Estás
cansada. Llevas semanas sin dormir más de tres horas seguidas. Nadie te había
dicho que al convertirte en madre no ibas a descansar en condiciones durante
tanto tiempo. O sí te lo habían dicho, pero pensaste que eran exageraciones. Ya
no te acuerdas. Últimamente no puedes pensar con claridad. ¿Será el cansancio? Sí,
contabas con tener todos los días ocupados, pero ¿¡también las noches!? En eso no habías
caído y se te está haciendo muy, muy duro.
Y
parece que eres la única. Todas las mamas del parque cuentan lo bien que
duermen sus niños desde que nacieron ¡de un tirón, oye! A las 8 de la noche los
ponen en su cuna y hasta las 8 de la mañana no se despiertan. Y tú por un
momento sueñas en cómo sería tu vida si tuvieras 12 horas libres al día. ¡Te
dan ganas de llorar solo de imaginártelo!
Y
te sientes rara, rara, rara. ¿Lo estaré
haciendo bien? ¿Y porque mi hijo no se duerme como los otros? ¿Le estaré
malacostumbrando? ¿Por qué quiere quedarse dormido tan solo en mi regazo? ¿Y
por qué se despierta cada 3 horas? ¿Tendrá hambre? ¿No tendré suficiente leche?
No, no parece que sea hambre, porque hay veces que solo con arrimarle a mi
cuerpo se vuelve a dormir.
No
sabes muy bien que sucede y pareces ser la única porque, desde que se te ha
ocurrido mencionar las dificultades para dormir, todo el mundo te da consejos.
Tu
suegra dice que el bebé te está tomando el pelo. Tu madre te explica que le estás
malcriando y que como sigas así se va a convertir en un tirano. Tus compañeros
de trabajo, al verte aparecer por la mañana ojerosa, te dicen que es porque
quieres, que ya es hora que el pequeño se independice y tú vuelvas a ser la de
siempre. Tus vecinas te aconsejan que le dejes llorar, que cuanto antes pases el
mal trago mejor, y que además son solo unos días y va a ser mejor para el bebé.
La pediatra te ha comentado que es importante que el bebé adquiera cuanto antes
hábitos de sueño al tiempo que anotaba algo en la ficha sacudiendo la cabeza
con desaprobación. Tu hermana te pregunta insistentemente cuando va a estrenar
la cuna que os regaló. Tu compañero no te dice nada, pero te mira con impaciencia
y de vez en cuando deja caer que el pequeño ya no es tan pequeño, y tu sabes
que tiene ganas de tenerte un rato para él solo y tienes miedo de que se enfade.
Y
tú, además de agotada, te sietes desbordada e incapaz, porque parece que eres
la única que no sabes cuidar de tu hijo. No sabes que hacer. Te han regalado un
libro para enseñar a dormir a los niños y lo has mirado por encima y se te ha
revuelto el estómago. No te ves con corazón de dejar a tu hijo solo en una
habitación llorando hasta que se duerma, pero parece que es lo que hace todo el
mundo, así que no será tan malo. Además está escrito por un pediatra afamado, un tal Estivill, y parece que sabe de lo que habla. Y por otra parte es tan tentador recuperar la
noche para ti…
Una
manita te saca de las ensoñaciones. Tu
hijo reclama tu presencia con balbuceos que solo tú entiendes. Te coge
de la mano y te lleva al cuarto a jugar. Se ríe a carcajadas mientras tira los
cubos que tú apilas para él una y otra vez. Para él, por el placer de oír su
risa. Y sabes que esa risa bien vale
horas de tu sueño, que esa mirada curiosa y confiada bien vale despertares a
media noche, que esas manitas agarrándote de las faldas se merecen tu amor
incondicional.
Y
te sientes un poco mejor. Cansada pero vital. Porque sabes que en el fondo te da
igual lo que te digan los demás, porque te importan un carajo las teorías de
las vecinas y los métodos de renombrados pediatras, porque tu conoces a tu hijo
y sí sabes lo que el necesita y lo que tu necesitas, aunque con tanto ruido de
fondo a veces pierdas el rumbo. Y sabes que las noches de despertares
frecuentes pasarán, como han pasado tantas otras etapas desde que llego a tu
vida. Y lo que sí que quedará es el amor sin horarios ni condiciones y la
enorme pasión que sientes por ese pequeño ser humano que te llama mamá.
Hoy,
29 de junio, Día Mundial del Sueño Feliz, quiero dedicar este post a todas las
madres y los padres que hemos elegido velar el sueño de sus hijos. Porque no es
fácil ir a contra corriente. No es fácil dar voz a una opción de vida y de
crianza que no es la mayoritaria en esta sociedad, decir en alto lo que
pensamos y sentimos, de forma clara e intentando no ofender a nadie. Respetando
las opciones de cada familia y, sobre todo y ante todo, respetando a los niños.
Los
niños dependen completamente de nosotros, de nuestra madurez para cuestionarnos
a nosotros mismos y revisar continuamente nuestras creencias y comportamientos,
de nuestra capacidad para informarnos sobre su proceso evolutivo y crear para
ellos entornos preparados y saludables, de nuestro amor incondicional para
arriesgarnos a soñar y crear una sociedad libre de violencia evidente y
encubierta.


Pues si, es duro ir contra corriente, pero como tú ha dicho cualquier cosa vale la pena porque nuestros peques sean felices.
ResponderEliminarTe he dejado un reto en mi blog:
http://tresamoresyunmillondeaficiones.blogspot.com.es/2012/06/la-frase-de-tu-vida.html
Besos.
Buf. Casi has clavado lo que pasé con mi primer hijo. Que agonía. El único que me apoyó fue mi marido. Con el segundo digo "gracias por el consejo" y luego hago lo que me da la gana. ¡Y los dos son niños sonrientes, cariñosos y buenos!
ResponderEliminarYo soy otra madre "rara", me pasa igual que a tí, mi niño solo ha dormido del tirón una vez, siete horas seguidas, en 18 meses. Es cansado, pero compensa. Me ha encantado el post, además lo has escrito precioso :)
ResponderEliminarA mi es el mejor consejo que me dieron y el unico que doy: haz las cosas como te dicte tu instinto, como te salga del corazón
ResponderEliminarMe gusta mucho tu blog