martes, 10 de enero de 2012

amor y odio

En mi ciudad natal vivían una mujer y su hija, que caminaban dormidas.
Una noche, mientras el silencio envolvía al mundo, la mujer y su hija caminaron dormidas hasta que se reunieron en el jardín envuelto en un velo de niebla.
Y la madre habló primero:
- ¡Al fin! -dijo-. ¡Al fin puedo decírtelo, mi enemiga! ¡A ti, que destrozaste mi juventud, y que has vivido edificando tu vida en las ruinas de la mía! ¡Tengo deseos de matarte!
Luego, la hija habló, en estos términos:
- ¡Oh mujer odiosa, egoísta y vieja! ¡Te interpones entre mi libérrimo ego y yo! ¡Quisieras que mi vida fuera un eco de tu propia vida marchita! ¡Desearía que estuvieras muerta!
En aquel instante cantó el gallo, y ambas mujeres despertaron.
-¿Eres tú, tesoro? -dijo la madre amablemente.
-Sí; soy yo, madre querida -respondió la hija con la misma amabilidad.

“Las sonámbulas” Khalil Gibran

El otro día me encontré con este texto y me quede pasmada. 
¿Cómo te has sentido al leerlo? A mi me pareció duro, incómodo… y real como la vida misma.
Quizá en primera instancia pueda surgir ¡Es una exageración! ¡Qué “mala madre”! ¡Eso no me va a pasar a mí!...
Ojalá que no aunque puede que sí.
Creo que casi todas, si no en las propias carnes, conocemos a un amigo de un amigo de un amigo que hace años que no se habla con sus padres, o que cuando se reúne con ellos acaban desencontrándose un poco más.
Miro a mi hijo, que está ahora durmiendo pacíficamente, y me pregunto ¿será posible que un día llegue a odiar a este ser que ahora amo con locura? ¿Qué el me odie a mi?...
Aunque me gustaría afirmar rotundamente que no, honestamente no puedo hacerlo ¡Seguro que la madre de la fábula no se imaginaba a si misma odiando a su hija! ¡Seguro que la hija no deseaba odiar a la madre!

¿Qué nos sucede como mujeres y madres para dar lugar a esa envenenada alquimia?
Me he acordado de “La trampa de la crianza con apego” que escribió Raquel Tasa hace unos días y me parece que ahí está la clave del comienzo de esta transformación de miel en hiel.

Cuando hablamos de la maternidad parece que tengamos que hacerlo en rosa. Y sí, la maternidad se pinta en rosa, y también en verde, y rojo, y azul y amarillo… y en negro, porque todas sabemos que hay momentos muy, muy negros.
Si no nos atrevemos a vivir esos días negros, o si lo hacemos en silencio temerosas de lo que dirán, o  culpables por sentir enfado, rabia, desamparo, incomprensión, miedo, tristeza, desesperación, impotencia, soledad… estamos un paso más cerca de acabar sonámbulas, soñando un azucarado día mientras vivimos un presente emponzoñado.

A veces podemos caer en la trampa de no reconocer, ni ante nosotras mismas este malestar. Pensando que al no decirlo en voz alta desaparecerá, que no sentiremos más esas “emociones inadecuadas”, que no pensaremos esas “cosas inapropiadas”, que desaparecerá ese anhelo profundo de realizarnos en aspectos que no tienen que ver en exclusiva con nuestro hijo.
Craso error. Al fin y al cabo cuando la amargura está ahí, la expresemos o no en alta voz, la comunicamos de mil maneras con todo nuestro cuerpo a nuestros hijos y todos los que nos rodean.
Con el agravante que además estamos enseñando a nuestros hijos que expresar sus sentimientos y perseguir sus deseos no es apropiado ni legítimo y obligándoles a entrar en el juego de “hijos modelos”.

Todas tenemos una “madre perfecta”. Un ideal construido con retazos de nuestra madre real, de la madre que nos hubiera gustado haber tenido, de la madre que nos han contado que deberíamos ser…
Y es justamente eso, un ideal, a veces tan alejado de la realidad que es imposible alcanzar.
Si permitimos que esa madre ideal (impecablemente amorosa, disponible, protectora, que nunca se enfada, ni duda…) devore a la madre real que somos (que por cierto ya es absolutamente perfecta en su imperfección) comenzaremos a atragantarnos.

Igualmente, aunque no seamos conscientes de ello todas tenemos un hijo ideal, ese bebé que nos hubiera gustado ser, con cualidades que nos agradan de nosotras mismas y todas las otras que añoramos, quizá un bebé que suscite el amor y la aprobación que nosotras no tuvimos por parte de nuestra familia…

Y me imagino que, al igual que nos sucedió buen día cuando éramos niñas y caímos en la cuenta que nuestros padres no eran tan altos, tan listos, tan fuertes, tan guapos, tan infalibles como habíamos estado creyendo, llegará también el dia, según nuestros hijos van creciendo y se van diferenciando de nosotros, en el que comenzaremos a sentir las diferencias entre ese hijo ideal y el ser real que verdaderamente es nuestro hijo.
Y puede que ahí se rompa el enamoramiento rosa.

Sin embargo, quiero creer que si nos despojamos de idealismos y nos vestimos de carne y hueso, si nos atrevemos a zambullirnos no solo en aguas mansas sino también en corrientes turbulentas, probablemente consigamos encontrar en nosotras ese amor ese que nos abarca en la totalidad, con todo nuestro espléndido repertorio de luces y sombras, ese amor “en lo bueno y en lo malo”, ese amor sin condiciones.

33 comentarios:

  1. Chica que profundo para empezar el agno! Jejeje! No, en serio, me ha gustado mucho :-) a veces si que pienso en los agnos que vendrán cuando inevitablemente mis hijos se desencantaran de mi e incluso me odiaran por momentos... Esperemos que todo el esfuerzo y amor que les estamos dedicando dará sus frutos en esos momentos. En todo caso yo no puedo odiarles porque ellos nunca me han pedido nada, ni estar aquí, ni ser de tal o cual manera, ellos me quieren tal y como soy, y yo les quiero tal y como son!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ja,ja,ja… a mi en lugar de zapatillas los Reyes me han traido libros sesudamente profundos (¡dios nos pille confesados!)
      Seguro que nos llegan épocas en las que nuestros hijos se desencantan de nosotras ¡tod@s hemos sido adolescentes! Me quedo “nunca me han pedido nada”
      Abrazos tal y como somos ;-)

      Eliminar
  2. Me ha encantado Magia.
    ¿Qué he sentido cuando he leído el primer párrafo? Un escalofrío.
    Yo siempre digo que somos perfectas en nuestra imperfección y que reconociendo esto vamos por buen camino.
    Creo que siendo sinceras con nuestros sentimientos y los de nuestros hijos, y siempre desde el respeto (no me cansaré de decirlo) tendremos una relación sana padres e hijos, la cual no tiene por qué ser toda la vida la misma.
    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carol,
      Yo también me estremecí. Estoy contigo en que la Sinceridad y el Respeto son claves (si me tatuara una palabra para no olvidarla creo que seria Respeto)
      Me gusta tu apunte sobre los cambios de relación durante la vida.
      Abrazos re-conociendo

      Eliminar
  3. Hola MaGia!
    Me he hecho y me hago esta reflexión muchas veces... ¿y si todo lo que estoy dando se transforma? ¿y si alguna vez traiciono la confianza de mi hija?
    Estoy aprendiendo a convivir con ello, por eso creo que considerándome imperfecta y tomando conciencia de mis limitaciones, es como lo estoy haciendo mejor para Nur y para mí misma...
    Es cuando no tomamos conciencia de nuestra sombra cuando ésta se alarga y nos afecta inconscientemente... y a nuestros hijos, sobre todo a ellos...
    Gran reflexión,
    Un abrazo preciosa!!

    Noraya
    "El Rumor de las Libélulas"

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Noraya,
      Ostras, me ha tocado lo de traicionar la confianza (¡es tan fácil meter la pata sin enterarnos!)… me quedo con este pensamiento
      Abrazos poniendo luz en la alargada sombra

      Eliminar
  4. Me ha encantado tu reflexión! Yo también creo que el primer paso es ser fiel a nosotras mismas, encarar nuestros sentimientos, liberarlos y dejarlos salir, ya sean buenos o malos. Teniendo conciencia de nuestras propias limitaciones potenciamos nuestras virtudes. Saber hasta dónde podemos llegar nos permite librarnos de una gran carga y aprovechar la energía en desarrollar nuestras virtudes. Creo que ahí está la clave, en ser sinceras con nosotras mismas. Esa sinceridad de transmite de forma silenciosa a lo largo del tiempo y hará que nuestros hijos reconozcan sus propios sentimientos sin limitaciones!! Realmente ésta entrada da para mucho MAGIA!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Derya,
      al leerte me ha venido la imagen de una dinamo que produce energía trasmutando las limitaciones en aceptación y potencia ;-)
      Abrazos a través del silencioso tiempo

      Eliminar
  5. Fui educada en la "imperfección" y en ella educo. De esta manera he podido ver lo perfecto y lo imperfecto con objetividad y naturalidad. Estoy firmemente convencida de que gracias a ello soy feliz... Un Saludo ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yaneth,
      ¡Cuánto me alegro por ti! Yo fui educada en la “perfección” y es para empezar agotador y doloroso. Ahora está de mi mano aceptar de corazón la imperfección y vivirla con naturalidad.
      Abrazos esperanzados ;-)

      Eliminar
  6. Yo pienso que casi todas las madres, por el simple hecho de ser madres, son perfectas. Llevar un embarazo con cuidado, pasar por los dolores de traer un hijo al mundo, amarle desde el minuto cero, alimentarle de tí, criarle... Todo ello hace que una madre sea siempre perfecta porque cada una lo hace como puede y como considera que es mejor.

    Antes de tener a mi hijo era de las que "sacaba punta" a la educación y forma de criarme que habían tenido mis padres, pero ahora que soy madre me doy cuenta de lo complejo que es ser madre y me moriría de la pena si el día de mañana mi hijo pudiera llegar a echarme en cara algún aspecto de su crianza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Silvia,
      sin duda el ser madre me ha hecho entender mejor a mi madre. (y eso que de ser madre de 1 a madre de 3 tiene que haber un abismo de dedicación que no alcanzo a imaginar)
      A mi me gustaría ser capaz de construir con mi hijo una relación en la que tengamos la suficiente confianza para que un día me cuente su versión de la historia de su crianza tal y como el la sintió, con nuestros encuentros y también con los desencuentros.
      Abrazos “como podemos” ;-)

      Eliminar
  7. hola Magia. Me encanto tu post!
    cuando lei el texto senti impotencia. Si. Eso.
    Creo que muchas de las relaciones sociales se basan en esa farsa.
    COn mi compañero intentamos ser francos y poner en palabras lo que nos pasa. A todos a veces nos atormenta algun fantasma y tenemos diaa malos. Otras veces estamos cansados. Estoy convencida de que esto se siente y creo que lo mejor es decirle, alcarale al cachorro como me siento para que el pueda separar lo que a mi me pasa ese dia de lo que siento por el. No se si funcionara. Ahora madre creo que es natural que en algun momento nos enfrentemos y opongamos a nuestros padres. Pero es cierto que de ahi a no verlos mas hay un trecho. Ojala no me pase, sentiria que hice las cosas mal. Sin embargo, en algun punto mi cachorro no es mio, es otro ser que puede hacer y pensar muy diferente a los que yo alguna vez pude querer que hiciera o pensara. Y, en ese caso, tendre que respetarlo.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ceci,
      ¡Ale, no había trasladado el texto a otras relaciones!... falsedad generalizada!
      Me apunto lo que dices de informar y separar como me siento un día y lo que siento por el (y para el resto de relaciones)
      Y sobre todo me quedo con la aceptación de que nuestros hijos no son nuestros, no están aquí para vivir la vida que nosotros queremos para ellos sino la que ellos elijan y… ¡es fácil decirlo, ya veré si es tan fácil hacerlo ;-O
      Abrazos con potencia

      Eliminar
  8. MaGIA, he leido el post esta mañana y llevo todo el dia dandole vueltas porque me llega en un momento revuelto en el que las relaciones con mi madre, mi hermana e incluso con mi hija se están moviendo. Creo que estoy en plena crisis de maternidad hacia adelante y hacia atrás. El texto es impresionante, lo había leído.. así empieza el libro que te estás leyendo ahora ;) y para mí, aparte de escalofriante también fué esclarecedor. Como esclarecedora es tu frase "Si permitimos que esa madre ideal devore a la madre real que somos comenzaremos a atragantarnos." Me pregunto si estaré empezando a atrangantarme. Vamos! que este post me ha venido al pelo!

    Besos esclarecedores!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carol,
      glubs, me has pillado! el texto es el inicio de “tu hijo, tu espejo”. Para las que no lo habéis leído solo puedo decir que el resto del libro está en consonancia con el prólogo. No deja mucho espacio para esconderse. ¡Aunque a veces me daban ganas de taparme la cabeza con una manta y desaparecer! Después de leerlo entendí la segunda parte del titulo “para padres valiente”
      Que bueno que te haya servido.
      Abrazos “más allá del bien y del mal”

      Eliminar
  9. Me ha hecho reflexionar mucho tu post.
    Es muy duro el texto inicial, no sé qué pensar, quisiera que eso nunca nos pasara a nosotras...
    El enamoramiento rosa del que hablas está muy bien pero lo ideal es el amor profundo y reflexivo en el que respetamos y queremos al otro tal y como es.
    Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María,
      A veces comparo el amor de madre con el amor romántico. Al principio vives en una nube rosa entre fuegos artificiales, todo es divino, nuevo, intenso, ideal… y con el tiempo todo se aquieta, se calma, se integra… y aparece ese amor quizá menos vistoso, pero que caldea de dentro a fuera.
      Abrazos profundos

      Eliminar
  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  12. Creo que no hay que llegar al extremo de odiar a los padres o a los hijos, aunque a veces pase. Mas bien, me temo que las personas somos inestables. hoy estamos contentísimas y mañana llorando por las esquinas. Yo a mis hijos los quiero siempre, aunque a veces me enfade con ellos o les diga que no me dejan vivir. Al rato les digo que no puedo vivir sin ellos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Madre desesperada,
      Estoy contigo en que lo ideal es vivir en el amor. Lamentablemente conozco a much@s m(p)dres e hij@s que como en la fábula aparentemente se adoran y en el fondo se aborrecen (o quizá es a la inversa!).
      Estoy contigo en que yo a mi hijo le amo, aunque a ratos en lugar de comermelo a besos me lo comería con patatas
      Abrazos vida

      Eliminar
  13. Buff... me he quedado con el corazón un poquito encogido al leerlo...

    yo creo que nuestros hijos reflejarán aquello que seamos... si mostramos amor... ellos reflejarán amor (a nosotros y al mundo) si mostramos odio...ellos reflejarán odio

    depende de donde se encuentre la balanza en nuestro interior... La vida de nuestros hijos será como un espejo de nuestra vida
    http://rojotransitorio.com/2011/12/07/la-vida-es-como-un-espejo/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Xavier,
      ¡esa era justo la esencia que intentaba plasmar! un reflejo de nuestro interior (más alla de las apariencias), de nuestra propia vida.
      Abrazos espejados!
      Pdta: efectivamente, Gandhi siempre pacifica :-)

      Eliminar
  14. Buen día señoras madres ;-)
    Gracias por vuestros comentarios, todos me han aportado nuevas miradas para para ver el texto desde diferentes perspectivas.

    Pdta: Aprovecho el inesperado regalo de hoy de blogger para comentaros al estilo wordpress. LA verdad es que me ha gustado el cambio ;-)

    ResponderEliminar
  15. Anónimo13/1/12

    Ostras, has puestos palabras a los sentimientos que he estado teniendo en los ultimos meses... sobretodo cuando dices que la maternidad tambien es de color azul, verde, roja... ademas de rosa. El no poder expresar esas emociones ni sentimientos hace que te sientas muy sola y aislada. Tengo un bebe muy demandante (resumiendo todo el dia brazos) y aunque estoy super feliz de que sea asi y de darle todo el amor del mundo a veces estoy agotada, la mejor manera de no convertirlo en un sentimiento negativo hacia él es poderlo expresar sin sentirnos juzgadas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Anonim@
      Para mí ha sido importante rodearme de un grupo de madres de confianza con las que poder hablar con sinceridad, preguntar dudas, compartir sin juzgar, apoyarme en los días negros y compartir los coloridos.
      Hablar con ellas me ayuda a entenderme mejor y poder estar más relajada con nené.
      Abrazos arcoíris

      Eliminar
  16. Hola Magia!!! Hace mucho que no tenia tiempo para leer mis blogs favoritos. Y hoy he podido sentarme a hacerlo. Qué entrada! Bueno, con respecto al texto... creéme que puede acercarse a algo real. En mi caso, me he distanciado definitivamente de mi padre desde hace más de un año (justamente cuando decidí ser madre). Si, me he preguntado cómo es que un lazo como la mater/paternidad puede disolverse a través de los años, y en mi propia experiencia como hija he visto que esto es posible. Si, me ha dado miedo que esto pueda suceder el día de mañana con mi hijo, así como yo lo ignoro en este presente, también lo habrá ignorado en su momento mi padre. Pero hay un pensamiento que me reconforta y es saber que aquello que duele es el desamor, no los errores, los errores son intentos de hacer lo mejor que uno puede con lo que tiene. Y así me muestro ante mi hijo, con errores y falencias, con mis días grises y también negros, pero asegurándome que sepa siempre que no se trata de desamor, no se si este será el camino para que el día de mañana nos encontremos en sintonía, pero sí se que son los pasos con los que me siento más segura, esta es mi manera de buscar conseguir que lo nos tengamos que decir sea siempre despiertos... nunca dormidos, nunca sonámbulos.

    Besos muchos!
    Flor

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Flor,
      Gracias por visitarme cuando tienes un ratito, ya sé lo que es eso de estar escasa de tiempo por lo que siempre me hacen ilusión vuestros comentarios.
      Gracias amiga por compartir conmigo una historia tan personal. Me he sentido muy honrada ante tu sinceridad.
      Creo que todas las relaciones van pasando por diferentes etapas y a pesar de las dificultades con amor y comunicación todo se supera. Al fin y al cabo el amor y el odio son las dos caras de la misma moneda. El contrario al amor es la indiferencia, y eso en temas familiares…
      Yo sigo un camino parecido al que cuentas: mostrarme tal cual soy en cada momento y hacerle saber que aunque pueda no gustarme algo de lo que el hace a él le quiero sin condiciones.
      Abrazos despiertos

      Eliminar
  17. Me he pasado a leerte gracias a Carol, de ojos de madre. Fantástico el post. Remueve.
    Bueno, yo creo que di el paso hace unos años....y sé que estoy criando a mis hijos desde la imperfección. Hay días que me entran ganas de regalarlos (ya me entendeis, es un decir), y evidentemente hay días en que yo no soy su persona favorita. Los dias que las cosas van mal ellos saben que los sigo queriendo a pesar de todo. Los dias que mi hijo mayor me tiene en la lista negra, yo sé que no es nada personal. :-)
    Pero prefiero esto al puro teatro o a intentar hacer de mis hijos lo que yo quiero que sean y negarme a verlos como son en realidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Porfinyomisma,
      ¡claro que te entiendo! El otro día en el super hubiera cambiado a nené por un tomate! Su padre se reía “¡un tomate, pide algo más!” noooo… un tomate y un rato para sentarme a comerlo en silencio y tranquilidad ;-)
      Yo también mostrar lo que hay antes de hacer teatro, es más sencillo y mucho más descansado. Me ha gustado lo de la lista negra; no me había parado a pensarlo… ¡seguro que hay días que ellos también necesitan un descanso de madre!
      Abrazos bienvenida

      Eliminar
  18. Me encanta como nos haces reflexionar siempre, je, je... Yo siempre me he exigido mucho a mi misma y he tenido muchas épocas de dudas y contradicciones, pero desde que soy madre y conseguí asumir que no existe la madre perfecta, que nadie tiene la receta mágica, ni hay gurús en estos de la crianza y que lo único que me importa es ver crecer feliz a mi pequeño, estoy más relajada y feliz. Y en cuanto al futuro... prefiero vivir el presente; y al leer el texto que nos reproduces hoy, también me estremecí, pero pensé, yo sigo amando a mi madre con toda mi alma, quien dice que no me sentiré igual de amada por mi hijo en un futuro...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mousikh,
      ¡Qué bien me sienta tu optimismo! Al final todas estas reflexiones no son más que la manera que he encontrado para contarme a mi misma lo que voy descubriendo, lo realmente importante, sesudos pensamientos aparte es como dices estar relajada y feliz con mi familia.
      Oir necesitaba oir esta frase tuya “Y en cuanto al futuro... prefiero vivir el presente” me quedo con una sonrisa y una sensación de esperanza y fluidez.
      Abrazos amor del alma

      Eliminar

tu opinión me enriquece
¡convierte mi monólogo en nuestro diálogo!