jueves, 19 de julio de 2012

mi vida conmigo



Bajo las escaleras del metro, deseosa de llegar a casa después del trabajo. A mitad de tramo, entre el tumulto de gente apresurada, veo a una mujer cargando a pulso una sillita con un niño de un año, al tiempo que intenta convencer a otro niño de unos dos añitos, para que no se pare y la permita avanzar.
Lleva en los ojos esa mirada de desesperación e impotencia que en muchas ocasiones vestimos las madres.
Empatía de madre. Me dirijo hacia ella.
-“¿Te ayudo?” - y tiendo las manos para sujetar entre las dos el carrito.
-“No, mejor ayúdale a el a subir” me dice con una sonrisa de alivio, señalando al niño mayor.  Me agacho a la altura del niño y le ofrezco la mano
-“¿Te ayudo a subir?” “¡Noooo! ¡Quiero a mamá! ¡¡¡Quiero a mi mamá!!!” – chilla - “¡hace mucho viento!”  - me dice en voz más bajita.
-“¡Ahh, en eso yo si puedo ayudarte!” Y con una maño estiro el pañuelo floreado que llevo al cuello y hago una vela que se infla con la corriente de viento que hay en el túnel.
El niño me mira y se ríe.
-“Corre, corre, escóndete del viento” “Ánimo, ven, que cabemos los dos” - y siguiendo los movimientos del pañuelo subimos los escalones hasta llegar arriba.
-“Gracias”, me dice la madre.
-“No es nada”.
Sonrío y comienzo a bajar de nuevo.
A mitad de camino oigo la voz del niño “¡Grassiasss!”.

Cuando llego al andén me doy cuenta que estoy llorando. La mirada y la risa del niño me han tocado el alma. ¿¡¿Gracias?!?
Soy yo la que me siento enormemente agradecida por su “¡Grassiasss!”, por su confianza, por su alegría.
Infinitamente agradecida y sorprendida por esté bolsón de maga lleno de recursos que  me ha crecido de no sé donde y que ahora (casi) siempre está repleto de palabras y juegos que hace tan solo un par de años ni en sueños se me hubieran ocurrido.
Siento que la emoción me desborda y contengo las lágrimas hasta que llego a casa. Necesito intimidad para dejar aflorar todas estas sensaciones que me embargan.
Es cruzar la puerta de casa y comienzan a fluir como un torrente. Sollozo desde dentro, recorrida por un coctel de emociones que ya ni intento definir. Me siento al mismo tiempo alegre, triste, aliviada, dolorida, confusa, vibrante, lúcida, agotada, asombrada… ¡¿¡viva!?!

Lo confieso, de un tiempo a esta parte cada día me sucede algo que me conmueve, me trastoca, me refresca. Mi vida es un tiovivo de encuentros fortuitos, “coincidencias”, “causalidades”.
Se me posan las libélulas en las manos, me vienen a visitar a la cocina los colibríes, me cito a ciegas con otros blogueros y parece que nos conociéramos desde siempre, hablo con conocidos de toda la vida y me suenan extraterrestres, mi blogroll parece el oráculo y siempre me encuentro el post con las palabras que necesito escuchar  en ese momento…
Es una sensación difícil de describir, algo así como las cosquillas en la nuca, placenteras e inquietantes al mismo tiempo.

Tal vez por este acumulo sincronicidades estos días me siento extranjera en mi piel. Como si no cupiese en mi propio cuerpo. Pero no en plan de "he engordado unos kilos y no me entran los pantalones". No, es más bien una sensación que recuerdo vagamente de cuando era niña, algo así como "¡se me han quedado cortos los pantalones!"
Y ahora que lo pienso tampoco es bien, bien así, sino quizá justo lo contrario. Es como si mi alma se hubiera ensanchado y necesitara más cuerpo para albergarla. Aunque probablemente estaba ahí, tímidamente encogida, y era mi cuerpo el que había crecido a mujer dejando mi alma de niña abandonada en el camino.

Increíblemente maravilloso. Algo así como descubrir nuevas habitaciones en mi propia casa. Habitaciones que siempre han existido y que llevaban tiempo cerradas. Y de repente las puertas se van abriendo y voy descubriendo nuevos salones, tal y como los dejé de niña. Algunos aún brillantes y luminosos, otros sombríos y destartalados. Un montón de nuevos espacios que habitar. Rencuentros ineludibles.
Hay días que explorándolos encuentro arañas bajo la alfombra y salgo corriendo asustada a esconderme tras las cortinas. Otros me topo con dragones que me invitan a subirme a su lomo y volar hacia nuevos horizontes.
A veces nené se viene también conmigo en estos viajes y me ayuda a desempolvar los salones con su risa y su inocencia, con su llanto y su frescura,  desenterrando juntos los tesoros escondidos.


Ilustraciones: Michael Parkes
No sé si esta creatividad arrolladora y esta sensibilidad a flor de piel serán cosa del puerperio.
Sé que con la maternidad me estoy trasformando por completo.
Sé que cada día me siento un poco más plena y, aunque a ratos me duela crecer, cada día disfruto más de mi vida conmigo.






















8 comentarios:

  1. tu vida contigo desborda una creatividad y sensibilidad que me ha puesto la piel de gallina, la humedad en los ojos...

    gracias por ensanchar también las habitaciones de nuestras almas, por recordarnos al niño de pantalones cortos que llevamos dentro

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  2. MaGiA, he acabo de leerte con una gran sonrisa y los ojos humedos. Me has emocionado amiga!Qué cosa esta de la maternidad y los sentimientos a flor de piel.. esta nueva sensibilidad. Gracias por compartirlo! Besos!

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  3. Qué bonito post Magia!
    Me encanta esa imaginación y fantasía, yo hay veces que me sorprendo a mi misma y otras que no se me ocurre nada por más que lo intento.
    Y me encanta esa sensación de florecer, de expansión que desprendes en tus palabras.
    Abrazos creativos

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  4. Te iba imaginando, con tu pañuelo, una sonrisa, interpretando la real necesidad de ese niñito, proponiéndole una aventura, haciendo de una subida de escalones una oportunidad para reir.
    Yo creo que sí, que es el puerperio, que es la maternidad, que nos hacen vibrar, sentir, vivir!!! que nos ponen con los sentimientos a flor de piel (por cierto hoy descubro que no hay mejor lugar para ellos), que nos permite abrir habitaciones de nuestra alma, de nuestro ser, que ni sabíamos que exitían, e iluminamos rincones donde descubrimos habilidades impensadas, y sentimos la sintonía con otras almas que hablan estos mismos nuevos códigos.
    No dudo que si nos abrimos a la vida, la vida viene a nosotros... como las libélulas :)
    Besotes enormes, gracias Magia por este hermoso post!!!

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  5. ¿Qué bonito! Qué maravilloso todo lo que nos ofrece la maternidad si sabemos aprovecharlo. Me ha emocionado mucho tu post, yo también me sorprendo muchas veces creando mil cosas para ellos.
    ¡Gracias por compartirlo!
    Besos!

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  6. Yo cuando me convertí en madre me volví hiper sensible. Con decirte que he estado llorando a lágrima viva con tu post... Supongo que la maternidad te cambia desde lo más hondo.

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  7. Son tus ojos, Magia, han aprendido a ver de un modo distinto. El mundo y la vida son lo que se percibe a través de todos los sentidos, y aunque creo que nacemos con esa capacidad, vamos desconectándolos hasta ver de una forma plana y lineal y eso es lo que se supone que es la realidad de un adulto. Ver y sentir de este modo es tan abrumador que al mismo tiempo asusta y te hace inmensamente feliz. Supongo que es cuestión de buscar un equilibrio.

    Un beso.

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  8. Hola de nuevo Magia!!! Te he otorgado un premio, pásate cuando quieras por mi blog a recogerlo!!

    Un beso

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