sábado, 9 de junio de 2012

capacidad de percepción



En uno de los espacios familiares a los que vamos, hay un niño (N) cuyos padres (P y M) son sordos.
El otro día mientras jugábamos se cayó un pizarrón en el aula. Varios de los niños se asustaron con el estruendo y comenzaron a llorar.
P en esos momentos estaba de espaldas al pizarrón, jugando tranquilamente con N, por lo que no se percató de lo que estaba pasando, tan solo vio como N comenzaba a llorar desconsoladamente. Le miró atentamente para asegurarse que no se había hecho daño con ningún juguete, y le cogió perplejo en su regazo.
De repente miró alrededor y vio que había más niños llorando, por lo que imagino que ya empezó a entender que algo había pasado en el grupo, aunque seguió sin saber el motivo del revuelo hasta que una facilitadora se le acercó y le explicó la situación.
P suspiró aliviado y siguió consolando a N, esta vez sabiendo el porqué de su disgusto.

Nunca había visto de forma tan gráfica como nuestra (in)capacidad de percepción nos limita a la hora de relacionarnos con nuestro entorno en general y con los niños en particular, como nuestras particularidades nos permiten observar tan solo una parte de la situación.
Las reacciones de los niños siempre tienen un motivo, aunque muchas veces nosotros no seamos capaces de entenderlo. El desvalorizar sus sentimientos por el simple hecho de que sean niños, denota por nuestra parte una gran falta de empatía y respeto hacia otro ser humano que solo puede generar falta de confianza, miedo y frustración.

13 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo contigo! Yo a veces me siento muy frustrada por no saber qué le pasa, aunque tengo claro que si llora es por algo que quizá no he visto o no siento o...
    pero solo con sentarlo en mi regazo, abrazarlo...veo que llora todo lo que necesitaba llorar y baja para seguir jugando como si nada!

    Muy gráfica la situación que cuentas!
    Un abrazo!

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    1. A mi me pasa lo mismo Mireia, y siempre pienso que por algo será...
      Abrazotes

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  2. Lo bueno del caso que cuentas es que el papá del niño lo consoló en seguida, aún sin saber por qué el niño rompía de repente en llanto, ha demostrado una empatía muy tierna hacia su hijo.
    Está claro que siempre hay una razón válida para el llanto y las reacciones de los más pequeños, a nosotros nos corresponde descifrarlas y acompañarlos de la mejor manera que sepamos.
    Saludos!!

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    1. Para mi siempre es una gran lección observar a esta familia. Como al tener mermado el sentido del oido potencian otros sentidos que yo tengo empolvados.
      Abrazos acompañantes

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  3. No imaginas lo que me ha ayudado tu post. Trataré de tener más paciencia y empatía con Daniel.

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    1. me alegro un montón que te haya servido ;-)
      Abrazos pacientes

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  4. Genial!! una gran lección!!
    Muchas gracias guapa

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  5. Me ha gustado ese caso, porque se trata de consolar al niño aunque no sepamos lo que le ocurre. Es verdad que no saber qué le ocurre frustra un poco, si podemos averiguarlo mejor que mejor, pero sino consolemos, porque es lo que necesitan en ese momento.
    Besitos

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    1. si, al final se trata de acompañar los sentimientos, sea de niños o de adultos. ¡hay veces que ni yo misma se lo que me pasa cuando lloro! ;-)
      Abrazos consuelo

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  6. Qué bonito post, me ha encantado la comparación

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    1. Gracias Bea, para mi fue super gráfica la situación...
      abrazos aprendiendo

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  7. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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