realizar una acción de choque el próximo 29 de junio en las redes sociales.

Queremos que el hashtag #desmontandoaEstivill se convierta en trend topic en Twitter y que blogs, páginas y perfiles de Facebook se llenen de mensajes a favor del Sueño Feliz.

Para ello, las acciones son las siguientes: 


-Si eres bloguera o bloguero, anuncia ya este evento en tu blog. Especifica que el hashtag #desmontandoaEstivill solo hay que usarlo el día 29 en Twitter. Haz un post ahora anunciándolo y publica otro post el 29 contando tu experiencia de sueño feliz. 

-El día 29 (y nunca antes) comparte todos los artículos, citas, testimonios que quieras sobre sueño feliz acompañando a tu hijo, a través de tu perfil o tu página de Facebook, y a través de Twitter. 

-El día 29 (y nunca antes) tuitea y retuitea todas las razones que tienes para acompañar a tu hijo a dormir, todos los argumentos científicos que encuentres, todas las ideas que quieras, bajo el hashtag #desmontandoaEstivill. 

Si quieres material para sacar tus ideas y para compartir, aquí tienes unos cuantos artículos muy útiles: 

Desmontando a Estivill, por psiquiatra Ibone Olza
"La criatura que duerme sola es una novedad histórica"
, por antropólogo James McKenna
Firmada por varios médicos, pedagogos y profesionales: Declaración sobre el llanto de los bebés
El método Estivill: el último eslabón de una larga cadena de doctrinas hostiles a la infancia, por psicoterapeuta Juan Campos
Estivill delira..., por Tenemos Tetas
Terapia para el Sr. Estivill,  de Mente Libre
Hay que vencer al miedo , de Ser Mamás
Pediatría con sentido común...  de Para el bebé
Sobre el "sentido común" de algunos de nuestros pediatras , de Reeducando a mamá
Mi carta al señor Estivill, el señor que vende malos sueños,  de Mimos y Teta
El 80% de los niños duerme en compañía , de Bebés y Más.
Artículos sobre sueño infantil y colecho, en Crianza Natural
Sobre el colecho , en El Arte de Criar
El sueño infantil, mitos y realidades , en Dormir sin llorar.
Por qué los niños se despiertan por la noche , de Carlos Glez, en Holistika
El método Maridill, por Dra. Pastelina


jueves, 21 de junio de 2012

¿perdedores? (reeditado)


Te invito a ver este corto, o más propiamente a vivenciarlo. A volver a tu infancia durante un par de minutos y recordar.
A mirarlo con los ojos de la niña que fuiste: esa que insultó, golpeó y humilló a otros, esa que era el blanco de las burlas o el saco de los golpes, esa que se volvió invisible para no convertirse ella misma en la paria de clase, esa que consentía pasivamente las injusticias, esa que se atrevió a denunciar la violencia y solo obtuvo incredulidad y  descrédito. Esa niña…

Esa niña, fuera la que fuera, fue también una niña maltratada. Desamparada por los padres, los maestros y los adultos que consintieron, minimizaron incluso alentaron, estas situaciones de violencia física y psicológica.
Es difícil y doloroso asumir el mal trato sufrido por parte de los que debían protegernos. Tanto que, por no enfrentar ese miedo, esa impotencia, ese dolor lo negamos, lo disculpamos, lo olvidamos. Y dramáticamente al no reconocerlo y nombrarlo, lo reproducimos en nuestro entorno.
¡son cosas de niños! ¡no es para tanto! ¡a mi no me pasa!... ¿segura? No me creas, compruébalo por ti misma. No tienes nada que perder y mucho que ganar.
Da un vistazo a tu alrededor: en tu oficina, en tu portal, en tu gimnasio, en tu cuadrilla, ¡en tu familia! Contempla estos escenarios habituales con los ojos de esa niña. 
Busca a los “perdedores” (y a los “ganadores”), que aún disfrazados de adultos, no son otros que los mismos niños heridos, victimas de esa violencia visible e invisible que impregna nuestra sociedad y de la que todos, en mayor o menor medida, somos participes. 


Reedito el post para agregar un video publicado hoy por Zulema  en Futura Mamá  y que considero que aporta la voz que falta en “losers”, la del maltratado.




Un chico aparentemente feliz, aparentemente de clase media, educado, sensible, atractivo, adaptado, sano… Un chico de catorce años que desesperadamente expresa que, en varias ocasiones, ha pensado en el suicidio como opción para combatir el terror que sufre en el colegio desde los 8 años.
No puedo evitar preguntarme ¿dónde están los padres de ese chico? ¿Y los padres de los otros chicos que le acosan? ¿Dónde están los profesores? ¿Y los médicos? ¿Dónde están los adultos que deben protegerle? Lleva automutilándose desde los 9 años ¡desde los 9 años! ¿Nadie ha visto nada?
Aparentemente, no hay golpes, no hay pobreza, no hay marginación, no hay racismo. A simple vista no se observan todas esas causas y explicaciones sobre el maltrato infantil con las que tranquilizamos nuestra conciencia pensando que son cosas que les suceden a otros.
Esa es la violencia silenciosa y pegajosa de la que todos somos cómplices. Me parece importante reflexionar sobre ella y responsabilizarnos de la parte que nos toca.

sábado, 9 de junio de 2012

capacidad de percepción



En uno de los espacios familiares a los que vamos, hay un niño (N) cuyos padres (P y M) son sordos.
El otro día mientras jugábamos se cayó un pizarrón en el aula. Varios de los niños se asustaron con el estruendo y comenzaron a llorar.
P en esos momentos estaba de espaldas al pizarrón, jugando tranquilamente con N, por lo que no se percató de lo que estaba pasando, tan solo vio como N comenzaba a llorar desconsoladamente. Le miró atentamente para asegurarse que no se había hecho daño con ningún juguete, y le cogió perplejo en su regazo.
De repente miró alrededor y vio que había más niños llorando, por lo que imagino que ya empezó a entender que algo había pasado en el grupo, aunque seguió sin saber el motivo del revuelo hasta que una facilitadora se le acercó y le explicó la situación.
P suspiró aliviado y siguió consolando a N, esta vez sabiendo el porqué de su disgusto.

Nunca había visto de forma tan gráfica como nuestra (in)capacidad de percepción nos limita a la hora de relacionarnos con nuestro entorno en general y con los niños en particular, como nuestras particularidades nos permiten observar tan solo una parte de la situación.
Las reacciones de los niños siempre tienen un motivo, aunque muchas veces nosotros no seamos capaces de entenderlo. El desvalorizar sus sentimientos por el simple hecho de que sean niños, denota por nuestra parte una gran falta de empatía y respeto hacia otro ser humano que solo puede generar falta de confianza, miedo y frustración.